Para bien o para mal, por distintas circunstancias, en esta vida me ha tocado algún que otro peregrinar. Ello ha conllevado el tener que despedir, recibir, conocer gente... algunas de estas personas me han concedido el privilegio de considerarse mis amigos... y muchos, aún hoy, siguen siéndolo.
Gracias por estar ahí.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Aún no me rendí.

Espero no decepcionar demasiado.
Pero, siendo firme defensora y tenaz (aunque no siempre triunfante) discípula de la Lactancia Materna, la Crianza Respetuosa y la Enseñanza Alternativa, he de comenzar a reconocer que no alcanzo todos los objetivos.  

La segunda y última lactancia fue todo un éxito, la verdad. Luisa crecía, ningún pediatra me dio sobrecitos de leche artificial, contacté con Leche Mágica, estuve y dormí con mi bebé al pecho desde el minuto cero, prolongamos el colecho hasta que nos dio la real gana, siguió tomando teta hasta pasados los cuatros años... Una bonita historia. ¡Prueba superada y disfrutada!

Pasando el tiempo, cada vez ha ido siendo más difícil. Intentando seguir la estela de Wayra y su buena gente, me hubiera gustado poder afirmar que en nuestra casa la crianza es cien por cien respetuosa pero... ahora mismo diría que no.

Por ejemplo, grito y suelto unas peroratas minadoras de ánimo que a mí misma me asombran. Y lo peor es que ellas me escuchan con demasiada atención. Aunque también tengo discursos para levantar el ánimo, eh. El caso es que cuando gruño y luego se me pasa y recapacito, me doy cuenta de que me encendí por poco. Afortunadamente, también sé pedir perdón. Incluso a la gente menuda.

Además he de reconocer que para intentar resolver algunas situaciones sólo encuentro un camino. Puedo llamarle consecuencia y buscarle mil explicaciones pero, son castigos. Autoritarismo barato vestido de ya no sé cómo llamarlo. Que las hermanas no se llevan bien y discuten hasta hastiarme, pues... chicas, lo siento, os quedáis sin ver a los amigos. Les explico que, al no saber respetar y relacionarse con los de casa, entiendo que no son capaces de hacerlo con los de fuera. ¡Hala, tan pancha!

Y con la enseñanza... hemos topado. Junto con otras familias de Salamanca, que son incansables soñadoras, he preferido creer en la posible evolución de una Enseñanza Pública renovada. Quizás seamos una minoría. Nos reunimos, charlamos y aportamos ideas. Es un necesario Punto de Encuentro. ¿No os sentís como clandestinos? Y nos da la risa.  Siempre hay risas. ¿Qué porcentaje de los padres de ahí fuera votaría sí a nuestras propuestas? Porque la mayoría de los padres que hablan en la puerta del colegio quieren las asignaturas como están, piensan que las artísticas y la Educación Física son una pérdida de tiempo, quieren bien de deberes, exámenes, rutinas, hábitos de estudio, clasificaciones,  listas comparativas...

Pues yo pienso de otra manera. Me harto de decir que lo importante es ser responsable, enfrentarse a lo que cada uno espera de  sí mismo. Que no importan los caminos. Unos necesitarán sentarse a estudiar todos los días un poco y otros unas (o muchas) horas el mismito día de antes. Lo importante es comenzar a trabajar en cooperación, con alegría... Que se aprende sólo desde la emoción.


Y aún teniéndolo tan claro, amargamente reconozco (aunque alguno  se va a reír), que me sorprendí un día espetando a Julia:  "Me-mo-ri-za, por favor. Hazlo como quieras. A capón, con esquemas, con resúmenes, con reglas mnemotécnicas... pero memoriza y escúpelo en el examen como lo quieran leer. ¡Ya tendrás tiempo de disfrutar aprendiendo en otro momento!"

Entiendo que el esfuerzo (llamémosle memorización) llega un momento en que es necesario. De acuerdo, sí.  Lo que no entiendo es que tenga que ser un sufrimiento. No comprendo que, en la escuela (o en casa), espantemos a cada paso la ilusión, la emoción y la pasión.

Esta vez no divagaré demasiado. Sólo deseaba compartir estos simples botones como muestra de mi involuntaria evolución interior.

Escribiría mucho más para aclarar las ideas. Lo escueto tiene el peligro de malinterpretarse fácilmente.

Pero, sobre todo, no penséis que me rendí. 

Estoy aletargada.  Y el letargo, a veces, viene bien. Sirve un poco de meditación.



domingo, 14 de febrero de 2016

DESESPERADA DEMANDA DE IMPLICACIÓN.

El pasado noviembre estuve en el Segundo Encuentro sobre la Realidad en Nuestras Escuelas. En Salamanca.
Lo que aconteció dentro de mi cabeza estando allí y las muchas reflexiones que pusieron una sonrisa en mi cara en el camino de vuelta a casa, justificaron con creces los kilómetros que tuve que conducir. Porque  a veces, en días como aquel, creo en el poder humano de ser capaces de mejorar las cosas.
En primer lugar, salí convencida de que aún siendo los alumnos las primerísimas víctimas de este sistema educativo, no somos menos víctimas los maestros y los padres.
Reconozco que hay días en los que estoy tan desanimada, tan cansada, tan conscientemente convencida de que amargamos y estamos tirando por la borda la infancia de nuestros hijos, que transmito mala onda y me cuesta sentir cierta consonancia con otros padres y algunos maestros.
Reconozco también que la mayoría de los demás días elijo el camino más corto. Y consigo vivir aparentemente mejor. Porque agacho la cabeza, paso por el aro y se consigue el objetivo fijado por el sistema.  Y entonces, aún sabiéndome domada, me encuentro relativamente bien en mi cómoda jaula de cristal. Dudo de mí misma. Dudo de nuestra lucha, de hacia dónde me lleva tanta incertidumbre y tantas vueltas al mismo hueso.
Es el efímero espejismo de que ya no hubiera nada por mejorar, quisiera que todo estuviese ya pensado y consumado. Que mis hijas aprendieran ya felices tanto fuera como dentro de la escuela.
Pero la cruda realidad está ahí y es otra. Hablo con  familias y con algunos maestros y aflora de nuevo el más poderoso y perpetuo desánimo.

Padres, maestros, políticos... ¡Basta ya!
Dejemos de mirar hacia otro lado, dejemos de echarle la culpa siempre al otro, no podemos conformarnos con ser simples seres atormentados sin capacidad de encontrar otras opciones.
Organizarse siempre es más difícil que ir cada uno a su bola, claro. Pero casi nunca la vereda más corta es la más interesante.
Hay otras carreteras.
¡Aunemos fuerzas!
¡Sacudíos las telarañas e iniciemos juntos el camino!
Familias y maestros somos lo más valioso que tienen nuestros hijos. Permitámosles que  disfruten del privilegio de vernos unidos. 

Así que, padres, tendríamos mucho que mejorar:

Olvidemos las infructuosas quejas a la puerta del colegio.
Entrad al centro, pedid tutorías, enteraos de primera mano de los problemas y dejad las habladurías para otros temas más triviales que no sean la educación de vuestros hijos.
Acudid a las reuniones y encuentros donde se debate sobre educación. Tanto dentro del colegio como fuera de él.
Poned voz a vuestro problema. Y poned también orejas. Comprobaréis que no estáis solos.
No más críticas a las espaldas de los maestros y , mucho menos, en presencia de vuestros hijos.
No más pensar  que es imposible cambiar, que para qué quejarnos si es lo que hay...
Sabed que en otros lugares, no tan lejanos, hay otros proyectos que os podrían sorprender.
No más mentiras. Compartid los datos del verdadero tiempo y/o dinero que invertís para solventar las lagunas que el sistema educativo deja en el conocimiento de vuestros hijos.
No más miedos a un futuro negro.
Que el que quiera estudiar una carrera lo hará mejor llegando a la Universidad motivado que no quemado ya de tanta tarea, tanto hábito, tanto culo en la silla y tanta repetición.
Noto que el miedo a que vuestros hijos "se queden atrás" os consume. Pues, cada cual es distinto, cada cual destaca en lo suyo y es imposible que ellos se "queden atrás". Ellos van siempre tan avanzando que, aunque nos propusiéramos pararles, nunca lo conseguiríamos.
El miedo a que no consigan un "hábito de estudio" está muy arraigado también.
Pues el hábito no es lo importante. Porque cada uno se organizará a su manera. Lo verdaderamente primordial es habituarse, no a un horario, sino a una responsabilidad. Ellos deben convencerse para no intentar eludir sus propias responsabilidades. Pero, cómo y cuándo se enfrenten a sus propósitos es una cuestión de organización personal.
Pensad que, siempre que el sistema se vuelva más opresivo y en lo que no podamos todavía cambiarlo, más presión deberemos quitarles en casa...

A los maestros de la pública les repito:

Pisad el suelo que, imparable, se empieza a mover bajo vuestros pies. Dejad el acomodamiento.
Abrid los ojos, conoced a vuestros alumnos, sus entornos, dejaos sorprender, aprended de ellos también.
En vuestras manos está el poder ilusionar a un niño y la capacidad de mantener ese voraz apetito por aprender.
Reconoced la individualidad, todos somos distintos.
Las inteligencias, ha quedado demostrado que, son múltiples.
El pensamiento, siempre es mejor divergente.
Y la educación emocional cada día es más imprescindible. Para evitar, por ejemplo, la semilla del abuso en cualquier ámbito de la vida.
Los colores de la paleta son infinitos y los futuros de los niños también.
No eduquéis para la obediencia ciega. No eduquéis sólo para que fichen a su hora, cual autómatas, en un anodino curro adulto. No les amputéis las alas de esa manera. Porque, cada día, ante vuestros ojos están  también los futuros artistas, deportistas, autónomos emprendedores, políticos...
Ante vuestros ojos, cada día, están...¡todos!
Educar para que sepan ser autocríticos y críticos a la vez que respetuosos.
Y para que, si  compiten, lo hagan sólo para superarse a sí mismos.
Recordad que la vida es para vivirla.
No más tareas para entregar los lunes.
No más aglomeración de deberes y exámenes para un mismo día.
No más tareas, ni trabajos en sus cuadernos, que queden sin corregir.
No uséis más el miedo y las presiones en nombre de un falsa motivación.
Ni en nombre de la obligación de tener que acabar un libro.
Respetad las enseñanzas artísticas. Dejad tiempo para disfrutar de ellas. Proponed retos manuales a los niños que sean desafíos divertidos. Os sorprenderán con las maravillas que son capaces de hacer...

Y a los políticos que vayan a opinar sobre educación les pediría coherencia.

Sois piezas fundamentales para conseguir una mejora. 
Os propondría cambios muy profundos.
Sin poder modificar leyes, cualquier otra lucha es estéril.
Es urgente revisar y modificar contenidos.
Los libros de texto, de seguir siendo necesarios, deberían comenzar a usarse en Primaria.
Es en Primero de Primaria cuando se debería empezar con la enseñanza de la lecto-escritura. Y por tanto los libros de texto de esta etapa, y no antes, deberían centrarse en eso.
Esta moderna y absurda tendencia de adelantar contenidos sólo nos ha llevado a una tediosa repetitividad, curso tras curso, que aburre sobre todo a los alumnos más aplicados. Que se ven obligados, cada año, a meter en sus cabecitas los mismitos datos para repetirlos como papagayos.
La etapa de Infantil debería ser usada, no para rellenar fichas y fichas sino, para conocer a los niños. Y sería una idea estupenda que se aprovechara para conseguir auténticos niños bilingües en inglés.
Tengamos a los niños tres años jugando, cantando y relacionándose con profesionales en el idioma extranjero que queramos inculcar y tendremos alumnos, que pasaran a Primaria, siendo capaces de enfrentarse a un sistema bilingüe "de verdad". Aprender a hablar otro idioma a través de ejercicios gramaticales es un sistema obsoleto en profundidad. Ni siquiera aprendemos a  hablar nuestra propia lengua materna así.
El actual, mal llamado, sistema bilingüe es un conato que se debe urgentemente modificar.
Debería ser impuesta, también, una vía de comunicación entre padres y maestros. Obligatoria una tutoría personal por trimestre. Obligatoria la existencia de un padre o tutor vocal en cada clase que transmita al centro el opinar de un curso completo. Obligatorio que en el Consejo Escolar todos tuvieran voz y voto. Obligatorio que cada día atendiera el comedor escolar, al menos, un profesor del centro...Uf, si yo tuviera una escoba, cuantas cosas barrería...

Con todas las locuras que se me quedarán en la trastienda de esta cabeza mía, que cada día va a peor, os agradecería la aportación de más ideas. Y, por supuesto, nada sería tan enriquecedor como abrir las puertas al debate. Así que, comentad. Sin pudor.

¡Por favor, impliquémonos todos!

El futuro, quizás, podría estar en nuestras manos. Pero que el presente lo está, esa es la pura realidad.



jueves, 3 de diciembre de 2015

CARTA ABIERTA A UN MAESTRO


Con la firme esperanza de poder contar con vuestra ayuda para encontrar una solución, quisiera compartir algunas inquietudes que, como madre, me preocupan. Especialmente la desmotivación en la Escuela y como afecta este problema, muy directamente, sobre la calidad de la enseñanza y la convivencia en el seno de las familias.

Las causas supongo que serán diversas. Como, por ejemplo, la no consonancia de lo que se pretende enseñar y la madurez del niño o el desfase entre el Método de Enseñanza aplicado en las aulas y el resto del entorno donde actualmente se desarrollan nuestros hijos.

Esta desmotivación, en cada alumno dentro del grupo de una clase, se expresa de diferente manera: Unos se distraen con ellos mismos, otros distraen al resto de los compañeros, otros faltan el respeto a los de su alrededor (riéndose de otros alumnos o encarándose al profesor), otros no paran en la silla, otros denotan cierta irritabilidad e, incluso, agresividad y otros lloran o desean no tener que acudir al colegio.

La clase se vuelve un caos, el maestro desespera y el buen humor vuela lejos. Las sonrisas se evaporan, supongo que, a la misma velocidad que las ganas de aprender y de enseñar.

Las familias, por otro lado, no debemos olvidar la importante misión de forjar en casa dos pilares imprescindibles: La Empatía y el Respeto.

Pero para educar e integrar a un niño en la convivencia con los demás se necesita tiempo familiar de calidad, de tranquilidad, para jugar, para compartir, para charlar, para gastar físicamente energías... Esta disposición no siempre es posible. Entre otros motivos porque, las tareas escolares y el tener que explicar lo que no fue posible exponer en clase, invaden nuestra intimidad.

No se puede atribuir  a los maestros toda la responsabilidad de la educación.
Ni dentro de los hogares deberíamos sufrir el fracaso de la enseñanza.

El método de enseñanza sí se puede y se debe criticar. Pero siempre lejos de los oídos de los niños.
No olvidemos que maestros y padres estamos del mismo lado.

Y es que, aun siendo las primerísimas víctimas de este sistema los alumnos, no somos menos víctimas los maestros y los padres. Casi al mismo nivel de hastío.

No me tachéis de "anti-sistema". Porque nunca he desacreditado a un maestro frente a mis hijas. Ellas siempre han sido obligadas en casa a hacer deberes. Acudimos a todas las reuniones y tutorías a las que nos citan, así como también solicitamos otras tutorías voluntariamente, ya  que nos concierne directamente comunicarnos y compartir ideas con los profesores, confiando en poder considerarnos todos (maestros, padres y alumnos) forjadores de un sistema mejor.

Así que, como además no es intención estancarse en una inútil crítica, enumeraré ciertas opiniones que considero constructivas y parecen compatibles con cualquier Método de Enseñanza:

1º. Promover temas de estudio y métodos de enseñanza que sean más aplicables a la vida real.
Se aprende mejor cuando encontramos dónde aplicar lo aprendido.
Por ejemplo, que los niños se escribieran correspondencia con otros niños, de otros colegios e incluso de otros países, es  motivación para mejorar la capacidad de redacción y expresión.
A los niños debemos pedirles esfuerzo, sí claro. Pero con argumento y nunca desvinculado de la alegría.
Por otro lado, habría que valorar la instauración de la Educación por Proyectos o cualquier método que se parezca.

2º.  Desligarse del libro de texto.
Existen otros guiones para seguir. El libro de texto no debería dominar el espacio en el aula ni debería dominar el tiempo. El maestro lo debería valorar como una herramienta más y no como un lastre que mal condiciona más que beneficia.
Además, como a veces también me toca estudiar, he vivido la experiencia de sufrir la malísima calidad de las explicaciones de muchos de estos textos. Que pretenden ser más llamativos para los alumnos con un ridículo desorden en sus párrafos. De tal manera que no hay quien lo entienda.
En todo caso, si nos encontramos ante tales calamidades, nunca debemos expresar nuestro desánimo a los alumnos. Porque, si han de seguir un libro... que lo hagan con ilusión.

3º. No se debe presionar con prisas.
Es mejor que se entienda correctamente sólo una parte del  temario que no llegar a la meta habiéndolo visto todo sin saberse bien nada.
De cualquier manera... ¡Qué reine la tranquilidad!  Los temarios se repiten curso tras curso. Siendo un triste motivo, a su vez, para más desilusión y falta de atención.

4º. Mandar para casa lo menos posible.
En todos los centros educativos se deberían aplicar los lógicos Protocolos de Deberes. Es una idea sencilla y del todo cabal que aplaudo desde el corazón.
Tutores de curso y especialistas se organizan para no coincidir mandando demasiadas tareas en un mismo día. 
¿Deberes? Bueno... pero útiles, motivando y con moderación.
De la misma manera no deberían coincidir dos exámenes en una misma fecha.
Debemos recordar también que la realización de tareas extraescolares nunca puede ser exigida  por el centro escolar como una obligación.

5º. Toda tarea para casa debe ser enviada pensando en la capacidad madurativa del niño.
Estas tareas deben ser cuidadosamente seleccionadas. El niño las debe de interpretar,  comprender y solucionar solo. Sirviendo su corrección en clase para valorar si los conocimientos están siendo correctamente aprendidos o detectar niños que tengan algún problema concreto en su asimilación.
Deben ser textos sin erratas y que no conlleven nociones, gramática, ni expresiones que el niño no domine aún.

Cualquier tarea que necesite la colaboración obligada de un adulto sólo conduce a la frustración del niño porque pensará que él no está capacitado para desarrollar lo que le encomiendan.

Si se le ayuda rutinariamente también se conduce a la acomodación, esperará a que se lo expliquen antes de esforzarse en entenderlo solo y, para colmo, muchas veces regresan al colegio con el ejercicio corregido. Lo que supone que no necesiten prestar tanta atención en clase.  Y aumente su desmotivación.

Cuando pregunto, por las supuestas virtudes que aportan  los deberes, me dicen que son para crear un hábito. Pues, ya es suficiente hábito el tenerse que levantar temprano de lunes a viernes, tener que acudir determinados días a determinadas horas a sus actividades o dedicarle el cuarto de hora que se supone que se necesita en cada asignatura para su repaso diario.

Me dicen que son para generar niños más autónomos. Cuando, está comprobado que, los que sacan adelante las tareas es porque en su casa reina una firme supervisión. Y, sin embargo, los niños a los que nadie ayuda, a los que nadie motiva acumulan deberes y suspensos en sus evaluaciones. Generando una clara brecha socio-cultural.

Me dicen que son para afianzar los conocimientos aprendidos en clase. Cuando, resulta que, su realización es tan repetitiva y tediosa que los niños acaban realizándolos como máquinas, sin ilusión. Su meta es acabarlos lo antes posible para poder hacer otra cosa y, a los deberes, se les termina  prestando la mínima atención.

Disculpadme pero... virtudes pocas.

6º. No mandar deberes cuando al día siguiente haya examen u  otras actividades que necesiten plena atención.
Estudiar y repasar ya es suficiente responsabilidad. En todo caso bastaría con algún ejercicio, de repaso, pero sólo de la asignatura examinada.
Así como, cuando vayan a tener Música en el colegio...por favor no más  tareas para casa el día anterior. Así podrían ensayar tranquilos y hasta divertirse con las melodías exigidas.

7º. Premiar con tiempo libre el buen trabajo realizado durante las horas lectivas en el aula.
No mandar deberes los viernes si se ha trabajado bien durante el resto de la semana. Ni en vacaciones si superan las correspondientes evaluaciones.

Esto es un gran aliciente para que presten atención y se responsabilicen más conscientemente de su tiempo en la escuela.

El tiempo libre es muy necesario, no puedo imaginar mejor remuneración tras una fructífera jornada de prestar atención y aprendizaje forzoso.

Seguirán aprendiendo libremente con su lectura favorita, acompañando a sus familiares y amigos, viajando, cocinando en casa, cuidando a sus plantas, alimentando y paseando a sus mascotas, viendo películas u obras de teatros, escuchando música, saltándose los horarios... Y , lo que es más importante, jugando o aburriéndose un rato.

8º. Nunca mandar realizar ejercicios que luego no vayan a ser corregidos de forma conveniente.
Los niños, y también los adultos, necesitamos que se valore nuestro trabajo y encontrar en nuestras tareas una utilidad.
Corrigiendo sus ejercicios encontrarán, también,  una compensación a su esfuerzo. Además de ser su única oportunidad de enmendar algunos errores de aprendizaje.

9º. Personalizar, en lo posible, la atención al niño en el aula y también en sus tareas extraescolares.
Porque nunca dos personas serán iguales, ni tendrán desarrollada el mismo tipo de inteligencia.
Si trabajan lo que ya controlan se aburren. Y desperdician tiempo que deberían aplicar en solventar otras lagunas personales.

10º. El autoritarismo estricto, la doma vaquera y la obediencia ciega no son valores que debamos promocionar.

Porque anulan la autoestima del niño y su capacidad de criticar y elegir.

Profesores y padres debemos merecernos el disponer de esa autoridad con los niños. Hay que saber brillar más que ellos. Darles motivos para que confíen en nosotros. Somos las personas a las que deberían admirar y escuchar para que, finalmente, fuesen ellos mismos los que quisieran seguir la estela.

11º. Promocionar las disciplinas que conlleven actividad física.
Siempre es positivo. La energía hay que gastarla. Porque casi es más beneficioso para el alma que para el cuerpo. La primera recomendación para el tratamiento de cualquier problema de ansiedad.

Si deseamos mantener a un niño sentado en una silla mientras se imparte una clase teórica, desarrollando una actividad intelectual, seguramente necesite otro rato similar de intensa actividad muscular.

Por favor, en  caso necesario de amonestación, se deben dar explicaciones y buscar consecuencias lógicas alternativas (no meros castigos) que nunca supongan obligar al niño a quedarse de forma sedentaria sin recreo o sin su clase de Educación Física.

12º. Usar más y mejor las asignaturas artísticas.
 Permitir a los niños expresarse libremente en sus clases de Plástica, evitando tareas tan sumamente preformadas y definidas como las que actualmente se les encarga.

Ellos, mediante las técnicas que se les expliquen, deberían poder innovar, probar, pensar, experimentar, mancharse, equivocarse, rectificar ellos mismos...

13º. Alentar el desarrollo del pensamiento lateral o divergente.
Para la resolución de un mismo problema existen muchas veces otros caminos que quizás no vengan explicados en los libros de texto.

Se debería valorar más el ser imaginativo, intuitivo y resolutivo que el aprenderse la lección cual papagayo.

14º.  No se debe presionar a los niños exponiéndolos problemas de los que ellos no son causantes y, mucho menos, cuando no está en sus manos la solución.
Ellos no son culpables, por ejemplo, de que se haya iniciado la aplicación de otra nueva Reforma Educativa. Ni son culpables de que maestros y centros educativos quieran entrar a competir en ciertos informes comparativos y clasificatorios.

Ellos tampoco son culpables, en su caso, de hallarse a un nivel de conocimiento inferior al esperado  y tener que alcanzar, en un determinado periodo de tiempo, otro más elevado.
Son los maestros los profesionales formados y preparados para forjar una escalera con peldaños a la medida que los alumnos puedan subir. Y no se debe presentar ante los niños una muralla que, desde el principio, parezca inexpugnable.

Debemos entender que la presión no es motivación, sino todo lo contrario.


15º. Evitar la competitividad entre los alumnos.
 Esto es el punto que me parece más difícil de solventar. Porque viene arrastrado desde Educación Infantil, donde unos ya colorean mejor y otros se salen alarmantemente de la raya. Unos terminan la ficha y otros... no.

Se conseguiría una mejoría no dando tanta importancia a la calificación numérica y nunca decir en voz alta las notas personales de cada cual ante el resto de la clase.

Por el contrario, sería más positivo buscar la forma de promocionar la colaboración entre los compañeros.
Por ejemplo, creando entre ellos listas de ofertantes (altruistas) y demandantes de conocimientos. Y que se dediquen tiempo mutuo a ayudarse entre ellos.

De esta manera quizás empiecen a comprender las ventajas del trabajo en equipo.

16º Razonar siempre lo que se debe memorizar.
De no ser posible, explicar técnicas de estudio prácticas como: enseñar a subrayar, resumir, esquematizar y trucos mnemotécnicos útiles y llamativos.

17º. Exigirle a las nuevas tecnologías practicidad a la vez que veracidad.
Aprendamos a ser críticos, a cotejar la información, a usar enlaces y páginas que sean dignos de confianza.
Me dijo un día, ya muy lejano, una buena profesora que la finalidad no debería ser sabérselo todo (porque es imposible), llenando el coco de datos innecesarios. Lo fundamental es razonar y saber dónde  buscar luego la información. Conocer buenos libros,  buenas páginas en Internet y tener buenos contactos, también humanos.

18º No castiguéis al grupo entero cuando no sepáis quien ha ocasionado la molestia.

Porque demostramos claramente que toleramos la injusticia.

Por otro lado, a un consabido culpable se le deberían de explicar el porqué se espera de él otro comportamiento: porque somos una tribu y debemos colaborar por el bienestar de toda la sociedad, porque la libertad de cada uno  acaba donde empieza la de los demás, porque no debemos aplicar en otros lo que no nos gustaría para nosotros mismos... Típicos tópicos que se suelen repetir mil veces para luego olvidar.

Tampoco pretendamos que se acusen unos a otros. Porque debemos pretender lo contrario: Que los compañeros de clase sean precisamente entre ellos, eso, buenos compañeros.

Ni pretendamos que se sinceren y se acusen a sí mismos públicamente. Porque, ante esta presión, el intencionado infractor callará. Sin embargo la persona sincera, que haya cometido involuntariamente un error, se delatará. Pudiendo quedar estigmatizada, de alguna manera, por el resto de sus compañeros.

 19º Deberíamos conseguir el cumplimiento de las normas no mediante amonestaciones sino inculcando el convencimiento de que es por el bien para nosotros mismos y los demás.
Quisiera puntualizar que no considero del todo adecuado, por ejemplo, el uso del Carné por puntos. Que funciona de similar manera que el de Tráfico para los adultos.
Sería mejor educar personas que entendieran que  el  cumplimiento de las normas ocasiona su propio bien y el de los demás. Y así podemos vivir más seguros. Que comprendieran que la vida cómoda y segura como ahora la entendemos no sería posible de otra manera. Me gustaría que mis hijas cumplieran las normas por esto y no por el miedo a que les quiten un punto o cualquier castigo similar.

20º Acabando...

Busquemos, entre todos, la manera de formar personas respetuosas, empáticas, creativas, colaboradoras, resolutivas, con buena autoestima, con capacidad crítica y, por tanto , con capacidad de elección.

Y demos importancia a otras disciplinas vitales, de las que se aprende de igual manera tanto en casa como en la escuela, como pueden ser:
La sexualidad, la nutrición, la información sobre drogas, el acoso escolar, el machismo y los micromachismos, el maltrato dentro del hogar...

Parece que nuevos y mejores métodos se vienen introduciendo en el 2º Ciclo de Infantil. Entonces, es ahora cuando más se necesita proseguir la misma evolución en Primaria. Para que los niños en 1º de Primaria continúen con la ilusión por aprender y por crecer. Que vean las ventajas de seguir caminando hacia su madurez y su autonomía. Y que esto no suponga un amargo camino para ellos.

En 1º de Primaria se debería iniciar la enseñanza más básica (como podría ser la lecto-escritura), ya que es el primer curso dentro de la escolarización obligatoria. No tienen sentido aquí exámenes, ni notas, ni suspensos, ni aprobados.
Cuanto más tempranamente acabemos con el desánimo, mejor nos irá.
Claramente, la posibilidad de acabar con la desmotivación, el desgaste y esa alta Tasa de Abandono Escolar Temprano, está quemando en nuestras manos.