Para bien o para mal, por distintas circunstancias, en esta vida me ha tocado algún que otro peregrinar. Ello ha conllevado el tener que despedir, recibir, conocer gente... algunas de estas personas me han concedido el privilegio de considerarse mis amigos... y muchos, aún hoy, siguen siéndolo.
Gracias por estar ahí.

jueves 8 de marzo de 2012

No todos los días pueden ser azules.



Desplome total.
De alejandrada a alegambada. 
De verdad que es duro. Hago aguas por ambos flancos.
¡Me recuperaré!

martes 6 de marzo de 2012

La Responsabilidad.

Al final, la Responsabilidad va a resultar ser lo importante.

Debería mover al mundo, a sus gentes. Imperar siempre en nuestras almas.
En mi opinión y por experiencia, dejo en muy segundo plano al Método.
Hoy hablaré de mí.

Me propongo como  persona algo responsable.
Me lo transmitieron mis padres, con su simple ejemplo de cada día, por ser ellos mismos, por tratarme siempre con respeto.
Me ha costado un poco pulirme, alguna vez no me han dejado tirar la toalla.

Acabado C.O.U.:

-"Mamá, necesito un año sabático"- (No me digáis que la Selectividad no es suficiente  pago por adelantado para merecérselo.... Lo cierto es que si no es por Virginia -lo sabe ella- lo mismo ni lo intento).

Tendré que  reconocer que gran parte de mis éxitos, se los debo a la buena fortuna de haberme topado en la vida con seres muy especiales, casi mágicos,  que han querido acompañarme en mi camino o llevarme de la mano por el suyo.

-"Mejor, hija, te matriculas y ya descansarás en la facultad..."-
Y así fue. El primer curso sólo aprobé Etnología y el Inglés. No me presentaba a nada porque, entre otras cosas,  los repetidores me inculcaron  algo de miedo al fracaso:
-"¡Esto no se aprueba ni de coña!"- Algo influenciable también soy…

Mi madre siempre dice que aquel año sabático me lo tomé igual. Con o sin  permiso.

Luego he ido siendo más responsable...veréis...
Allá por tercero, escuchar una charla de Alfredo Bengoa  aceleró mi decisión de adoptar unas cuantas tortugas de Florida necesitadas de hospitalizar. Debía pincharles antibiótico intramuscular en una patita del tamaño de una pipa (de girasol) con una jeringa de insulina...

Lloriqueando:-"Mamaaaaaaá... ¡Qué yo no puedo! ¡Pobrecita la tortuga!¡Le atravesaré la pata!"-
Y mi madre, sujetando dentro del caparazón la cabeza y los bracitos del pequeño quelonio mientras le estiraba el micro-muslo:
-"¡Venga, cómo no? ¡Corre, que te la sujeto!"- Ella siempre ha sido la mejor enfermera del mundo, ella sí se hubiera merecido querer estudiar.
Salvé a algunas. Tenía unas peceras para ellas... ¡Cómo reinas! En mi cuarto, junto a la ventana.

No, no he sido voluntariosa.

Me he sacado la mayoría de los exámenes pegándome grandes panzadas de no dormir.

No, no conozco métodos de estudios, ni sé que es eso del hábito de lo que tanto  hablan los profes de Julia.
No he sabido llevar los temas al día. Ni he asistido a todas las clases que se me ofrecieron.

Eso sí, me sintetizo unos resúmenes de la pera, esquemáticos y a color. Que de cuatro palabras luego tiro del hilo y… apruebo.

Además mis propias reglas mnemotécnicas siempre han sido mi salvación. Sobre todo para chapar las listas de vegetales de Agricultura con sus nombres científicos:
 "Mijo común" (Panicum miliaceum en latín) = Mi hijo tiene pánico a la mili hacer aún.

Pero llegó un momento en que la responsabilidad pudo conmigo.
Terminé aprobando cada asignatura de una carrera en la que nadie (excepto mis padres pagando tasas y más tasas) me ha regalado nada.

Siempre digo la verdad, aunque me duela, aunque me tiemble la voz, aunque sepa de posibles represalias, aunque me ponga colorada.

Si no acabo mi trabajo, me quedo o... me lo traigo a casa o me lo llevo de vacaciones.

Si no piloto con los números, me manejo el Excel. Autodidacta total. Me hace falta.

Si cometo un error, lo digo... a veces demasiada tierra encima. Ésto me lo he de hacer mirar.

Mi picaresca es nula, lo que me hace llevarme mil y un berrinches simplemente por...tonta.

Sé guardar un secreto. A veces, lo hago tan bien que hasta se me olvidan.

Si me quedo aquí, ahora, escribiendo hasta las mil...Mañana me levantaré como una rosa, sin protestar y llegaré a mi hora a trabajar. Como la más campeona.

Por supuesto que no estoy orgullosa de todo.

Me gustaría que mis hijas lograran ser  ordenadas, programadas, organizadas... Para que su vida pueda ser más tranquila.

Que no llegasen a conocer las prisas hasta el mecagoenlamehapilladoeltoro. Que no oigan despertarse a los gorriones en los árboles mientras se arrepienten:

-"Otra vez me quedé sin dormir...faltan tres horas para el examen...bueno... lo repasaré en el autobús..."-

Pero si, de alguna manera, salen a su madre (y no a su padre) sólo desearía que, sobre todo, por sus propios métodos, con ellas mismas, con los demás y con su entorno consigan ser  responsables.

Y que sería mejor para sus nervios que además lo pudiesen soportar, como yo, sin tener que beber café.


domingo 26 de febrero de 2012

Lo que quiero ahora. Por Ángeles Caso.

Ángeles Caso.


Carmen me ha mandado por correo este artículo. 
Y me parece tan precioso, tan importante, tan vital, tan sencillo,  tan personal ...Que aquí  lo dejo copiado para quien lo quiera tomar y reflexionar. 
También está el enlace al original.

Lo que quiero ahora: http://www.lavanguardia.com/magazine/20120119/54245109494/lo-que-quiero-ahora-angeles-caso.html

Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.

Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.

Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.

Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.

También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.
Ángeles Caso.

jueves 2 de febrero de 2012

Julia Urosa y Leoncio Niebla. Una parte de mi historia.

Hubiera querido escribir esta resumidísima porción de mi historia familiar antes.
Pero, a veces, me paso de meticulosa.
Quisiera haber tenido más información, haber vuelto a hablar con quienes les conocieron, ordenar todos los datos y mis ideas…
Me lanzaré así, con lo que recuerde. Y si me equivoco en lo que sea, sin duda, me dejaría corregir.
 Es sólo el tronco de un árbol que, como supondréis, tiene mucho más enrevesadas sus ramas, pero si éstas no son podadas os perderíais en  un denso follaje.

Mi abuela Julia se casó, tardía, en primeras nupcias con mi abuelo Leoncio.
Con 39 años ella… ¡En aquellos tiempos! Aún así engendró tres hijos y vio crecer a siete nietos.

Sí, estuvo antes enamorada (cuando rondarían los 19) de Martín, un estudiante de Madrid que veraneaba en Collado Villalba. Se veían en el estío y se carteaban en invierno. Él le corregía las faltas ortográficas de los escritos. Ya que ella, aunque de buena ralea, carecía de estudios. (A mis manos llegó uno de sus regalos: un diccionario miniatura con cubiertas de cuero, que me empeñé en llevar al colegio en 5º de E.G.B. para que me lo birlara mi buena compañera Araceli. ¡Las madres siempre tienen razón: Lo debí de haber dejado en casa!)

Martín falleció joven, víctima de un mal disparo un día de caza.
Mi abuela, que tendría unos 80 años cuando se fracturó un brazo y tuvo que pasar unas noches en casa, durmiendo en una cama a mi vera, me hablaba de él y brillaban sus ojos, tintineando  en sus orillas las lágrimas.Yo misma también le visito cada vez que piso aquel serrano cementerio.

No quiso saber de otro hombre, aunque no faltaron pretendientes (casi todos de alto abolengo), hasta que apareció el tunante de mi abuelo: Alto, guapo, exótico, engatusador. Era cinco años más joven que ella, provenía de Arure en la isla de la Gomera, pero no sé qué contaría él al respecto en aquellos años de postguerra y dictadura, porque su historia es realmente histórica. De las rojas.

Fue uno de los fugados, junto a su hermano Luis,  del sahariano campo de Villa Cisneros en el  vapor Viera y Clavijo. Pedro Medina Sanabria tiene varias entradas al respecto en su blog “Memoria e historia canaria”.

Mi bisabuela Leonor no consentía tal boda. Pero mi abuela, persistente como buena Urosa, dio el sí quiero aún bien avisada de las consecuencias. Su vida cambió radical, todos sus privilegios de elegante señorita quedaron abolidos, la recién casada pareja tuvo que subsistir con una humilde tienda de ultramarinos en la Estación y a Julia le tocó trabajar como en su vida, dándose cuenta (esto me lo imagino por lo que conocí  a mi abuelo) de que su marido era incorregible, que en el bar se divertía más que en casa y que el agua más le gustaba para lavarse que para hidratarse las tripas.

Siendo aún una niña yo le preguntaba: -"Abuelo, ¿No quieres agua?"-
-"¡Déjame de agua! Hace once años que no la pruebo"- Contestaba.
Y podría ser verdad, nunca le vi beberla. Era más de vino y calimocho. Pero tampoco de estar borracho.

A lo que sí accedió la familia de mi abuela fue a aliviarle la carga de manutención y cría del  primero de sus retoños: Mi madre. Se crió entonces en casa de buena casta, custodiada por su estricta abuela Leonor y rodeada de sus tíos solteros que no dudaban en mimarla y agasajarla.
Aún con todo, mi madre y mi abuela siempre tuvieron ese vínculo especial que, incluso hoy en día, creo que las mantiene conectadas.

Mi abuela murió con 86 años porque sus riñones eran ya dos piedras verdaderas. Estaba sorda, sus manos temblaban al son que marcaba su parkinson y era un sol que te regalaba su calor y su sonrisa con tan solo mirarla. Los médicos dijeron que se apagaba y apenas transcurrió una semana. Rodeada día y noche de sus seres queridos, todos revoloteábamos por allí a modo de despedida. Marchó suave y discreta como su vida entera.

Mi abuelo acabaría sus días  unos años más tarde, ingresado en el hospital de El Escorial, no fui a visitarle porque, de mis labios, no tenía nada dulce que escuchar.

Y eso que yo, quererle,  le he querido. Mucho.

Tanto como se quiere a un abuelo al que mientras llamábamos al timbre mi madre aprovechaba para  recordarme:
-"Al abuelo también hay que darle besos"- El siempre gruñía y... me asustaba.

Pero con doce años (Al fallecer el Tío Pinki que era a quien siempre me sentí más cercana) fui capaz de redescubrir a mi abuelo  y nos hicimos grandes amigos, amigos de verdad o... eso creí yo.
Compartí con él  buenos momentos, muchas sonrisas cómplices y grandes historias como la de su fuga africana y la de la pedrada que fue causa de la carencia de uno de sus dedos.

Sí, grandes amigos…hasta que faltó la abuela Julia .
Creo (después de darle tantas vueltas) que por su propio miedo a verse solo, por querer tenernos  a cada uno de nosotros cerca, exclusivamente pendientes de él… terminó por enredar a sus hijos, nietos, yernos…en una mala espiral. Mi abuelo era un bichito.

No soy capaz de no quererle.

Aunque tampoco ensalzaré, ni siquiera a quien ha muerto, si no encuentro buenos motivos.
Aún hoy me entristece tener la duda de si realmente él me ha querido.
Ahora tengo más datos, me doy cuenta de que nunca dejó de ser un  superviviente.
Demasiado que mantuvo ese, aunque algo turbio, sentido del humor.

¡Abuelo; Espero que donde estéis te estés ocupando bien de la abuela, como siempre se hubiera ella merecido,  porque sino esta vez si que no te libras del cocotón!

jueves 19 de enero de 2012

Un parto de campo.

No todos los días son tan buenos en las labores cotidianas de un veterinario de campo.

Y aunque, al principio, se puede llegar a pasar un poco de miedito con el padre de la criatura rondando por allí, sin ganas de hacer nuevos amigos...el final, esta vez, bien merece la pena.

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Las prácticas y aparatos obstétricos pueden pareceros no gozar de la suficiente delicadeza pero, en este caso, sí fueron necesarios.


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Y este choto, además, es de los afortunados.
Aquí no se llega a ver pero cuando se levante, dentro de muy poco rato, podrá estar con su máma y tomar teta.


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Me gustaba ir con Jordi de ronda, acabar comiendo los dos solos en una hamburguesería desierta  un día de Navidad...
Pero tener hijos cambia las cosas.
Ahora es Julia la que a veces quiere y puede hacer la escapada.

P.D. Hace mucho tiempo que no vemos al ayudante de aquel día y al intrépido cámara. ¡Un abrazo chicos! El tiempo y la distancia no siempre causan olvido.

jueves 29 de diciembre de 2011

¡Felicidades mi amor!

Ayer pasaban tres años desde que nació Luisa.

Como dijo mi amigo Paco:
-"¿Qué nació el día 28? Pues... ¡Qué bonita inocentada!"-

Mis padres, como el año pasado, le organizaron una casera, preciosa y concurrida fiesta de cumpleaños.
En la que, a pesar de la advertencia :

-"Por favor, vengan sin regalos"-, le llovieron cuentos y juguetes.

Una rubia, con lógica aplastante, me dijo que sí, que cuando Luisa le dijese que su cumpleaños es sin regalos cumplirá con la petición, que mientras tanto en este aspecto ni siquiera una madre tiene algo que objetar.

Los únicos que casi me hacen caso, trajeron el mejor de los presentes: Una rica tarta hecha por ellos mismos y un flan horneado con todo el cariño de su mamá.¡Gracias chicos!¡Riquísimo todo!

Creo que todos lo pasamos genial.

Y...¡Por fin! Pudimos disfrutar de la esperada visita de Iratxe y su abuela, que tanto se han echo esperar.

Cuando el fotógrafo me pase el material, cuelgo algo.

Y sí... no podemos estar mejor acompañados, con tanta buena gente.
Pero tú, justo tú, eres una gran joya en mi corona, sigues brillando sin necesidad de pulido ninguno, como siempre, desde que nos conocimos aquí, por donde yo me he quedado.


Para Luisa, yo también tengo mi regalo:
Una canción (la versión, como no, de Mecedes Sosa)
y todas las noches que nos quedan de achuchones y teta ¡Qué seguimos!
Hoy no, nos toca la distancia.
Voy a celebrar con una amiga un giro positivo en su vida.



Que se vengan los chicos
de todas partes,
que estén los de la Luna
y los de Marte

Que se vengan los chicos
de los planetas,
prendidos de la cola
de algún cometa

Que no falte ninguno
a mi cumpleaños,
y que no se preocupen
por los regalos

Tra lara lara lara
tra lara lero,
que estén todos los chicos
del mundo entero

Algunos que de Venus,
dicen venían,
trajeron de regalo
Las Tres Marías

El chico de la Luna,
petiso y fiero,
me regaló una nube
que halló en el cielo

Los de Marte me dieron
un sorpresón,
pues cada uno traía
rayos de sol

Tra lara lara lara
tra lara lero,
ya están todos los chicos
del mundo entero

martes 27 de diciembre de 2011

Mi gente.

Mi gente, para mi fortuna, es mucha.
De lejanos y cercanos lares; de muchos tiempos, pasados y actuales.
Miles de recuerdos me acompañan y acompañarán siempre.

Mi gente de aquí y ahora no son tant@s. Pero son especiales.
Y entre los que más de cerca me soportan está Ana y hoy le quiero  decir sólo una cosa:

-Si veinte años no es nada... menos serán cinco meses ;-)

Y como quisiera dibujar en su cara una sonrisa...se me ha ocurrido que, aunque no tiene nada que ver con...nada, nunca está de más escuchar a Rafael Amor.



Me voy a ordenar la ropa que al final no me cunde nada. Y tengo que llegar a una hora decente para poder echar un parlaillo con Cris.
Un beso gordo a las dos.