Para bien o para mal, por distintas circunstancias, en esta vida me ha tocado algún que otro peregrinar. Ello ha conllevado el tener que despedir, recibir, conocer gente... algunas de estas personas me han concedido el privilegio de considerarse mis amigos... y muchos, aún hoy, siguen siéndolo.
Gracias por estar ahí.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

10 entradas de 2010

El Directorio Amor Maternal


"Top 10 2010 es un carnaval de blogs cuyo propósito es reunir los mejores artículos de la blogosfera maternal publicados durante 2010 en castellano. La temática del carnaval engloba el embarazo consciente, el parto natural, la lactancia materna, la crianza respetuosa, la psicología, el uso de portabebés ergo, la ecología y demás temas afines."

Leer más: www.amormaternal.com

No sé si llegaré a la cantidad...justito...(¡Uff!), no sé si llegaré a la calidad (Snif...) pero...lo intento.
Quizás no sean entradas específicas de los temas requeridos pero en cada una encontraréis pinceladas sobre lo que nos acontece.
La primera, además, es del 26 de diciembre de 2009. Si no se acepta, la intento cambiar, pero es que esta es importante para mí, fue la semilla de este blog, allá en Leche Mágica.

1. La Maternidad: ¡Qué peliculón!
2. Menos mal que parece que va cambiando el cuento...
3. Hay experiencias que son íntimas ¿verdad?
4. Mi personal apología de la teta.
5. Insisto: ¡Qué afortunadas las mamás recientes!
6. De la risa al llanto como de cero a cien en un cohete.
7. ¿Qué inteligencia dices?
8. Una de los nuestros.
9. Lo que nos toca... y lo que nos quedará.
10. Coco no, Lisha

sábado, 4 de diciembre de 2010

El perro cojo.

No soy lectora tan voraz como mi hermano, pero me gusta leer. Ciertas literaturas, como la poesía en verso, por ahora no me conquistan tantas veces como me gustaría, me suele costar descifrarlas y me suponen un gran esfuerzo interpretativo. Diréis que soy mentecata pero con la música clásica me pasa igual, cuando no sigue por donde espero que vaya, me pone hasta nerviosa. Como con la ópera, me terminan dando mucha envidia las personas que han aprendido a disfrutar con estos regalos del arte. A veces pienso que será cuestión de entrenamiento pero la tenacidad, desdichadamente, nunca fue una de mis virtudes. No me enorgullezco para nada de ello.
De todos modos, un poema, escrito por Manuel Benítez Carrasco, es mi preferido. No sé si se debe a que el protagonista es un perro vagabundo (de esos que me parten el alma cada vez que me encuentran y me hacen comprender, con una sola mirada, la inmensa crueldad egocéntrica de la civilización humana) o a que está en un libro que el mismo autor dedicó a mis padres, mientras mi hermano y yo dormíamos a pocos metros, allá en La Argentina. Vino a cenar por ser amigo de un amigo…no porque mi familia sea pródiga en verse a menudo con semejantes maestros :)
Tengo un CD de Rafael Amor en el que él lo relata y, al escucharle, se me anuda la garganta. El caso es que la letra la he copiado de algún lugar en la red y no tengo ese pequeño libro verde para compararla, está en casa de los abuelos. A cientocuarenta kilómetros de mis manos. Lo siento, el audio va con publicidad (además el volumen es muy bajo)y la letra puede que tenga alguna frase que corregir...queda pendiente.

07/12/2010. Estoy en casa de mis padres... corregidas las frases... esto parecía el "teléfono estropeado".

EL PERRO COJO (Manuel Benítez Carrasco).
Leído por Rafael Amor.



Con una pata colgando
-despojo de una pedrada-
pasó el perro por mi lado.
Un perro de pobre casta.
Uno de esos callejeros,
pobres de sangre y de estampa.
Nacen en cualquier rincón
de perras tristes y flacas,
destinados a comer
basuras de plaza en plaza.

Si pequeños, por el qué
finos y ágil de la infancia,
-baloncitos de peluche,
tibios borlones de lana-,
los miman, los acurrucan,
los sacan al sol, les cantan.
De mayores, por el qué
con que se les fue la gracia,
los dejan a su ventura,
mendigos de casa en casa,
sus hambres por los rincones
y su sed sobre las charcas.

Y qué tristes ojos tienen,
qué recóndita mirada,
como si en ella pusieran
su dolor a media asta.
Y se mueren de tristeza
a la sombra de una tapia,
si es que un lazo no les da
una muerte anticipada.

Yo lo llamo: psi, psi, psi...

Todo orejas asustadas,
todo hociquito curioso,
todo sed, hambre y nostalgia,
el perro escucha mi voz,
olfatea mis palabras,
como esperando o temiendo
pan, caricias o... pedradas.
No en vano lleva marcado
un mal recuerdo en su pata.

Lo vuelvo a llamar: psi, psi...
Dócil a medias avanza
moviendo el rabo con miedo
y las orejitas gachas.
Chasco los dedos; le digo:
ven aquí, no te hago nada;
vamos, vamos..., ven aquí.

Y adiós la desconfianza.
Que ya se tiende a mis pies,
a tiernos aullidos habla,
ladra para hablar más fuerte,
salta, gira, gira, salta,
lloran, ríen, ríen, lloran,
lengua, orejas, ojos, patas,
y el rabo es un incansable
abanico de palabras.
Es su alegría tan grande
que, más que hablarme, me canta.

-¿Qué piedra te dejó cojo...?
Sí, sí; malhaya, malhaya...

El perro me entiende; sabe
que maldigo la pedrada,
aquella pedrada dura
que le destrozó la pata,
y él, con el rabo, me está
agradeciendo la lástima.

-Pero tú no te preocupes;
ya no ha de faltarte nada.

Yo también soy callejero,
aunque de distintas plazas,
y a patita coja y triste
voy de jornada en jornada.
Las piedras que me tiraron
me dejaron coja el alma.
Entre basuras de tierra
tengo mi pan y mi almohada.
Vamos, pues, perrito mío,
vamos, anda que te anda,
con nuestra cojera a cuestas,
con nuestra tristeza en andas,
yo, por mis calles oscuras,
tú, por tus calles calladas,
tú, la pedrada en el cuerpo,
yo, la pedrada en el alma.

Y cuando mueras, amigo,
yo te enterraré en mi casa
bajo un letrero: aquí yace
un amigo de mi infancia.

Y en el cielo de los perros,
-pan tierno y carne mechada-
te regalará San Roque
una muleta de plata.

Compañeros si los hay,
amigos donde los haya,
mi perro y yo por la vida:
pan pobre, rica compaña.


Era joven y era viejo;
por más que yo lo cuidaba,
el tiempo malo pasado
lo dejó medio sin alma.
Fueron muchas las hambres,mucho
peso en sus tres patas.

Y una mañana, en el huerto,
debajo de mi ventana,
lo encontré tendido, frío
como una piedra mojada.
Como un duro musgo el pelo
con el rocío brillaba.
Ya estaba mi pobre perro
muerto de las cuatro patas.

Hacia el cielo de los perros
se fue, anda que te anda,
las orejas de relente
y el hociquito de escarcha.
Portero y dueño del cielo
San Roque en la puerta estaba;
ortopédico de mimos,
cirujano de palabras,
bien surtido de recambios
con que curar viejas taras,

-Para ti... un rabo de oro;
para ti... un ojo de ámbar;
tú, tus orejas de nieve;
tú, tus colmillos de escarcha.
Tú...
— y mi perro reía...—
tú... tu muleta de plata.

Ahora ya sé por qué está
la noche agujereada.

¿Estrellas... luceros...? No.
Es mi perro, que cuando anda,
con la muleta va haciendo
agujeritos de plata.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Buyabus, Juncales e ilusiones

El primer viernes de este noviembre, he vuelto a pasar por la carretera, por ese lugar desde donde pretendieron arrebatarte hacia no sé donde. Pero consigo retenerte, siempre en el rincón más luminoso del corazón. A mi cara ha venido a encajar, a codazos entre la melancolía, una amplia y algo explosiva sonrisa. Te he sentido aquí, compartiendo la rebeldía.

Han dado el paso, han escrito cada uno su carta de despido, de mevoivoluntariamentedelaempresa. Se la han guardado, como niños ilusionados, en el bolsillo trasero del pantalón y se han plantado allí, frente a Gerente y Presidente.

-“Que nos vamos”-

Me hubiera gustado acompañarles, estar allí aunque fuera bajo la mesa, para sentir la repentina perplejidad que habrán sembrado.

-“Pero… ¿Lo habéis pensado bien?”- “¿Sabéis que os vais sin nada?”-

Pues claro.
Hay personas que todavía son capaces de forjarse su propio destino, sin tener que hacer leña del árbol caído.

Hay personas que seguirán colaborando para que esto salga adelante, aunque descansen al final de su jornada en un cubículo distinto, donde estén más satisfechos y respiren más libres.

Hay personas que son capaces de crear, con sus propias manos, un mullido lecho para que esté cómoda allí su dignidad. Aunque deban pasar frío en invierno y calor en verano, conduciendo raudos (a veces demasiado) a visitar a la vaca necesitada mientras escuchan de boca de sus dueños historias, a veces alegres y otras veces tristes y desmoralizadas.

Hay personas que, aún con todo lo llovido, tienen esperanza y sobre todo tienen ilusión. Y ganas de trabajar y…de vivir.

Pero eso ellos nunca lo concebirán, hace tiempo que lo sabemos. Su mundo es otro.
Y parecen querer aferrarse a él, lastrándolo injusta aunque espero que remediablemente.

Ojalá no tarden en aparecer, salvadores, allá por el horizonte, los verdaderos protagonistas de esta historia y que no sea inútil el intentar renacer, que prenda alguna yesca en los rescoldos de las cenizas antes de que los malos vientos acaben, finalmente, esparciéndolas por los extensos campos de La Moraña, ahora sembrados con árboles, nuevas semillas y métodos más ecológicos por nuevos emprendedores.

Me siento orgullosa, en algo partícipe de esta pequeña-gran locura. No sé si es lo más sensato, pero me cobijo en la alegría y nuestra mejor defensa sigue siendo la risa.

Vuelvo a sentir tu frescura y sé que tampoco te lo piensas perder. Sé que también hinchas airoso el pecho, lleno de orgullo, al poder contar con compañeros como estos.
-"¿Otro sandwichito de pollo frío? ¡Venga, al final resultó no estar tan malo, eh!"-

sábado, 20 de noviembre de 2010

El viaje de cada día.

Aún a riesgo de resonar a cierto anuncio de vehículos que ponían, no hace tanto, en la tele os diré que: Me gusta conducir.
Y a pesar de que algunos se empeñen en lo contrarío (supongo que por la justamente asignada fama de despistada) considero que no se me da mal. Algunos amigos, como Nico, siempre confiaron en mí. Intento ser prudente (alguna vez me puede la prisa… ¿Qué es eso? ¿Una bala, un cohete, Super-Man…? No, es una mamá que no quiere llegar tarde a la canción de fin de curso), es verdad, pero no por ir más deprisa o meter más ruido se conduce mejor, creo yo.
Se reía Alfonso cuando camino de la Cooperativa, hacía un poco el tonto y le imitaba, revolucionaba un poco al Clío –“Mira, como tú”- “Brum, Brum…”- Y giraba exagerada el volante en las curvas de la vía. O cuando yo pisaba el embrague y él cambiaba las marchas o al revés... ¡Menudo equipazo!
Cada día sigo recorriendo cuarenta kilómetros para allá, a ver a mis ovejitas, y otros tantos de vuelta a reencontrarme con los míos.
No me disgusta, sino todo lo contrario, es mi ratito de meditar, de observar, de escuchar noticias y cantar canciones.
Controlo bien situaciones básicas como usar el freno-motor, salir cuesta arriba sin usar el freno de mano, aparcar en línea … recorrer ciertos metros marcha atrás, a toda máquina, conduciendo un coche que no era el mío, entre la estrechez de unos altos bordillos de un peaje allá tirando para Logroño, José Carlos lo sufrió bien.
Molestan los caga-prisas que me pasan por la autovía a más de ciento sesenta y si es que vuelven al carril de la derecha, lo hacen peinándome el flequillo, aparecen casi sin avisar aunque raramente me pillan desprevenida, porque sigo muchos consejos de cuando mi padre me enseñaba a conducir con aquel SEAT Panda azul celeste –“Controla siempre los espejos, mira para atrás casi lo mismo que para enfrente”- Y así lo hago, y allá los veo venir a los balas-perdidas … ¡Zium! Chao.
Pero casi me hinchan más esos conductores pseudo-competitivos que se pasan un buen rato demasiado cerca, despreocupados de guardar las distancias, para luego adelantar a duras penas y ponerse justo delante a ciento dieciocho… ¿Y ahora que hago? ¡Qué desesperación! ¡Qué gente más rara!
Sin embargo agradezco cuando , precisamente por la costumbre de mirar y remirar los espejos (o a veces soy yo quien les sigue), veo que kilómetro tras kilómetro me custodia algún coche que, a la distancia justa, mantiene mi velocidad; no consigo ver su rostro, ni si es hombre , ni mujer, ni si es joven o anciano, ni si lleva niños, ni el modelo exacto de su auto, ni si sonríe, ni si va cantando o fumando… pero siempre lo acojo como un buen compañero de viaje, respetuoso y atento, al que empiezo a echar de menos desde el mismo momento en que veo que toma un desvío distinto al mío o soy yo la que ya debe alejarse de su camino.
Historias del día a día.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Coco no, Lisha

Julia, se crió de otra manera... parecida... pero distinta.
Julia tomó biberón, con leche de fórmula, a partir de los nueve meses. Los motivos serían largos de explicar.
Julia a partir del año sólo tomaba el pecho dormida, porque despierta ya lo rechazaba.
Julia a sus trece meses dejó, definitivamente, la teta.
Julia dormía en su cunita, con su chupete, y yo la miraba mientras deseaba hacerme pequeñita, tan pequeñita como para meterme allí con ella hecha un ovillo ligero, sin molestar y poder soñar a su son. Cerca pero lejos, en la misma habitación (que, eso si, compartimos hasta que cumplió los dos años), yo esperaba su mínimo gesto como pretexto para sacarla de allí y meterla en nuestra cama.

Con Luisa, han sido algunas más las ventajas.
Ya no he tenido que desear empequeñecer para rozar nuestras caras al dormir, porque la he mantenido, desde el minuto uno, a mi vera y hemos dormido las dos, desde entonces, de un tirón, sin tener que levantarnos en todita la noche.
Ella, con veintidós meses, no sólo no rechaza el trago de leche de mamá sino que lo demanda, a grito pelado, si hace falta. Le importa poco el momento o el lugar.
Su consuelo ha resultado no ser un chupete, sino otra vez el mismo pecho.
No le importó lo más mínimo que guardásemos su cuna (cuando cumplió un año) porque, total, ella nunca la usó... ni para pasar el rato.

Ojalá hubiera asumido mejor la información cuando nació Julia, ojalá hubiera dejado aflorar un instinto más poderoso, ojalá hubiera conocido entonces a ciertas personas cercanas y Mágicas. Y eso que tuve muy buenos referentes hace seis años, como Mónica, Macu, Txita, Cristi...Pero, en la lejanía, me vi pariendo en un hospital con un protocolo obsoleto (ya comentado), peleando contra un pediatra que me comprendió menos que lo hubiera hecho un pedrusco, con un bebé siempre justo de peso que descendía de percentil en cada revisión...en fín... ¿Qué os voy a contar que no sepáis? Pero... ¿Qué melancolía hay que no se espante, en un minuto, cuando me acurruque ahora junto al Coco a soñar, sintiendo tan cerca su respirar?
Si me pudiera oír me reprendería moviendo su dedo de lado a lado cerca de su naricita, justo por debajo de una desafiante mirada:
-"Mamá... Coco no… ¡Lisha! Coco no”-
Cualquier día me la como.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Yo me bajo en la siguiente, ¿Y tú?

¡Allá voy!
Ya sabéis, mi formación en Política Social es nula. Se me ha ocurrido comentar algún concepto utópico que me ronda la cabeza. Así que, hoy más que nunca, aceptaré las críticas y opiniones de los que sois más sabios.
Sé que, por algunos, es compartida la idea de que más personas dispondríamos de trabajo si nos propusiéramos, todos, ser menos angustias y trabajar un poco menos, con jornadas reducidas la carga para cada individuo disminuye y mayor número de personas tendrían derecho a un sueldo, aunque sea disminuido. Claro, ganar menos nos supondría menor capacidad para seguir subidos en este carro de cacareado consumismo… pero ya que estamos comprobando en nuestras propias carnes que este sistema, de esta manera, no se sostiene y hace aguas por todas partes ¿Nos bajamos?
Por otra parte esto nos obligaría a tener que compartir responsabilidades, a tener que confiar en el compañero del anterior o siguiente turno, a tener que hablar y consensuar ideas…vaya… ¿Se nos ha olvidado? ¿Cómo se trabajaba en equipo? ¿Cómo se pasan los testigos en los relevos? ¿Una utopía?… Puede.
Por supuesto que también desearía que el sistema de trabajo actual se amoldara, de una vez, a la mujer y a su labor maternal, como en otros tiempos mejores ha sido: los bebés con sus mamás, allá a donde ellas vayan. Me cuesta creer que hayan pisado la Luna, pero que ningún brillante ingeniero haya inventado la manera de organizar determinados puestos de trabajo donde la madre, que lo desee, y su bebé pudieran estar, ergonómicamente funcionando y fisiológicamente acoplados, arropados con algún “trapito” y su nudo, por ejemplo.
Pienso, también, que ahorraríamos mucha energía compartiendo con otras personas afines nuestros lugares de residencia, tiempo y funciones domésticas… creando pequeñas o grandes comunidades evocando una forma de vida más tribal, más aldeana. Unos cocinarían para todos, otros cuidarían de los niños, otros de los ancianos, otros de los animales, otros de los cultivos, otros encenderían la hoguera, otros barrerían…otros se irían al cine o de cena…y si no pudieran llevar con ellos a sus bebes alguien probablemente les tranquilizaría: -“No te apures, que si te retrasas y llora, ya le doy la teta y duermo con él hasta que vuelvas“- ;)
Os va a parecer una locura pero flota en el mar de mi cabeza un esbozo de proyecto… Supongo que la semilla quedó sembrada cuando entré por primera vez en la cocina de Rosa, en su Granja Piedra, y allí me encontré con un gran espacio compartido, con un fuego bajo, con fogones para cocinar y una enorme mesa de madera en el mismo centro de la amplia estancia, sobre la que rodaban verduras recién traídas del huerto, con su barro pegado y sus bichos corriendo por allí, mientras la Abuela las limpiaba y seleccionaba. Me senté allí, compartiendo el tablero, porque me ofreció un café, a charlar. Quedó a mi espalda alguien que, junto a una venta, arreglaba el mimbre de una silla de madera. Allí cabíamos todos, cada cual desarrollando su función a la vez que entraban y salían de la conversación… pensé... esto es vivir, esto es vivir de verdad, cada minuto… esto es vivir y no el trabajar aburridamente esperando siempre a cuando te darán las vacaciones para, por fin, poder huir, buscando una supuesta diversión que siempre nos parece durar poco, y en los peores de los casos se queda en un espejismo de felicidad que no llegamos a alcanzar…
El proyecto os puede sonar totalmente divagante pero os lo voy a ir contando, no sé por donde empezar porque, además, está irremediablemente asociado a ciertas personas concretas, que creo reunirían las condiciones para poder convivir de esta manera.
Tengo hasta a un terreno echado el ojo…:D.
Y aunque últimamente casi no tengo tiempo de hablar con Jordi de lo importante… cada día redescubro que realmente somos almas gemelas que anhelamos los mismos sueños, no quisiera resultar cursi, pero tengo claro que no podría haber elegido a nadie mejor para recorrer el camino que tenemos por delante, con sus luminosos miradores o sus incordios de pedrusco.

Ya vuelvo…es una finca arbolada (en un paraje donde realmente escasean los árboles) bien comunicada (que aislarse no es el fin), donde se podría tener algo de ganado, talleres y una huerta ejemplar, envidia de los hortelanos vecinos que sin duda nos vendrían, curiosos, a visitar :)
Este proyecto sería aplicable a cualquier grupo humano porque, en realidad, lo que NO estamos es: Preparados para sobrevivir solos. Cada cual debería encontrar a sus compañeros más afines… Como cuando íbamos eligiendo de la pandilla para hacer los equipos…yo me atrevería con:
Jorge Pérez y Sandra, porque con Jorge, muchas veces, hemos hablado de cierto proyecto ganadero…y a pesar de lo distendido, los dos sabemos que, en el fondo, hablamos en serio. Más él, por ser más racional, que yo.
Esther y Dani, por ser descaradamente del mismo talante campestre que nosotros. Lo que pasa es que los kilómetros, en este caso, son una barrera comprensiblemente infranqueable. Siempre queda la posibilidad de emigrar los demás para allá. Sólo por oírle cantar merecería, sobradamente, el desplazamiento.
Juande y Paqui, por su innumerablemente demostrada capacidad de adaptación, porque bajo su, inofensiva, apariencia urbanita deben de tener un corazón más de campo que las amapolas. Además Juande podría trabajar desde casa…y Paqui si añora a su actual empresa tiene una sucursal relativamente cerca y no teniendo que ser en Madrid…eso sí…ya no te libras de aprender a conducir.
Bibi y Arantxa…por poseer la misma calidad adaptativa, por ser un ejemplo de padres a seguir, porque nos aportarían una buena dosis de espiritualidad, porque además de atender como nadie a sus tres retoños, siempre son capaces de sacar un rato para escuchar, para cuidarnos, para untarnos crema si nos embobamos mirando el mar y no nos queme el sol. Es verdad que nos vemos demasiado poco, cada minuto a vuestro lado es un regalo, una ocasión para aprender. Y además, con los niños que vamos a juntar, podemos formar una escuelita: necesitaremos buenos profes. Voto por un método tipo "Montessori" (http://entribu.wordpress.com/2010/06/11/la-creacion-de-una-escuela-alternativa-el-dia-a-dia-montessoriano-entrevista-a-una-madre/)
Caro y Fran, por representar claramente a esas personas que apoyan al grupo, que entienden otra forma de vida que no es la individual. Porque necesité permanecer muy poco tiempo a su lado, para darme cuenta de que a lo último que se dedican es a mirarse su propio ombligo.
Sonieta y Carlos, porque con Sonieta también he tenido horas de inventar sueños, porque siempre se necesita a alguien que lleve bien las cuentas. Y Carlos lo mismo consigue una licencia en una ciudad más cercana y sino… puede quedarse con los chicos… que ha resultado ser todo un padrazo.
Cristi y Coque, sin comentarios. Aunque su casa es tan preciosa y su forma de vivir tan armónica (suficientemente cerca, en la distancia y el trato, de familia y amigos)…que ellos ya pueden constituir su tribu allí donde están.
Son más los amigos que me faltarían, no me gustaría olvidarme de ninguno que estuviera conforme con semejante proyecto. Conscientemente, no es que me haya olvidado, faltan algunos con los que, precisamente, más hablo, a los que más achucho, de a los que más amo. Pero a algunos no os incluyo, sobre todo, por imaginaros de carácter urbano, urbanos de corazón. Es distinto que uno disfrute de lo rural el ratillo, que querer y poder vivir en y de ello, con sus calores, solanas, vientos, fríos, barros, cacas y OLORES. De todos modos, tengo claro que habrá sitio para todos, que las visitas de las personas queridas son un pilar básico de mi forma de vivir y a eso (mas teniendo ampliado el sitio) no puedo renunciar. De todos modos, si entre los no mencionados se me ha escapado alguno que tenga su parte a aportar, ya sabéis donde localizarme.
Sumemos a los niños, mascotas y, por supuesto, a nuestros mayores, de los que cuidaremos sin medida (o más bien ellos cuidarían de nosotros), de los que aprenderemos cada día lo más importante de la vida: Que vivir es compartir la materia, el espacio y el tiempo con los seres queridos. No debe importar tanto el momento ni el lugar. Cada día puede ser especial. Tampoco una fiesta, no os ilusionéis, ya sabéis que no soy la alegría de la huerta. Pero creo haber sido diseñada más para trabajar en grupo, solidariamente, que para trabajar bajo la imposición de la competitividad, que parece que es lo que más se valora ahora, desde hace ya tiempo. Yo, definitivamente, me bajo en la siguiente ¿Y tú?

sábado, 23 de octubre de 2010

Recogida de firmas.

Caro me ha pasado esta recogida de firmas y me he encontrado con un escrito que me ha parecido realmente bueno, resumen redactado para todos los públicos, que merece se leído, aprovecho para divulgar.

No dejéis de leerlo y firmar:

http://www.peticionpublica.es/?pi=madrelac

Gracias.

martes, 19 de octubre de 2010

Padres en la guardería.

Hace ya unos días, pero no he tenido el rato de comentarlo, tuvo lugar la primera reunión de padres sobre el nuevo curso en la guardería. Luisa ya es veterana, ella entró el curso pasado cuando tenía nueve meses. Pero en la reunión estábamos mezclados padres (digo… madres) de los tres cursos, y estaban, claro, madres que tenían justo en esos días a sus bebés en el periodo de adaptación.
Tuve que escuchar (de nuevo) todos los “beneficios” de la escolarización temprana, que no voy a repetir porque ya los conocéis (y, además, no comparto la opinión), ya no replico (y menos en público, que me da mucha vergüenza), cada cual llevará a su hijo a la guardería por su propia necesidad y además entiendo que el personal del centro quiera “vender” lo mejor posible su “producto”.
No quiero, ni de lejos, insinuar que yo piense que no realizan bien y correctamente su trabajo, porque es todo lo contrario, las considero grandes profesionales que cumplen con pulcritud e ilusión sus tareas e incluso, desinteresadamente, han tenido que socorrerme en una de mis alejandradas más sonadas (que ya os contaré).
Lo que pasa es que el ritmo, las formas y las normas allí son un tanto de cuartelillo (como dice mi madre, ella hay cosas que nunca entenderá porque ella es todo amor), los padres de los niños matriculados sólo somos invitados a participar en actos muy puntuales y programados. No nos dejan compartir, por ejemplo, el periodo de adaptación con los pequeños que estrenan su estancia en el centro.
Por eso mismo, en esta primera reunión, explicaron que la adaptación de los nuevos, este año, estaba resultando muy exitosa, con muy pocos llantos, alguno si, claro, es “normal”, pero también consideraron que “es sano que lloren un poquito”, bueeeeno…seguimos sin objetar, a ver …tampoco era el momento ni el lugar.
Cuando realmente me quedé boca fue cuando, cariñosamente, preguntaron a los allí reunidos -“¿Y los papis? ¿Cómo llevan el periodo de adaptación los papis?”-
Supongo que cualquiera, como yo hice, hubiera interpretado entre líneas: “Ya sabemos que estar lejos de vuestros hijos cuando sabéis que ellos están sufriendo, precisamente, por esa separación es duro ¿Qué tal lleváis la espera hasta que os los devolvemos?
Esperé oír un puesmuymal generalizado, casi a coro.
Pero en su lugar, precedido de un mínimo espacio de silencio, una madre contestó (no sé si las demás se sintieron identificadas, espero que no): “Pues estupendamente…sin los niños en casa…”
Jope…me dejó de piedra, en que pocas palabras se puede resumir, nuestro propio disgusto, el que involuntariamente inculcamos a nuestros pequeños hijos. Lo mismo sólo fue un desacertado intento de ser graciosa, para romper el hielo. Pero en el fondo… ¡Qué tristeza!

sábado, 16 de octubre de 2010

CON LA MIRADA DE UN NIÑO.

Traigo un artículo desde el blog de Ana (http://creciendocondavid.blogspot.com) porque, aunque está escrito pensando sobre todo en niños de la primera infancia, al leerlo no he podido parar de pensar en mi hija mayor, que acaba de cumplir 6 años. Es indudable que le exijo “demasiado”, porque mi paciencia es muy finita, porque ahora sigo más el biorritmo del Coco-Rayo y Julia va más a remolque. Como mejor puede, inmersa en sus fantasías, ella misma me lo aclaró el jueves: Metidas las dos en la bañera, le expliqué a Julia que no les lavaría la cabeza a ninguna, que íbamos mal de tiempo, ella quiso “lavar” su camiseta interior (que me lo pide muchas veces, tan inofensivo pero “salpicante” entretenimiento le hace mucha ilusión y esa noche accedí). Estaba sacando a la Peque primero (como hago siempre), cuando Julia le plantó por sombrero la camiseta chorreante y llena de jabón y la Enana, para colmo, se emociona, carcajea y deja caer la cabeza en el agua y se empapa todo en flequillo… pues nada a lavarle el pelo… y se apoderó de mí la mala leche… y acabé con discursito y cara de ajo.
– Perdona Mamá, es que me gusta mucho jugar y a veces no me doy cuenta y me equivoco…- me contestó realmente compungida.
Menos mal que no me importa reconocer lo mío también.
– Ya lo sé, Cariño – le hablé por fin más dulcemente, mientras le daba el abrazo que más necesitaba yo que ella.
Seguí -Perdóname tú, ya no te regañaré tanto cuando las cosas no sean tan importantes-
Pero es que ahora todo me supone mucho esfuerzo, porque las dos me demandan su tiempo (y siempre intento concedérselo), porque la entropía puede conmigo y domina mi casa y mi vida (y a veces, aunque me es muy familiar la puñetera, me llega a incomodar), porque tengo mil cosas en la cabeza, porque quisiera poder leer y escribir todos los días y tampoco puedo, porque tardamos mil horas en hacer los dichosos deberes y me falta tiempo para jugar , para pasear con Chusta y Ratu, para cocinar, para atender a los amigos como me gustaría…
Admiro mucho a esas personas que sacan tiempo de no sé donde, que se saben “organizar” mejor. Debería dejar de luchar contra mí misma (aceptarme y verme lo positivo) y sobre todo dejar de luchar “contra” mi niña, que todavía es pequeña y además es un sol. Que me pongo en su pellejo y noto muy pocas diferencias con su forma de pensar y la mía a su edad (con sus dicotomías, sus miedos, sus indecisiones, sus amistades, sus pocas ganas de cole, su querer a los animales…sólo que, como ya dije, nunca fui “destronada” y en el caso de “encajar” una hermana menor, soy personalmente inexperta). No soy distinta a ella, y ella no es distinta a mí, cada día, varias veces, me sorprende, parece que es capaz de ver lo que tengo en la cabeza y se adelanta a sacarlo, a decirlo con sus propias palabras que, sorprendentemente, se diferencian poco de las que yo misma emplearía.
Y la verdad, la cuestión expresada en este artículo no es nueva para mí, la verdad es que es algo que siempre intento aplicar (ponerme en su lugar, recordar (en lo que puedo) mi propia infancia, respetar al prójimo) y, aún siendo, como dice Ana, un poco largo, resulta un resumen muy bueno de mi pensar y espero que me ayude a retomar el buen camino. Que cuando son bebés me resulta fácil… van creciendo y les vamos exigiendo cada vez más, sin darnos cuenta de que lo que necesitan es más amor y comprensión que nunca.
Me lo voy a aplicar, me lo voy a auto imponer, cultivaré mi paciencia… que tú con terminar tus fichas ya tienes bastante trabajo como para tener, también, que aguantar el agotamiento de mamá.
Y si os parece que ya habéis leído demasiado… aquí tenéis para otro ratillo. Leerlo con atención, tiene frases muy buenas para meditar. Gracias Ana, por compartir.

Artículo de Yolanda Gonzalez publicado en la revista Mente Sana.

CON LA MIRADA DE UN NIÑO. EDUCAR DESDE EL CORAZÓN.
"Mirar a un bebé suele despertar en el adulto sentimientos de ternura y protección. Contemplar cómo ríen y se mueven los pequeños es un espectáculo único que muestra las ricas potencialidades que encierran desde el primer despertar a la vida. La infancia es el mayor tesoro que posee la humanidad. Y, sin embargo, la interacción del adulto con cada niño puede favorecer o interferir en su desarrollo óptimo y saludable en función de muchos factores interdependientes.
Como sabemos, a lo largo de la historia han ido variando los modelos educativos y la forma de interacción con la primera infancia. Desde los más estrictos modelos autoritarios hasta los más permisivos, hay un gran abanico de variedades educativas que coexisten en nuestra sociedad actual. Pero más allá de las modas y los manuales educativos, necesitamos tener criterios coherentes y saludables para interaccionar con la primera infancia.

Necesitamos crear un puente de conexión entre el mundo adulto y el infantil que supere la visión tradicional del modelo adulto "yo sé, tú no sabes" y sustituirlo por el sano e infrecuente ejercicio de la empatía. Necesitamos observar y sentir a los más pequeños, sin prejuicios educativos, cambiando nuestra mirada para crear vínculos seguros y saludables. Efectivamente, el factor esencial durante la crianza y la educación es nuestra mirada, es decir, cómo interactuamos y el lugar desde el que nos relacionamos con ellos. Metafóricamente, podríamos mencionar dos tipos de mirada: la vertical y la horizontal.

En la mirada vertical, la más habitual, el adulto dirige desde arriba los pasos evolutivos del niño. Se considera que hay que "enseñar" al pequeño porque "no sabe". No solo se le enseñan normas sociales, también las funciones naturales como "dormir solos y de un tirón" (aunque reclamen a llantos a mamá), "comer de todo" (aunque no estén preparados), compartir (sin haber llegado a la etapa de la socialización)...Este hábito de "enseñar" todo-incluso las funciones naturales que están sujetas a procesos de autorregulación desvela el desconocimiento habitual de los ritmos madurativos y la desconfianza en su capacidad de autorregulación.

La mirada horizontal, por su parte, aborda la infancia desde la empatía y el respeto por su proceso madurativo. El adulto se coloca a la altura del niño, acompañándole en su camino, con "ojos de niño", como señala tan gráficamente Franceso Tonucci, psicopedagogo y dibujante italiano. Mirar con ojos de niño significa comprender y sentir junto al niño; en términos de la teoría del apego, significa dar una respuesta empática y sensitiva, además de adecuada e inmediata, a las demandas emocionales del pequeño.

Hasta los tres años, los pequeños no entienden las explicaciones racionales. Solo esperan nuestra respuesta sensible a sus demandas para sentir que la vida es segura y merece la pena vivirla en nuestro regazo. Conocer su proceso evolutivo emocional,es decir, sus necesidades vitales y emocionales, es la clave esencial para acompañarles desde el respeto, la paciencia, la presencia emocional que requieren en los primeros seis años de vida, etapa en que se constituye el carácter y el vínculo seguro. Muchos sinsabores de la crianza y la educación son debidos al desconocimiento de cuándo, qué y cómo se puede pedir o esperar de un niño pequeño. No podemos esperar lo mismo de un pequeño de dos años que de otro de seis.

Las necesidades adultas y las infantiles son antagónicas por simple evolución madurativa. Ellos son pequeños e inmaduros; nosotros, adultos y supuestamente maduros. Ellos necesitan depender para crecer; nosotros, que crezcan rápido para que se independicen. Ellos necesitan de mamá o papá por la noche para sentirse seguros; nosotros, que duerman solos. Ellos necesitan jugar sin cesar como forma de aprender a vivir; nosotros, descansar después de trabajar. Y así un largo etcétera que coloca a los protagonistas de la historia en dos posiciones opuestas y, a veces, irreconciliables, salvo si recordamos que para crecer seguros y sanos, los niños necesitan satisfacer sus necesidades emocionales: que atendamos su llanto, que les ofrezcamos contacto corporal y que respetemos su ritmo madurativo. El pediatra y psicoanalista inglés Donald Woods Winnicott decía: "La fuerza o debilidad del yo del niño/a está en función de la capacidad del cuidador para responder adecuadamente a la absoluta dependencia del bebé en las primeras fases de la vida".

Si queremos hijos saludables, con vínculo seguro, en la primera infancia se encuentra la clave. Por tanto, somos los adultos los que podemos adecuarnos y amoldarnos a estas necesidades prioritarias de los primeros años -aunque implique algunas renuncias-, en lugar de tratar de adaptar a los pequeños a nuestro mundo adulto, con el consiguiente estrés y malestar para la primera infancia. Podemos superar la realidad de dos mundos opuestos estableciendo un puente de conexión a través de la empatía, de "sentir-con" ese pequeño que reclama nuestra atención y no entiende nuestras razones. Ellos son los pequeños; nosotros, los mayores.

Las emociones infantiles y las nuestras no son idénticas en cuanto a intensidad y capacidad de asimilación. Los menos de tres años sienten intensamente y no pueden relativizar sus emociones. El intelecto y la capacidad de racionalización adulta no están presentes en esta etapa temprana del desarrollo en que están inundados de emociones, sin un filtro racional posible. Si mamá se va, por ejemplo, no valen las explicaciones verbales de buena fe como "volverá enseguida". Con menos de tres años, el niño llorará desconsolado, y solo parará por agotamiento o ante el regreso materno. No se trata de ningún déficit ni de que deban "aprender" algo para superarlo, simplemente necesitan tiempo de maduración para sentir y saber que si su figura de apego parte, volverá.

Es crucial comprender que las necesidades emocionales infantiles-de atención, afecto y presencia de la figura de apego-son legítimas y no responden a ningún capricho ni malacrianza. Malcriar es, contrariamente a la creencia popular, no responder con empatía a la demanda imperiosa de atención del niño, que, por otra parte, le trasmite la seguridad que necesita para su evolución posterior. Todavía existe el mito de que la infancia es el paraíso de la felicidad que perdemos según crecemos. Si pudiéramos recordar nuestra infancia, quizás aflorarían a nuestra conciencia momentos alegres, pero también otros que no lo son tanto. Seguramente sentimos soledad o incomprensión más veces de las deseadas; puede que experimentásemos el doloroso sentimiento de la humillación cuando nos acusaron injustamente de mentir, o recibimos un castigo doloroso...Recordando nuestra infancia es probable que comprendamos que no siempre fue esa etapa idílica en la que se afirma que los niños son felices porque no tienen obligaciones ni créditos que pagar. Crecer tampoco es fácil. Partir de nuestra experiencia puede ayudarnos a abandonar la mirada vertical y descender hasta la altura del niño, mirando a sus ojos y sus pequeñas manitas, en lugar de interpretar automáticamente cualquier comportamiento suyo sin pararnos a sentir su lógica emocional.

Podemos frenar la tendencia sistemática a interpretar que "no nos obedecen"-con el consiguiente y automático enfado-y detenernos a pensar que, quizás, están inmersos en su juego preferido y necesitan la complicidad paterna o materna para abandonarlo e ir a cenar, por ejemplo. Podemos cuestionarnos la interpretación social que impone reglas externas sobre lo que "debe" hacer un niño sin discriminar edades madurativas o que considera que atender a sus demandas afectivas es malcriar.

En lugar de pensar en términos de "enseñar", tratemos de observar su momento evolutivo y discernir si está preparado para integrar madurativamente un paso más en su desarrollo. Ese paso puede ser la escolarización, el control de esfínteres, el destete o cualquier logro madurativo. Y para ello, necesitamos "sentir-con" ese pequeño y estar formados-informados sobre su proceso evolutivo, y desde el enfoque de la salud, que no siempre coincide con las normas sociales. En lugar de invadirles con nuestros razonamientos lógicos, tratemos de empatizar con su momento emocional, utilizando siempre "su" lenguaje-que no es el nuestro-, que se basa en el juego y la complicidad, y que tiene su sede en la expresión corporal.

Busquemos alternativas creativas que sustituyan al omnipresente "no", que frustra tanto las necesidades afectivas como los caprichos, y provoca las conocidas rabietas. Se pueden lograr los mismos objetivos sin entrar en guerras innecesarias fomentando los acuerdos consensuados a partir de los tres añitos. Es mucho más gratificante y educativo el aprendizaje mutuo del arte de los acuerdos que imponer criterios que se alejan de su comprensión infantil. En lugar de interpretar cualquier comportamiento como desobediencia, tengamos presente que ellos viven bajo el dominio del placer y nosotros bajo el del deber. Lenguajes, nuevamente, antagónicos.

Juguemos para lograr nuestros objetivos, sin imponernos desde el intelecto. Intentemos formar seres humanos razonables y solidarios, en lugar de personas sumisas o rebeldes sin causa. Y, para conseguirlo, cambiemos nuestra mirada a la infancia mediante la empatía y el respeto por ese pequeño ser de hoy, futuro adulto del mañana."

viernes, 24 de septiembre de 2010

Kilómetros de impotencia para llegar a dulces banalidades.

He recorrido los kilómetros, estos días, con la tediosa impotencia por compañera, se ha sentado en el asiento vacío del copiloto y ha pasado la tonelada que pesa su brazo izquierdo sobre mis hombros.
Alguien a quien adoro y admiro está lejos, sé que en estos momentos su valentía lucha contra mil dudas y su cuerpo lucha por superar un brote de esa crónica enfermedad que, normalmente, ella mantiene controlada con irrebatible arrojo. No está sola, ella ahora no es sólo uno. Precisamente por eso, la incertidumbre la consume cada minuto.
Esther, no dejes de luchar. Aunque eso suponga atender mil banalidades que, ahora mismo, os importarán una mierda, aunque suponga que los demás escuchemos lo que nos tengáis que contar, aunque nos saquéis de nuestra dulce rutina y recibamos, una vez más, una solemne lección de vuestra fortaleza. Para eso estamos los amigos y para mucho más.

Os contaré lo de estos días:
Esta mañana he partido hacia Valladolid, igual que ayer. Este curso el congreso de la S.E.O.C. se ha celebrado cerca. Reúne veterinarios dedicados al ovino y caprino. Hacía años que no asistía. He reencontrado colegas a los que no veía desde entonces. Algunos preguntaron si me quedaría por allí a dormir, si me quedaría a la cena, a las copas. No sabían de mi nueva maternidad, ni conocían otra manera de criar.
La lactancia, más allá de los 6 meses, también entre los veterinarios más campestres, suena a chino. Y eso que está por escrito (http://www.aeped.es/comite-lactancia-materna/recomendaciones) que la O.M.S. recomienda mantener la lactancia materna hasta por lo menos los dos años. ¿Por qué a nadie le sorprende, en cambio, que un niño de más de tres años se tome un biberón antes de acostarse?
Pero, en determinados ámbitos, todavía merece la pena dar explicaciones, queda sembrada la perplejidad, la sorpresa y te das cuenta de que ha servido para dejar a padres, futuros padres o a los que nunca hubieran pensado en ser padres, cavilando un ratillo. Es probable que no todas disfrutéis de la suerte de poder ver la cara que se les queda a una mesa entera de colegas, del género masculino cuando les cuentas que prefieres volver a casa, recorriendo más de 100 km, para amantar a una de tus hijas, que ya cumplió los 20 meses, antes que quedarte a tan divertida juerga (que no niego sea un plan que me apetezca, entre otras cosas, porque me recuerda a aquella adolescencia en la que cualquier problema quedaba sutilmente difuminado… algún día podrá volver a ser). Por ahora mis divertimentos han sido otros, igual o más gratificantes.

Hablar con Victoria, que ahora también vive la maternidad, es casi como conocer una persona nueva y sobre todo da gusto cuando te das cuenta de que, por su propio camino, ha llegado a iguales conclusiones que tú. Siento que algo nos une, que el instinto siempre nos acompaña. Espero verte por aquí, y por allí.

Filosofar con Manolo, desde que le conozco, es algo que siempre añoro, que siempre me aporta. Aunque, en el caso más venturoso, pasa de año en año, bien pueden, en tiempo de crianza, zumbar tranquilamente 5 años del tirón. Leeré lo que nos has recomendado y tampoco cesaré en la campaña anti-SimpsonsAsín nos tachen de lo que quieran, con poco más lo mismo cambiamos algo el mundo. Espero no tener que esperar tanto tiempo para volver a verte.
Estar con Álvaro es como enfocar, por un momento, alguna escena de cualquier personaje interpretado por Hugh Grant, con ese descarado desparpajo que no deriva en inadecuado.Y que, a él mismo, al reir, siempre le sonroja. Ellos forman parte de un grupo de trabajo, reunidos bajo el nombre de una misma empresa, de la parecen profesarse orgullosos, y esto consigue un ambiente distendido y jocoso que resulta contagioso. Lo suficientemente cómodo como para no tener que aparentar absolutamente nada de lo que no soy.

Y alguno todavía se reirá, pero a mí pasar por Rágama, me sigue resultando la travesía urbana más agradable, del pequeño trozo, de la extensa Castilla que conozco. ¡Y se acabó! ¡Qué me gusta! Y además he visto un cartel de venta, en una bonita casa de las que da a la iglesia… que porque no tengo los duros que pedirán :D… que si no ... allí me tendríais que ir a buscar :DD

viernes, 17 de septiembre de 2010

Lo que nos toca... y lo que nos quedará.

Julia ha comenzado 1º de primaria.
Justo en este momento la tengo sentada a mi derecha, haciendo sus deberes del cole, le he dicho que tenía que escribir una memoria para mi trabajo, parece que es mejor que me vea cerca y ocupada, a que la agobie todo el rato mirándola. La verdad es que lo hace bien, cuando quiere.
El problema es más gordo: No quiere. Y yo… tampoco :(
Propongo a veces, medio de guasa, impulsar una Plataforma Anti-deberes. Pero, la transparencia de los chistes, deja entrever algo del fondo, real, de la mente de quien los suelta.
Estoy viviendo una dura dicotomía interior, por un lado aborrezco el sistema de educación instaurado. Tampoco conozco a fondo otros de los que, casi de refilón, he oído hablar, entre los motivos: me da miedo saber más, que “me toquen las palmas”, que lo mismo me pasa igual que con la lactancia y con el colecho, y me “arranco”… me pasaría la vida luchando y agotándome.
Ya me contarás un día tranquila, Txita (www.arantxayoga.wordpress.com), cuando por fin podamos vernos y achucharnos, que tal os va, te escucharé con atención.
Y leeré el blog de Yasmin (http://aprendiendodeadrian.blogspot.com).
Y es que no puedo evitar el sentirme a su vez culpable, por perezosa, por cerrar los ojos a esas otras maneras de enseñar y huir pa´lante. No quisiera privar a mis hijas de lo que pudiera ser mejor, por simple vaguería, pero no es mentira que caminar fuera de la senda siempre es más complicado, te clavas más piedras en los pies, al final es más rápido y fácil regresar al conocido redil, para continuar el camino al mismo son que el resto de nuestro rebaño.
Y las tareas escolares, para casa, me producen cierto sarpullido, no lo voy a negar. Me aburro más que quien las tiene que realizar.
Me da rabia rabiosa, porque considero que Julia tiene buen aprender, maneja un amplio vocabulario, con el que dejó pasmada a la logopeda del curso pasado, la misma que no consiguió que terminara de pronunciar la “r”, aunque noté gran mejoría …Claro, tan sólo en una sesión…no pediremos lo imposible. -Hay niños más preferentes- se disculpó la directora del centro.
Y maneja libros de Naturaleza, dragones, egipcios, aztecas…
El jueves me sorprendió al salir de clase, contándome que casi se queda dormida del aburrimiento, porque le explicaron los planetas…y le pareció un rollo ¡Pero… si la noche anterior, secándole el pelo, me preguntaba hasta por las lunas de Saturno (Mientras ojeaba un libro titulado “La tierra y el Cielo”), como la falsa tierra llamada “Titán”! ¡Lo que me hace aprender Julia!
Pero su profe insiste en que anda despistadilla, estoy segura de que tiene toda la razón.
No desisto en mi empeño de que ella se adapte al sistema, aunque me duela el corazón. Os lo aseguro.
Está decidido, nos pondremos en manos de su tutora, que además tiene buena fama, muchos me lo han corroborado. Entre otras cosas porque no soy profesional de la enseñanza, ni tengo tiempo para aprender a serlo. Bastante tengo con contar ovejas.
Así que estas letras las escribo como simple desahogo (mío), como máximo desahogo de Julia y sobre todo para mantener mis manos entretenidas, evitando que le den a Julia un buen cocotón… porque aquí, a mi vera, lleva más de una hora para completar dos miserables fichas y os aseguro que está a punto de consumir mi último ápice de paciencia.
Todo sea porque se distinga lo menos posible de los demás ¡No dicen que la virtud está en el término medio? Lo mismo otra virtud sea el poder pasar lo más desapercibido posible entre nuestros semejantes.
Creo que siempre me quedará alguna lastimosa duda. En fin…para lo que dan tantos minutos.

sábado, 11 de septiembre de 2010

El coche agradecido.

Paro algún día a repostar en la gasolinera de Chaherrero, no pertenece a ninguna red de esas importantes, ahora ni me acuerdo de como se llama. Está en venta.
Paro a la que vengo hacia casa, porque tienen un pan, horneado en Riocabado, buenísimo.
Y paro, desde hace ya nueve años, desde cuando regresaba casi a diario con Alfonso, porque algunos de los que allí atienden son la mar de simpáticos y amables. Siempre lo comentábamos. Ahora hay que desviarse de la autovía para visitarla.

Y ya sé que lo hago re-mal pero cargo el depósito cuando ya va consumiendo la reserva y siempre pido que lo llenen. De vacío a reventar. Luego, de esta manera, al volver a incorporame a la carretera siento como el coche, va mejor, más lisito, con la tripilla llena. Y recuerdo la miradas cruzadas con Alfonso cuando él me acompañaba, porque nuestro sentir coincidía en esta situación. Nos parececía que el vehículo nos lo agradecía, respondiendo con más salero a la pisada del aceleador. A veces conducía él y otras veces yo. Son tantos los huecos que acupan en mi cabeza los pequeños recuerdos vividos con Alfonso que, cuando agrupe aliento, me gustaría compartirlos todos con vosotros.

Hace unos 15 días fui a pagar (me despachaba quien, ahora sé, se llama Manolo), con tarjeta (claro) y resulta que le di el D.N.I (que ya, por inercia, lo presento siempre junto a la tarjeta de pago) y el carné de conducir(que le tengo con el formato nuevo).
-Pues muy bien...¿Y con cúal te cobro?- Sonrió
-¡Caray, ya me gustaría poder pagarte con cualquiera de los dos!- Me disculpé mientras sacaba la plateada de la cartera.
Como siempre, de otras cosas seguimos hablando.

A la semana siguente, otra vez a llenar...¡Qué ruina!
Estaba el menos risueño de los pependientes. Aceptó la comprobación con el carné de conducir porque me di cuenta de que me faltaba el D.N.I.
Pensé, en voz alta (cosa que suelo hacer cuando alguien me contempla, algunos dirán "Y ¿A mí que me cuentas?")
- ¡Vaya! Se habrá quedado en la mochila...-

Hacía pocos días había cambiado el uso de esa mochila por un bolso más apañao (que no más nuevo), ante la insistencia de mi entorno más cercano: "Qué esa mochilona que llevas es de muy poco glamour, eso es para meter un bocata e ir a zampártelo al campo". Pues me convencieron, usaré algo para llevar mis cosas más recogiditas.

Y ayer mismo he vuelto a tener que repostar, nuevamente he elegido comer buen pan y comprar unas pastas para llevar a casa de Ana, así que saliendo en Chaherrero... Sabía que Manolo estaba de vacaciones. Me encontré con un rostro que me resultó desconocido (aunque con el despiste que gasto... a saber)

Todo tan normal.
-Súmame esto también- Le dije cogiendo unos regalices rojos (y sin comer que iba yo, luego regaño a Julia...ains... cómo somos los mayores) y cuando voy a pagar, iba ya a sacar el carné de conducir directamente (porque en casa se me pasan las horas volando y ni siquiera me había propuesto buscar el D.N.I.) . Y el chico nuevo me medio pregunta, me medio confirma mi lugar de residencia. Después de escuchar afirmativa respuesta, tras mi cara de interrogativa sorpresa, él se explica:
-Al verte entrar he pensado que eras tú- Mientras sacaba de detrás del monitor el perdido D.N.I.
-Así que, ¡Estaba aquí!- me alegré.
-Sí, se lo han debido de encontrar, aquí, entre los chicles- Mientras señalaba la estantería que justo precede al mostrador.
-Claro, se me debió de caer el otro día... me atendía un compañero tuyo que me dijo que en invierno también vive allí- Argumenté.
-Ah, sí , Manolo. Está de vacaciones-
-Lo sé, aquel día me dijo que se marchaba el siguiente-.
Charlamos pocos minutos más, y según avanzaba hacia la puerta, levanté la voz:
- ¡Vaya, qué alivio haber encontrado el documento!-
- Pues si, un quebradero menos de cabeza-Se despidió.

Continué el camino, por la carretera que, desde la construcción de la autovía, ha quedado desierta.
Con el coche saciado, agradecido.
Comiéndome los tobosines que también hubiera disfrutado Alfonso, mientras me hubiera mirado de refilón, sin hablarnos, los dos maquinando en lo mismo: "Pero que finito va el clío ahora, parece que se desliza mejor".
Algunos seguimos intentando sencillas formas de contentarnos.

Y entre melancolía y recuerdos marché pensando -¡Qué cosas tiene la vida! ¡Qué sucios revolcones nos depara! O qué vueltecillas da, a veces, tan simples y cotidianas-.

sábado, 28 de agosto de 2010

Un gran corazón cultivó un pequeño tomate corazón.

Soy de las que por haberse comido un kiwi y haberse bebido un par de vasos de agua, se creen en el pleno derecho de poder atiborrarse, después, con cualquier dosis de colesterol y chucherías, por el módico precio de cero arrepentimiento. Es como que, al compensarse en mi mente, se vayan a equilibrar también en mis michelos, modelándose divinamente. Y desde que no fumo (que ya van años- con mis pequeñas licencias-) casi que peor. Cambié el cigarrito de la sobremesa por suculentos postres, que antes ni sabía que existían.

Cuando conocí a Jordi, en primero de Veterinaria, todavía tenía yo 17 años (porque soy, como Luisa, de las chinorris de diciembre) y pesaba 47 kilos (muy acorde a mi estatura). No me dejaron subir a aquel autobus, aparcado junto al aulario, y donar sangre hasta 3º de carrera, pero desde entonces la progresión ha sido imparable... pero me consuelo... Una de las personas mejor conservadas que conozco es mi amiga Raquel, que vive en el pueblo en el que ahora trabajo (aunque ella tampoco es de allí). Me contó el secreto de su tersa piel: -"Un kilito al año y mucha Nivea, hija"- Pues he tomado alguna nota, lo de sumar casi el kilo, por lo menos.
A Raquel también le añadiremos su gran fortaleza, alegría, ganas de vivir y compartir y su gran capacidad de amar que siempre la colmará de juventud.
La conocí por ser la mujer de Pepe. Cuando me sentaba en su despacho a hacer las cuentas de los portes contratados. Pepe justo tiene los años de mi padre, ella es algo mayor que él. Son una pareja ejemplar. Se encontraron y se enamoraron ciegamente en plena madurez. Ella viuda, él iba para eterno soltero y eternas noches de juerga, que amigos nunca le faltaron.
Conducía camión propio, un Man pequeño, en él cabían unas cuantas vaquitas de desvieje (de distintos socios de la cooperativa) que llevabamos para el matadero. Nos presentó Jose Carlos, por aquellos tiempos en los que yo ejercía de tratante de ganado ( no lo digo tan de broma, ya os lo contaré) y allí, en Fuentesaúco, muchas mañanas, bien temprano nos hacían esperar. -"Pues... te invito a un café con un pincho de tortilla"- guiñaba sus dedos a la vez que me animaba, con su voz entre ronca y melosa, un poco temblorosa y siempre apacible. Y aquella voz me contaba historias increíbles y entrañables de toda una vida en La Moraña. Como el porqué de aquel apodo, por el que todos le conocen y tan poco parecía corresponderle, aunque para nada le incomode: "el Buitre". Nos hicimos amigos, digo que para siempre. No sabéis cuantas aventuras...
Gracias "Buitre" por tu patrimonio compartido ( y por aquellos cuponcitos que comprábamos y que nunca nos tocaban), gracias Raquel ( por aquellos abrazos que conseguían levantarme a un palmo del suelo), sin vosotros saberlo, fuisteis unas de las brisas que en aquellos años, tan duros para mí, en los que tenía que trabajar en faenas tan poco afines a mi persona, alejaban de un soplido los malos humos acumulados para pintar, siempre, en mi cara, una gran sonrisa.

Están buenísimos esos tomates que me disteis. Julia todavía no se ha comido el suyo, ese pequeño con forma de corazón, porque dice que primero quería hacerle una foto de pareja, con un pimiento de Padrón de los que trajeron el otro día Marga, David y Alejandro de su viaje por Galicia. Lo malo es que ya los tenemos fritos y comidos. Unos picaron y otros "non".

Sé que no me váis a leer, asi que ya pararé otro día a deciros, de nuevo, todo lo que os quiero.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Una de los nuestros.

He recopilado algún indicio de que, tal vez, no lo esté haciendo yo tan mal, como madre digo.
Aunque reconozco que alguna vez me paso con el "adiestramiento" de mis hijas, a todos nos gusta tener a los hijos "bien" educados y sobre todo nos "engorda" que nos feliciten por ello los demás ¿Verdad Caro? En el fondo me acojona que pueda llegar a ser una "buena chica". Quizás triunfen las arpías con más comodidad.
Pues ésta debería ser una de nuestras últimas metas.
Me doy cuenta de que, en realidad, lo que verdaderamente me enorgullece, lo que me reconforta y me salpica de momentos de felicidad son otras cosas. Os voy a comentar tan sólo dos, de muestra sirve un botón.
Un día de la semana pasada, fui a recoger a la enana a la guardería con Julia y de vuelta a casa, les pongo la radio porque a Julia, ahora, le gusta Paulina Rubio, Shakira y tal... sobre todo la canción del Mundial, claro. El caso es que por allí graznaba el David Bisbal con su canción para la misma ocasión futbolística.
-"Eschucha Julia, esta canción también es del Mundial, a ver si te gusta"-
El tiempo imprescindible la oyó sin hablar (si que le gustó), pero en breve resolvió:-" Pues yo Mamá, de mayor quiero cantar una canción de Mundial"- (de vez en cuando le da por decir que quiere ser cantante, cuando no ingeniera -quiere inventar robots- o paleontóloga-porque también quiere coleccionar huesos-)
-"Pero Julia, los Mundiales sólo son cada cuatro años..."-
-"Pues mejor"- me replicó -"Así tengo muchas más vacaciones"-
¡Qué bueno! Pensé en mi "inocente" mente adulta que ella lo decidía por poder sacar un disco y forrarse fácilmente a la primera.
Espero que no cambie nunca esa mentalidad y que no dirija sus pasos, en su lejano futuro profesional, simple y llanamente para ganar dinero y más dinero.
Pero ahora os voy a contar la mejor. La semana pasaba han sido las ferias por aquí y en uno de los paseos que nos dimos cacharritos arriba , cacharritos abajo, nos cruzamos con una profe de Julia que tiene una bebé de la edad de Luisa. Ella también paseaba por allí con su hija y su marido. Nos contó que irían a casa a cenar y a dormir a la nena: -"Claro, como la peque sólo se duerme conmigo al pecho... pues eso que me toca y tan felices."-
Esbocé una amplia y cómplice sonrisa -"Te entiendo, nosotros también...hasta que los cuerpos aguanten... ya lo echaremos de menos."-
La dos tan naturales... como si hablaramos de cómo preparar un biberón ;) Como si el resto del mundo nos comprendiera, de repente, tanto como yo me identificaba con ella y ella conmigo, como si lo normal fuera lo nuestro. Lo más sorprendente fue que ninguno nos sorprendimos. Muchas me comprenderéis sin tener que explicaros más detalles.
Ya de camino a casa, conducía Jordi, yo atrás con Julia a un lado y Luisa al otro (que todavía tenemos truco para dar la teta en el coche... y sin salirnos ninguna de las medidas de seguridad ¡Toma ya!)
Le comenté a Jordi, así en plan paraentendernosrápido -"No sabía que esta chica era de los nuestros... ves, nunca sabes. Hace ilusión encontrarnos ¿no?"-
Julia se entrometió en la conversación (ya sabéis que, a veces, el entrenamiento falla)
-"Pues yo de mayor también quiero tener una familia como ésta"-
-"¿Cómo cúal, Cariño?"-
-"Como la nuestra."-
-"Pero si ya la tienes, aquí estamos."-
-"No Mamá, digo que quiero tener una hija mayor, como tú me tienes a mí y una bebé que tome teta como Luisa."-
La charla siguió hasta que aparcamos, pero... que más os puedo decir. Esto concentra mucho para mí, espero que ciertos valores queden encapsulados en los corazones de mis hijas para que afloren, en su momento, cuando más los necesiten.
Sé que el camino es largo y que, rondando los quince años, vivirán el lapsus por el que hemos pasado tod@s. ¡Y... qué cojones... que lo disfruten!

martes, 10 de agosto de 2010

¿Qué inteligencia dices?

Sí, es verdad, de acuerdo, lo reconozco, me lo he inventado. La Inteligencia Emocional, si buscáis la definición en la red, es otra historia.

Ha pasado que en una de esas conversaciones de sábado noche en la cama, este fin de semana, le recordé a Jordi lo admirable que me había parecido la labor conciliadora de Julia, esa misma tarde. Después de oírnos discutir por lo más importante del día: Jordi quería que le ayudásemos a regar y yo me vi capaz de, en el rato que el cambiaba a las peques los zapatos, fregarme el segundo cajón del congelador (ya sólo me queda uno) para dejarlo secándose, cosa que a él no le pareció del todo bien porque no quería verse, sólo, regando cual vulgar tarde de entresemana. Pues por cosa tan tonta ya está lío.

Julia, de la misma manera que hubiera hecho la Mafalda de Quino, vino a uno y a otro eligiendo las mejores palabras para arrancarnos la mala bají y ponernos la sonrisa. Ella misma decidió que lo mejor sería que cada día uno de los dos fuese el Jefe. Y justo este sábado me tocó a mí. ¡Qué bien!

El caso es que, por ese detalle y alguno más, se me ocurrió decirle a Jordi que, para mí, Julia tiene una acusada Inteligencia Emocional. A lo que él me contestó:
“El caso es que por más que he oído hablar…no tengo muy claro que es eso de la Inteligencia Emocional”
Y entonces yo, descaradamente, me lo inventé y él como casi siempre, atentamente, me escuchó:
“Pues yo creo que es la capacidad de ponerte en el pellejo de los demás, de sentir empatía… Es la inteligencia que nos haría sobrevivir a todos como en una tribu ancestral, la inteligencia que no tiene valor individual, la que beneficiaría siempre al grupo.
Tiene algo que ver con el Concepto del Continuum ¿Quién es considerado más inteligente en una tribu así? Pues el que se mira su propio ombligo no.
Es, precisamente, la inteligencia que ahora menos se valora, sino todo lo contrario, se menosprecia. En una sociedad como la nuestra, el disponer de esa inteligencia sólo te conducirá a recibir todas las hostias del mismo lado. Ahora lo que se valora es otra inteligencia, la que te lance al éxito individual, con la que consigas llegar a tener mejor coche que el vecino…” y bla, bla, bla…Cuando no tengo la obligación de madrugar al día siguiente soy capaz de enrollarme hasta el infinito y más allá.

Pues tan convencida que lo solté.

Me contestó que no era entonces tan distinto a como se vivía aquí mismo, en España hace no tantos años.

Claro, esa es la clave, pero hemos evolucionado en poco tiempo a una forma de entender y compartir la vida muy extraña, sino retorcida. Nos hemos cargado nuestro sentir más rural y la hemos fastidiado.

Lo he dicho en alguna ocasión, me voy a repetir porque es el mejor resumen gráfico que encuentro: las vida, la vida de las embarazadas, recién paridas, lactantes, biberantes, la vida familiar... debería ser como en las reuniones de Leche Mágica. Podría titularlo con el mismo lema que el de los Tres Mosqueteros ;)

Muchos problemas de sociabilización, depresiones postparto, lactancia, alimentación, crianza y demás serían abolidos. Reducidos a la nada. No estamos programados para vivir solos. Y eso que soy bastante solitaria. Algo rarita, desde pequeña.

Y no me quejo de mi experiencia particular, que aquí donde vivo gozo de enorme fortuna, porque hay personas a mi alrededor que me cuidan, que han conseguido erradicar de mi mente la mayor parte de los sentimientos de forastería y me han incluido, dulcemente, en su tribu.

Al final me voy por las ramas… y es que sentarme aquí a charlar con vosotros, después de tanto tiempo, es lo que tiene… que me gustaría contaros tanto… y al final me enredo y me atropello.

Entonces… ¿Cómo se llamará esta Inteligencia que digo? Está claro que cada día, me cuesta más mantenerme bien informada. Pero bueno,al final, lo que más cuenta en un sitio como este es la interpretación personal de cada cual ¿O no?

domingo, 25 de julio de 2010

Este paisaje.


Para alosqueoscuesteimaginar y para yo misma recordar.
Estas fotos las saqué esta pasada primavera cuando escribí "En un lugar de La Moraña..."




Pues en vivo y en directo es mucho más bonito.

miércoles, 30 de junio de 2010

Pajaroto



Hace tiempo me propuse, desde el comienzo de esta andanza por el blog-espacio, ser constante... no abandonar...

Y, aunque parezca lo contrario, en algo he ido cumpliendo: Mi cabeza no ha parado de volar y mi necesidad de comunicarme no ha menguado lo más mínimo, pero otras cuestiones, me han retenido un poco por aquí, por tierra.

También dije que la semana que no pudiera escribiros, por lo menos colgaría alguna foto o algún vídeo...pero en estos dos laaaaargos meses... ni eso.

De ahora mismito no pasa, me acordé de Pajaroto, vino cuando Julia no había cumplido ni los tres años, lo trajo mi vecina María Ángeles -"Encontré este polluelo"- me dijo -"Lo traigo para que lo vea la niña y luego ya lo soltarás"-
Eso mismo pensé yo: Sí, lo soltaré, porque estos pajaritos indomesticados nunca comen y siempre se mueren.

Pero para nuestra sorpresa y nuestro gozo Pajaroto devoraba voráz gusanitos de jamón dulce y pan mojado, creció y creció, me lo llevaba todos los días a la granja para que no pasara tanto tiempo sin comer (este jefe mío también tiene una paciencia...), aprendió a volar, a cazar lombrices y tijeretas, le pusimos una casa en el jardín (que le gustó cero, no calculamos bien el crecimiento de las plumas de su cola y no cabía bien, además de que descaradamente resultó ser un ave de suelo) y le concedimos de nuevo su merecida libertad...me esperó algunas madrugadas en el jardín para darme los buenos días... y ya no le ví más, o quizás sí.

Os intentaré poner un buen reportaje gráfico (esto va tan lento...), que seguro valdrá más que mil de mis palabras.

Lo primero una buena cama. Chusta y Ratulí nunca le miraron con buenos ojos, hay instintos que no son domables.



Y una buena merienda.



Os iba a poner otro par de vídeos, de cuando estaba crecidito, libre por el jardín... pero ya se ha colgado el cacharro este y me desespera. Para la próxima.

A ver si es más fácil alguna foto, ahí van:

El intento de casa, todavía está vacía en el jardín.

Lecciones de vuelo. Resultó ser aplicado alumno y un magnífico piloto.

Y con Esther, en una de esas visitas... porque le pillamos de paso, ya sabéis.

Subir fotos, mucho más sencillo. ¡Hala, cuatro del tirón!

domingo, 9 de mayo de 2010

¿Quién dijo paciencia?

Pues no, no soy paciente, nunca lo he sido, no poseo realmente esa virtud que otros me asignan o puede que aparente tener. Como todo buen Peter Pan lo que quiero... lo quiero ¡Ya! ¡Cojona!

Lo que pasa es que voy aplicando, sigo cada día descubriendo, algún truco del almendruco.

Intento aprovechar cada momento para disfrutar, lo que nigsifica conseguir entretenerme observando los detalles, detalles pequeñitos.

Casi todo entorno me puede parecer bien para estar el rato que corresponda, he dejado de desear estar en otro sitio que pueda considerarse más apetecible, intento que me agrade donde estoy, por pocas aportaciones que aparente haber en el lugar que me acoge (digamos la cola de la caja del supermercado, por ejemplo), siempre hallo algo o alguien positivo que pueda llenar las arcas de mi recreo. Es un ejercicio relativamente sencillo, aprender a valorar: que lo poco, puede llegar a ser mucho. Y sino, siempre es válido imaginar, volar. Nada lo impide.

Esto, a su vez, está totalmente relacionado con dejar de esperar vivir en un futuro que siempre se nos antoja será mejor, a veces incluso pensamos que porque es posible que consigamos disponer de bienes materiales de los que en el momento actual no disponemos (metidos en esta rueda es díficil llegar al destino, mejor apearse en la primera parada y seguir a pie). Vivir en el futuro es casi peor que vivir apegado al pasado, porque por lo menos este fue real y es recordable, pero el futuro anhelado de manera concreta, puede quedarse en esa utopía, en espejismos vistos mientras deambulamos por ese desierto que nosotros mismos creamos, al no saber apreciar la belleza de lo que pisamos.

Sería mejor aprender a disfrutar el viaje. Sacar la cabeza por la ventanilla y otear el camino, mientras intentamos retener en los pulmones el aire fresco que se escapa, rozando veloz nuestra cara.

Esto a su vez, está totalmente relacionado con evitar (yo solita) frustrarme. Dejo de proponerme metas que sé no voy a conseguir, no quisiera parecer derrotista (aunque muchas veces si lo soy) quiero decir mejor: intento no cargar los bolsillos con ciertas esperanzas (como empezar y acabar de escribiros algo del tirón :))))), aunque ilusiones siempre se llevan, a veces… como lastre pero casi siempre como banderas.

Junto a las peques, es más que probable que al concluir el día, cualquier parecido con lo pensaba iba a vivir sea mera coincidencia, cualquier plan, por sencillo que parezca, puede terminar siendo una sonada aventura. ¿Qué os voy a contar que no sepáis!

Esto, a su vez, está totalmente relacionado con intentar aparcar la prisa ¡Así me luce el pelo, llegando tarde a casi todas partes! No, eso no me gusta tampoco…Quiero referirme a que cuando ya he conseguido llegar (aunque, inevitablemente, con la lengua fuera) dejo de sufrir esa velocidad, por lo menos que cada insignificante cosa que hacemos sea tranquilamente disfrutable.

Así, con esta cadena voy forjando lo que, a mí misma, me resulta fácil confundir con pachorra, pero debe ser algo más parecido a la templanza, quizás lo estoy consiguiendo y no es sólo apariencia (de paciencia). Todo puede ser.

domingo, 2 de mayo de 2010

Julia Julieta.

Sabéis que tengo una hija de 5 años, mi hija mayor, se llama Julia. Ya no le queda tanto para que ella misma pueda leerme y amonestarme –“Jo Mamá, ¡Me han manido los manicormios! Sólo hablas de bebés y de tetas. Si lo que mola son los dragones y `Código Lyoko´. Es que no te enteras…”-

(Esto de manirse los manicormios dice que lo oyó en una de tantas películas que le gustan: `Bolt´. Pero la he vuelto a escudriñar con ella de cabo a rabo y no hemos escuchado en ningún momento tal frase. Explica Julia que a veces la gatita la dice y otras veces no. He debido de verla en el día del no, lástima).

Ella suele hablar bien (que no digo que sea lo mismo que pronunciar bien: la “R” se resiste, pero va progresando) le sigue fallando murciègalo y poco más. Aunque no hace tanto conjugaba perfectamente el verbo nigsificar. Por ejemplo:
-“Mamá, el semáforo está verde, nigsifica que podemos pasar ¡Vamos!”-

Es muy bonito vivir con Julia (aunque en ocasiones agote mi paciencia, esa paciencia que parece que sólo nuestros propios hijos son capaces de apurar… y si lo pensamos un momento veremos que mucho más la culpa siempre es nuestra).

Es una niña dulce, ni mucho menos cursi (aunque si que le gusta el rosa y por supuesto la purpurina), es prudente y, en lo que cabe, obediente.

Parece que no le gustan las camisetas lisas, ni las camisas de botones, ni llevar el pelo corto, ni ir de compras, ni jugar con las muñecas, ni `Dora la exploradora´, ni la cebolla, ni la pimienta, entre alguna cosa más.

No es de (lo que se suele entender como) talante cariñoso, ni besucona. Yo tampoco. Lo que no nos quita de ser románticas y de que terminemos buscando la compañía mimosa de a quienes amamos. Y tampoco nos libra de los daños a nuestros frágiles corazones con conexión directa a lágrimas automáticas.

Disfruta en el cine, en casa en pijama, con la arena, con sus amigas del alma, con Jose, con los viajes en compañía de sus primos Pol y Ernest, en la piscina de Santa Pola, perdiéndose en el laberinto de `Los Jardines´, comiendo a todas horas, con sus abuelos, con Chusta y Ratulí…

Escucha, con la justa atención, historias (porque prefiere ver la tele, snif) sobre todo cuando a los personajes les apodamos “mendruguines” o “merluzos” (evocación de los tebeos de `Mortadelo y Filemón´ que ya le lee su padre, los he tenido que prohibir para dormir… porque dentro de la hora relajación me parece que no es lo mejor atragantarse de risa) .
Pero su mayor diversión es hacer actividades caseras (porque las fichas del cole le cuestan un triunfo y otro triunfo a sus padres… menuda lata con los deberes) dibuja, colorea, recorta, pega, purpurinea, moldea… deja todo lleno de cachitos minúsculos de cualquier material, por cualquier sitio, de cualquier color… y nunca, jamás (para desesperación de su padre) recoge (a no ser bajo orden tajante). Eso si, luego guarda a buen recaudo sus creaciones en su rincón secreto (en la cabecera de su cama, tras el cojín de los dinosaurios) junto a los tesoros que trae de la calle o encuentra en casa: hojas secas, piedras, trozos deformes de hormigón, de ladrillos, bridas, conchas de mejillones, cera roja de la corteza del queso…hasta a mí me da pena tirar ciertos patrimonios al hacer limpieza.

Su chiste preferido (además del infaltable perro `mis tetas´) es el de un tartamudo y un ciego y lo cuenta bien:

Esto es un ciego que conducía y un amigo tartamudo que le guiaba -“Cu…cu….curva a la derecha”-
Y el ciego giraba.
-“Cu…cu…curva a la izquierda”-
Y así iban avanzando.
Pero en una curva… ¡Zas! Se pegan un leñazo.
Y el tartamudo comienza –“La…la…vi…. La…la... vi…”-
Y el ciego –“Pero si la viste ¿Por qué no me lo dijiste?”-
Y el tartamudo termina – “La…la… vi… ¡La Virgen , que porrazo nos hemos pegao´ “

Me gustaría poder contaros muchos más ratos con Julia, muchas cosas de Julia… pero muchas otras, al pasar pocas horas, se me olvidan, son recuerdos que archivo en no se que rincón de mi mente o de mi corazón y allí se deben de quedar dormidos.

Ha venido un día preocupada del cole porque ningún amigo se cree que en nuestra casa vivan con nosotros los Duendes. Pues ayer mismo Julia vio uno escabullirse tras el rodapie carcomido de la cocina. Ellos observan lo bien o mal que nos portamos y según, nos dejan escondidas sorpresas que ellos saben que nos agradan, ahora que Julia va sabiendo leer también le dejan alguna nota de vez en cuando, escriben un poco mal como si les temblase el pulso, deben ser los nervios por si les pillamos.

También llegó enfadada porque algunos compañeros han comenzado a burlarse de su segundo apellido… que me vas acontar a mí, yo siempre lo llevé de primero. ¡No te queda na´! Los niños son así. Pero tengo algunos primos a los que es probable que se lo hicieran pasar incluso peor... imprudentes combinaciones de estirpes familiares :D

Julia, te lo he dicho alguna vez - “No hay mejor desprecio que no hacer aprecio”- . Pero creo que, con 5 años, esto todavía es abstracto para ella. Supongo que le queda un tiempo todavía de entrar al trapo, que le vamos a hacer.

Y su lógica, como la de cualquier niño de su edad, siempre es aplastante. El viernes se probaba un disfraz de ángel precioso que ha heredado de Jose y Tomás.

-“¡Qué bonito es Julia! ¡Con plumas de verdad y todo!”-

Yo, ya viéndome chapucear con la aguja o socorriéndonos la Avie Luisa que cose bien del todo –“Lo único que te queda un poco grande… pero eso tiene fácil arreglo”-

Y ella contesta rápido –“¡Claro Mamá! ¡Sólo tengo que crecer un poco!”-

¡Pues si! Mucho más fácil que ponerse una a coser.

Es verdad que con el segundo hijo suele ser más sencillo, lo entendemos los padres todo con más calma (aunque ya nazcan más terremotos) y se disfruta de otra manera (se aprende a ignorar más a los opinólogos, entre otras cosas).
Pero con Julia fue mi transformación a madre, los años que pasó como hija única forjaron unos nexos que yo creí languidecerían con el nacimiento de su hermana y desde luego no puedo negar que la historia cambia: que para el primogénito no podemos evitar que sea un trago (aunque termine demostrando que adora al bichito) y encima , esta vez, no puedo usar el truco de ponerme en el recuerdo de mi propia infancia para comprenderla, fui terremoto segundo, tuve la fortuna de nacer y crecer disponiendo, desde el principio, de un hermano y no ser jamás destronada por un tercero, ni tener que luchar por ser la princesa más linda de la casa. Fui, no hija única, pero si la niña pequeña única.

Sin duda, iré contando más de esta Reina de mi Reino que a ratos sigue sufriendo la llegada (hace 16 meses) de la Princesa Luisa Petisa que todavía es un poco incordiona, la verdad.
No te preocupes Julia, que tendrá que crecer y madurar, para llegar a ser esa hermana y compañera que tú imaginabas y que, por ahora, poco se parece a esta enana mocosa, babosota, gritona e imitamonos que tantas veces te crispa. ¡Mira este rato que lleváis con la casa de los fantasmas que te regalaron Paula y Marta! Es todo un avance ¿no crees? Ten paciencia mi Amor, una poquita más de la ya estás teniendo. Luisa también se lo merece. Confío en tí.

lunes, 26 de abril de 2010

En un lugar de La Moraña...

¡Al fin verde este paisaje! Ese en donde puedo, libre, estirar la mirada como quien desenrolla de un plumazo una larga alfombra de pasillo, hasta el inalcanzable horizonte que une tierra y cielo multicolor, en el que cada alborada cambia las rayas de su pijama el sol.

Esta es mi nueva Castilla la Vieja, porque yo nací también castellana cuando lo que hoy llamamos Comunidad Autónoma de Madrid pertenecía a la otra Castilla, la Nueva, la del Sur.

De todos modos, este paisaje fue un desconocido para mí hasta que el destino me depositó aquí. Me costó acostumbrarme, sobre todo me faltaban los árboles de la Cuenca Alta del Manzanares, enebros, encinas y madroños cercanos donde subirme, donde esconderme, de los que recoger sus frutos, que me dieran sombra, entre los que camuflábamos las cabañas secretas con mis amigas de la preadolescencia.

Me faltaban los roquedales, donde escalaban Coque y Nico ante mi atónita mirada; rocas de granito, con sus pintitas desde negrísimas a transparentes en toda la gama de grises, cubiertas de escurridizo musgo en invierno, tostado y crujiente en verano, por donde deambulaban aquellas enormes hormigas solitarias; grandes piedras para trepar hasta el Canto del Pico y desde allí divisar la Capital del Reino con su corona de cenizas planeando sobre sus altas torres.

Me faltaban también los matorrales, las pegajosas y olorosas jaras vestidas de manchado blanco, el tomillo y el cantueso con sus orejitas moradas, tantas cosas añoraba…

Al llegar, La Moraña sólo me ofreció llanuras, de tierras muy secas, en pleno mes de julio. No me planteé lo que para otras épocas del año me deparaba.

Pero ya soy muy capaz de apreciar y valorar lo que a diario observo. Aquí, en primavera, comienzan a florecer las malas yerbas que salpican de colores las lindes y cunetas; se comienzan a lucir las cigüeñas, con sus crotoreos, en lo alto de las ruinas de Castro Nuevo; comenzarán a estirar sus tallos los cereales para poderse mecer, con el inagotable viento que aquí sufrimos, en mansas olas envidiando a los lejanos mares, primero se verán verdes y silenciosas pero cuando se agosten al sol del verano comenzarán a susurrar confusos murmullos al son de sus roces. Quizás teman que lleguen, desde el Sur las cosechadoras, a convertirlas en regueros de paja seca mientras deshacen sus espigas en cada uno de sus granos, que se molerán en harina para hornear ricos panes y bizcochos o para alimentar al ganado que, por aquí, dispone de pocos prados.

La paja que allí quede será apresada en pacas, unas: rectángulos que un día alguien ordenará en un gran Tetris3D todas bien encajaditas, las otras: grandes ruedas desafiando la pendiente de algunos valles y suaves colinas.

Llegará el otoño y con las primeras lluvias, cuando el terreno ablande un poco, los imponentes tractores sembrarán las mejores semillas, las que se salvaron de la molienda… otro ciclo sin fin.

Me gusta este paisaje, cambiante. Necesito este horizonte, libre, abierto. Me inyecta energía. El hormigón urbano, definitivamente me la sisa. Me puede.

Mis senderos ahora son estos, a lo lejos lo único que se alza, allá hacia el Sur, es la Sierra de Gredos, si busco en otros puntos cardinales no hallo nada o lo encuentro todo: un cielo donde las nubes viven ordenadas desde las más grandes, en primer plano, hasta las más minúsculas allá lejanas, todas a al mismo nivel del suelo como apoyadas en un cristal que no les permitiese bajar más.

A veces me quejo de este clima continental tan extremo, pero no se estará tan mal por aquí, cuando aquí me quedo. Creo tener la fortuna de pasar cada día por desde donde, supongo, sacaron esa foto predeterminada que otros tantos sólo pueden disfrutar en la pantalla del escritorio de su ordenador.

lunes, 12 de abril de 2010

De la risa al llanto como de cero a cien en un cohete.

Tan sólo hace un par de horas me he sorprendido a mí misma, pasando de la risa al llanto en décimas de segundos. A veces me pasa.

Os lo voy a contar, a ver ¿Quién es capaz de comprenderme mejor? Sé quienes seréis: Vosotras, las mujeres, en especial las que habéis parido.

A veces, tengo por costumbre entretener a Julia hablándole de cuando estaba en mi tripa, del momento de su nacimiento, de cuando era bebé, se lo adorno de múltiples mentiras y ella se parte de risa, continuamente repite- “Sigue Mamá”-

Esta noche mientras se terminaba el postre de la cena (que para colmo era media naranja “en sello” como decimos nosotras) estábamos de de esta guisa:

Yo de pie interpretando la parodia:
-“Pues ya una tarde salimos pitando para el hospital, para saber que opinaban los médicos porque a mí me dolía mucho la barriga, y ellos dijeron que tú ya querías salir, así que se pusieron todos muy nerviosos, un médico a cada lado como los porteros de futbol, uno parecía Casillas y el otro el portero del Barça (que no me acuerdo como se llama)…¡Venga aprieta! ¡Cuidado no vaya a salir corriendo la mendruguina Julia por el pasillo! Que viene diciendo que quiere un bocadillo de jamón, la tía.”-

Y ella riendo con la boca bien llena de gajos de naranja (¡Qué miedo!): -“Más Mamá”-

Seguí: -“Pues Papá tenía una cara de susto…”-

-“¡Ah si, Mamá! Y ¿Por qué?”

Y el pobre Jordi, por seguir la broma… -“Mamá si que tenía cara de susto”

Me dejo caer en el taburete desplomada y balbuceo - “Eso sí que es verdad”

Y Jordi contesta todavía contento:-“¿Qué has dicho Alejandra?"

Y de repente brotan muchas lágrimas de mis ojos mientras intento repetir: -“Eso si que fue así”

Y Jordi se descoloca total, se acerca, se abraza a mis rodillas: -“¿Qué pasa Amor? ¿Qué he dicho? Si era broma…”

Y mi niña: -“Mamá ¿lloras?”-

Y de verdad que no he llorado porque sus palabras me hayan hecho daño, no. Simplemente me han hecho volar tiempo atrás y recordar, han sido la llave que él ha usado, sin saberlo, para reabrir la puerta que da a un abismo en el que yo me he dejado caer, un túnel que hemos terminado por recorrer muchas.

Y es que no ha podido decir verdad más grande: las caras de más susto en un parto hospitalario son las nuestras, las de las que parimos. Cuando precisamente deberían ser las más valerosas, las más fieras, las más orgullosas, las más felices, las más seguras, las más escuchadas y a la vez las más mimadas.

Todo esto, en ese mismo instante se lo he intentado explicar a Jordi pero seguro no lo ha entendido, creo que entre otras cosas ( además de por pensar que estoy, definitivamente, como una chota del campo) porque no ha sido capaz de sacudirse una culpabilidad que él ha considerado suya y por supuesto no lo es.

Mientras, en mi bucle, aparte de sentirme la más aguafiestas, seguía dando vueltas.
¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿Cuándo? No hace tanto lo normal era parir cada una en su casa, rodeada de caras familiares y amables que no dejaban de dar aliento. Pienso que las que ahora, en estos tiempos, lo consiguen quedan como iluminadas, resplandeciendo. Es el premio a su valentía, la que yo ya no tendré.

No quiero ni pensar, entonces, en los partos de la generación, tan cercana, de nuestras propias madres, que encima de estar en el hospital, alumbraban solas: solas antes, durante y después, con los bebés atendidos en el nido y los acompañantes mirándolos desde el cristal. ¡Y dale al biberón! Que estaba muy de moda lo de la liberación femenina y eran lo último y lo mejor aquellos polvos recién inventados que se querían parecer a la leche materna, sino incluso superarla.
¡Así estamos la Generación Peter Pan! A los treintaymuchos pidiendo a gritos que nos dejen ser los bebés que quizás nunca fuimos. ¿Por dónde andará nuestro Continuum? Anulado, estamos más perdidos que Carracuca.

Creo, ahora, con lo poquísimo que he ido aprendiendo (aún habiendo parido un par de veces) que me equivoqué, que me hicieron equivocar, que el cómo parir es tan importante como los nueve meses de embarazo, como la lactancia, como la crianza… y yo fui ciega, acojonada, pidiendo la anestesia que poco me anestesió y recibiendo la oxitocina a traición, sin preguntas ni explicación. Una pena.
Por eso he llorado esta noche, Jordi.
Por eso he llorado esta noche, Julia.
Luisa ni se enteró, el Coco a sus cocadas.
Cuando mejor nos lo estábamos pasando. Perdónad, chicos.

Y para mí este tema tiene carrete, porque me pone los pelos de punta pensar en los partos inducidos, cesáreas, instrumentos obstétricos, episiotomías salvajes... y demás atrocidades, sobre todo cuando hubieran resultado innecesarias...pero es tarde, debemos descansar, me voy a la cama, mañana seguimos charlando.

Pero sobre todo, esta vez no busquéis mi vena científica (que estoy muy a favor de la evolución médica y reconozco por ella muchas vidas salvadas), ni mi vena poética, me ha salido todo a destajo directamente del corazón. Todo un desahogo. Gracias simplemente por escuchar.

lunes, 22 de marzo de 2010

Irene

Tengo siempre un recuerdo para Irene, cuando veo niñas vistiendo de rosa, con lazos; no olvido cuando su madre afirmaba (conociendo que reniego de alguna que otra cursilería) que desde luego ella sí que la colmaría de cintas y lindos vestidos.

Esther disfrutaba tanto de Irene, Esther siente intensas sus emociones, Esther a apostado por el amor en su estado más puro, Esther tiene una sonrisa abierta, limpia, sincera, la de la gente que está segura de sí misma, la de los que han colocado en su justo lugar la escala de los valores importantes, la de los que van por la vida sin entender como se puede dañar a los demás, ni siquiera criticar.

Esther es una valiente como pocas he conocido (con una increíble fortaleza bajo esa apariencia tan delicada)... La eché mucho de menos en mi último año de carrera (se licenció antes...y eso que siempre me dice que soy tan lista).
Demasiado poco la llamo, con lo mucho que me acuerdo y quizás nunca le he dicho lo que la quiero. Porque los que me conocéis sabéis que soy algo recia en el trato y, seguro, que nunca le he expresado lo que la admiro. Muchas veces mi vergüenza se come, voraz, lo que tendría que fluir espontáneo.

Cuando hablo con Esther siempre queda pendiente el haberle preguntado por Irene, por su recuerdo.

Siempre me reservo el nombrarla por ese inexplicable miedo que tenemos a hacer mal, a reabrir heridas. ¡Qué absurdo!
Y me pregunto dónde están esos elementos que debieron haber formado parte de Irene, que tendrían que haberla hecho crecer y madurar, que tendrían que haber hecho que la siguiésemos viendo entre nosotros.
Yo misma me respondo, porque también soy madre.
Sé por donde deambulan esos átomos. Esas moléculas están rondando a quien la portó en sus entrañas y en sus brazos aquellos meses; entran y salen, cuando respira, de sus pulmones, viajan a cada rincón de su cuerpo impulsadas por su corazón y quedan enredadas en su amor, retenidas siempre en su pensamiento.
Conocí a ese ángel, nació del vientre de esta madre y demasiado pronto marchó, emprendiendo ese viaje hacia donde seguro siempre nos estará esperando.

Recuerdo con detalle la última vez que la vi (han pasado más de cuatro años), era un bebé, tenía 7 meses, la hacían dormir en una Unidad de Cuidados Intensivos y habían comunicado que, despierta, ya nunca más la volveríamos a ver. Pero... quién se podía convencer.
Su madre, con confianza, la destapó. Sólo tenía puesto un pañal -“¿A que está preciosa?”- me preguntó.
Y era verdad, dormida, no cabía duda de que era aquel ángel, vino a visitarnos para no quedarse y no lo pude comprender, me consumía, indomable, la rabia.
Su padre acariciaba su mano, tan diminuta, seguro imaginando que ella pudiera apretar sus dedos, abriera los ojos y le volviera a dedicar una sonrisa.

Irene no se tendría que haber ido entonces. Pero esa misma noche se fue, yo misma me despedí con un beso en su frente, con la esperanza abolida. Yo misma de regreso a casa, cuando Jorge conducía, le pedí a Alfonso que la acogiera en el cruce de sus caminos y que siempre cuidara de ella. Que era muy pequeña. Y así seguro ha sido.

Muchos más recuerdos se agolpan en mi cabeza y no quiero moverlos de allí:

La recuerdo en nuestra casa, con Julia, cuando con su madre (quedándose Borja a trabajar en Coruña) bajaba a Madrid y como le pillábamos de paso… cuando yo digo que es valiente no me faltan motivos.

Recuerdo a Irene con cinco meses, era la más pequeña de nuestros hijos allí reunidos. La Peque. Tan de rosa, que bonita.

Recuerdo el sufrimiento de Esther ante lo imposible de continuar su lactancia. Ella lo hubiera hecho muy bien.

Recuerdo a Irene en la barriga de su Mamá mientras su Papá les hacía fotos –“¡Jo, Esther! Cierra los ojos y cuando cuente tres los abres.. ¡Qué siempre sales parpadeando!”-

He pensado el si pedirles permiso para publicar este recuerdo dedicado a su hija. Porque todos queremos proteger siempre a nuestros pequeños de las indiscretas miradas ajenas. Pero no, finalmente no se lo he pedido, es algo importante para mí compartir este mundo interior donde habitáis conmigo los vivos y de donde nunca dejo marchar a mis muertos. Porque son los que me aportan la espiritualidad que necesito, ante la imposibilidad que tengo, por ahora, de creer en un Dios.

Y también, sin pedirles permiso, sé que son muchos los que hoy firman conmigo. Porque yo sé quienes somos algunos de los que nunca olvidaremos a Irene.