Para bien o para mal, por distintas circunstancias, en esta vida me ha tocado algún que otro peregrinar. Ello ha conllevado el tener que despedir, recibir, conocer gente... algunas de estas personas me han concedido el privilegio de considerarse mis amigos... y muchos, aún hoy, siguen siéndolo.
Gracias por estar ahí.

domingo, 14 de febrero de 2016

DESESPERADA DEMANDA DE IMPLICACIÓN.

El pasado noviembre estuve en el Segundo Encuentro sobre la Realidad en Nuestras Escuelas. En Salamanca.
Lo que aconteció dentro de mi cabeza estando allí y las muchas reflexiones que pusieron una sonrisa en mi cara en el camino de vuelta a casa, justificaron con creces los kilómetros que tuve que conducir. Porque  a veces, en días como aquel, creo en el poder humano de ser capaces de mejorar las cosas.
En primer lugar, salí convencida de que aún siendo los alumnos las primerísimas víctimas de este sistema educativo, no somos menos víctimas los maestros y los padres.
Reconozco que hay días en los que estoy tan desanimada, tan cansada, tan conscientemente convencida de que amargamos y estamos tirando por la borda la infancia de nuestros hijos, que transmito mala onda y me cuesta sentir cierta consonancia con otros padres y algunos maestros.
Reconozco también que la mayoría de los demás días elijo el camino más corto. Y consigo vivir aparentemente mejor. Porque agacho la cabeza, paso por el aro y se consigue el objetivo fijado por el sistema.  Y entonces, aún sabiéndome domada, me encuentro relativamente bien en mi cómoda jaula de cristal. Dudo de mí misma. Dudo de nuestra lucha, de hacia dónde me lleva tanta incertidumbre y tantas vueltas al mismo hueso.
Es el efímero espejismo de que ya no hubiera nada por mejorar, quisiera que todo estuviese ya pensado y consumado. Que mis hijas aprendieran ya felices tanto fuera como dentro de la escuela.
Pero la cruda realidad está ahí y es otra. Hablo con  familias y con algunos maestros y aflora de nuevo el más poderoso y perpetuo desánimo.

Padres, maestros, políticos... ¡Basta ya!
Dejemos de mirar hacia otro lado, dejemos de echarle la culpa siempre al otro, no podemos conformarnos con ser simples seres atormentados sin capacidad de encontrar otras opciones.
Organizarse siempre es más difícil que ir cada uno a su bola, claro. Pero casi nunca la vereda más corta es la más interesante.
Hay otras carreteras.
¡Aunemos fuerzas!
¡Sacudíos las telarañas e iniciemos juntos el camino!
Familias y maestros somos lo más valioso que tienen nuestros hijos. Permitámosles que  disfruten del privilegio de vernos unidos. 

Así que, padres, tendríamos mucho que mejorar:

Olvidemos las infructuosas quejas a la puerta del colegio.
Entrad al centro, pedid tutorías, enteraos de primera mano de los problemas y dejad las habladurías para otros temas más triviales que no sean la educación de vuestros hijos.
Acudid a las reuniones y encuentros donde se debate sobre educación. Tanto dentro del colegio como fuera de él.
Poned voz a vuestro problema. Y poned también orejas. Comprobaréis que no estáis solos.
No más críticas a las espaldas de los maestros y , mucho menos, en presencia de vuestros hijos.
No más pensar  que es imposible cambiar, que para qué quejarnos si es lo que hay...
Sabed que en otros lugares, no tan lejanos, hay otros proyectos que os podrían sorprender.
No más mentiras. Compartid los datos del verdadero tiempo y/o dinero que invertís para solventar las lagunas que el sistema educativo deja en el conocimiento de vuestros hijos.
No más miedos a un futuro negro.
Que el que quiera estudiar una carrera lo hará mejor llegando a la Universidad motivado que no quemado ya de tanta tarea, tanto hábito, tanto culo en la silla y tanta repetición.
Noto que el miedo a que vuestros hijos "se queden atrás" os consume. Pues, cada cual es distinto, cada cual destaca en lo suyo y es imposible que ellos se "queden atrás". Ellos van siempre tan avanzando que, aunque nos propusiéramos pararles, nunca lo conseguiríamos.
El miedo a que no consigan un "hábito de estudio" está muy arraigado también.
Pues el hábito no es lo importante. Porque cada uno se organizará a su manera. Lo verdaderamente primordial es habituarse, no a un horario, sino a una responsabilidad. Ellos deben convencerse para no intentar eludir sus propias responsabilidades. Pero, cómo y cuándo se enfrenten a sus propósitos es una cuestión de organización personal.
Pensad que, siempre que el sistema se vuelva más opresivo y en lo que no podamos todavía cambiarlo, más presión deberemos quitarles en casa...

A los maestros de la pública les repito:

Pisad el suelo que, imparable, se empieza a mover bajo vuestros pies. Dejad el acomodamiento.
Abrid los ojos, conoced a vuestros alumnos, sus entornos, dejaos sorprender, aprended de ellos también.
En vuestras manos está el poder ilusionar a un niño y la capacidad de mantener ese voraz apetito por aprender.
Reconoced la individualidad, todos somos distintos.
Las inteligencias, ha quedado demostrado que, son múltiples.
El pensamiento, siempre es mejor divergente.
Y la educación emocional cada día es más imprescindible. Para evitar, por ejemplo, la semilla del abuso en cualquier ámbito de la vida.
Los colores de la paleta son infinitos y los futuros de los niños también.
No eduquéis para la obediencia ciega. No eduquéis sólo para que fichen a su hora, cual autómatas, en un anodino curro adulto. No les amputéis las alas de esa manera. Porque, cada día, ante vuestros ojos están  también los futuros artistas, deportistas, autónomos emprendedores, políticos...
Ante vuestros ojos, cada día, están...¡todos!
Educar para que sepan ser autocríticos y críticos a la vez que respetuosos.
Y para que, si  compiten, lo hagan sólo para superarse a sí mismos.
Recordad que la vida es para vivirla.
No más tareas para entregar los lunes.
No más aglomeración de deberes y exámenes para un mismo día.
No más tareas, ni trabajos en sus cuadernos, que queden sin corregir.
No uséis más el miedo y las presiones en nombre de un falsa motivación.
Ni en nombre de la obligación de tener que acabar un libro.
Respetad las enseñanzas artísticas. Dejad tiempo para disfrutar de ellas. Proponed retos manuales a los niños que sean desafíos divertidos. Os sorprenderán con las maravillas que son capaces de hacer...

Y a los políticos que vayan a opinar sobre educación les pediría coherencia.

Sois piezas fundamentales para conseguir una mejora. 
Os propondría cambios muy profundos.
Sin poder modificar leyes, cualquier otra lucha es estéril.
Es urgente revisar y modificar contenidos.
Los libros de texto, de seguir siendo necesarios, deberían comenzar a usarse en Primaria.
Es en Primero de Primaria cuando se debería empezar con la enseñanza de la lecto-escritura. Y por tanto los libros de texto de esta etapa, y no antes, deberían centrarse en eso.
Esta moderna y absurda tendencia de adelantar contenidos sólo nos ha llevado a una tediosa repetitividad, curso tras curso, que aburre sobre todo a los alumnos más aplicados. Que se ven obligados, cada año, a meter en sus cabecitas los mismitos datos para repetirlos como papagayos.
La etapa de Infantil debería ser usada, no para rellenar fichas y fichas sino, para conocer a los niños. Y sería una idea estupenda que se aprovechara para conseguir auténticos niños bilingües en inglés.
Tengamos a los niños tres años jugando, cantando y relacionándose con profesionales en el idioma extranjero que queramos inculcar y tendremos alumnos, que pasaran a Primaria, siendo capaces de enfrentarse a un sistema bilingüe "de verdad". Aprender a hablar otro idioma a través de ejercicios gramaticales es un sistema obsoleto en profundidad. Ni siquiera aprendemos a  hablar nuestra propia lengua materna así.
El actual, mal llamado, sistema bilingüe es un conato que se debe urgentemente modificar.
Debería ser impuesta, también, una vía de comunicación entre padres y maestros. Obligatoria una tutoría personal por trimestre. Obligatoria la existencia de un padre o tutor vocal en cada clase que transmita al centro el opinar de un curso completo. Obligatorio que en el Consejo Escolar todos tuvieran voz y voto. Obligatorio que cada día atendiera el comedor escolar, al menos, un profesor del centro...Uf, si yo tuviera una escoba, cuantas cosas barrería...

Con todas las locuras que se me quedarán en la trastienda de esta cabeza mía, que cada día va a peor, os agradecería la aportación de más ideas. Y, por supuesto, nada sería tan enriquecedor como abrir las puertas al debate. Así que, comentad. Sin pudor.

¡Por favor, impliquémonos todos!

El futuro, quizás, podría estar en nuestras manos. Pero que el presente lo está, esa es la pura realidad.



jueves, 3 de diciembre de 2015

CARTA ABIERTA A UN MAESTRO


Con la firme esperanza de poder contar con vuestra ayuda para encontrar una solución, quisiera compartir algunas inquietudes que, como madre, me preocupan. Especialmente la desmotivación en la Escuela y como afecta este problema, muy directamente, sobre la calidad de la enseñanza y la convivencia en el seno de las familias.

Las causas supongo que serán diversas. Como, por ejemplo, la no consonancia de lo que se pretende enseñar y la madurez del niño o el desfase entre el Método de Enseñanza aplicado en las aulas y el resto del entorno donde actualmente se desarrollan nuestros hijos.

Esta desmotivación, en cada alumno dentro del grupo de una clase, se expresa de diferente manera: Unos se distraen con ellos mismos, otros distraen al resto de los compañeros, otros faltan el respeto a los de su alrededor (riéndose de otros alumnos o encarándose al profesor), otros no paran en la silla, otros denotan cierta irritabilidad e, incluso, agresividad y otros lloran o desean no tener que acudir al colegio.

La clase se vuelve un caos, el maestro desespera y el buen humor vuela lejos. Las sonrisas se evaporan, supongo que, a la misma velocidad que las ganas de aprender y de enseñar.

Las familias, por otro lado, no debemos olvidar la importante misión de forjar en casa dos pilares imprescindibles: La Empatía y el Respeto.

Pero para educar e integrar a un niño en la convivencia con los demás se necesita tiempo familiar de calidad, de tranquilidad, para jugar, para compartir, para charlar, para gastar físicamente energías... Esta disposición no siempre es posible. Entre otros motivos porque, las tareas escolares y el tener que explicar lo que no fue posible exponer en clase, invaden nuestra intimidad.

No se puede atribuir  a los maestros toda la responsabilidad de la educación.
Ni dentro de los hogares deberíamos sufrir el fracaso de la enseñanza.

El método de enseñanza sí se puede y se debe criticar. Pero siempre lejos de los oídos de los niños.
No olvidemos que maestros y padres estamos del mismo lado.

Y es que, aun siendo las primerísimas víctimas de este sistema los alumnos, no somos menos víctimas los maestros y los padres. Casi al mismo nivel de hastío.

No me tachéis de "anti-sistema". Porque nunca he desacreditado a un maestro frente a mis hijas. Ellas siempre han sido obligadas en casa a hacer deberes. Acudimos a todas las reuniones y tutorías a las que nos citan, así como también solicitamos otras tutorías voluntariamente, ya  que nos concierne directamente comunicarnos y compartir ideas con los profesores, confiando en poder considerarnos todos (maestros, padres y alumnos) forjadores de un sistema mejor.

Así que, como además no es intención estancarse en una inútil crítica, enumeraré ciertas opiniones que considero constructivas y parecen compatibles con cualquier Método de Enseñanza:

1º. Promover temas de estudio y métodos de enseñanza que sean más aplicables a la vida real.
Se aprende mejor cuando encontramos dónde aplicar lo aprendido.
Por ejemplo, que los niños se escribieran correspondencia con otros niños, de otros colegios e incluso de otros países, es  motivación para mejorar la capacidad de redacción y expresión.
A los niños debemos pedirles esfuerzo, sí claro. Pero con argumento y nunca desvinculado de la alegría.
Por otro lado, habría que valorar la instauración de la Educación por Proyectos o cualquier método que se parezca.

2º.  Desligarse del libro de texto.
Existen otros guiones para seguir. El libro de texto no debería dominar el espacio en el aula ni debería dominar el tiempo. El maestro lo debería valorar como una herramienta más y no como un lastre que mal condiciona más que beneficia.
Además, como a veces también me toca estudiar, he vivido la experiencia de sufrir la malísima calidad de las explicaciones de muchos de estos textos. Que pretenden ser más llamativos para los alumnos con un ridículo desorden en sus párrafos. De tal manera que no hay quien lo entienda.
En todo caso, si nos encontramos ante tales calamidades, nunca debemos expresar nuestro desánimo a los alumnos. Porque, si han de seguir un libro... que lo hagan con ilusión.

3º. No se debe presionar con prisas.
Es mejor que se entienda correctamente sólo una parte del  temario que no llegar a la meta habiéndolo visto todo sin saberse bien nada.
De cualquier manera... ¡Qué reine la tranquilidad!  Los temarios se repiten curso tras curso. Siendo un triste motivo, a su vez, para más desilusión y falta de atención.

4º. Mandar para casa lo menos posible.
En todos los centros educativos se deberían aplicar los lógicos Protocolos de Deberes. Es una idea sencilla y del todo cabal que aplaudo desde el corazón.
Tutores de curso y especialistas se organizan para no coincidir mandando demasiadas tareas en un mismo día. 
¿Deberes? Bueno... pero útiles, motivando y con moderación.
De la misma manera no deberían coincidir dos exámenes en una misma fecha.
Debemos recordar también que la realización de tareas extraescolares nunca puede ser exigida  por el centro escolar como una obligación.

5º. Toda tarea para casa debe ser enviada pensando en la capacidad madurativa del niño.
Estas tareas deben ser cuidadosamente seleccionadas. El niño las debe de interpretar,  comprender y solucionar solo. Sirviendo su corrección en clase para valorar si los conocimientos están siendo correctamente aprendidos o detectar niños que tengan algún problema concreto en su asimilación.
Deben ser textos sin erratas y que no conlleven nociones, gramática, ni expresiones que el niño no domine aún.

Cualquier tarea que necesite la colaboración obligada de un adulto sólo conduce a la frustración del niño porque pensará que él no está capacitado para desarrollar lo que le encomiendan.

Si se le ayuda rutinariamente también se conduce a la acomodación, esperará a que se lo expliquen antes de esforzarse en entenderlo solo y, para colmo, muchas veces regresan al colegio con el ejercicio corregido. Lo que supone que no necesiten prestar tanta atención en clase.  Y aumente su desmotivación.

Cuando pregunto, por las supuestas virtudes que aportan  los deberes, me dicen que son para crear un hábito. Pues, ya es suficiente hábito el tenerse que levantar temprano de lunes a viernes, tener que acudir determinados días a determinadas horas a sus actividades o dedicarle el cuarto de hora que se supone que se necesita en cada asignatura para su repaso diario.

Me dicen que son para generar niños más autónomos. Cuando, está comprobado que, los que sacan adelante las tareas es porque en su casa reina una firme supervisión. Y, sin embargo, los niños a los que nadie ayuda, a los que nadie motiva acumulan deberes y suspensos en sus evaluaciones. Generando una clara brecha socio-cultural.

Me dicen que son para afianzar los conocimientos aprendidos en clase. Cuando, resulta que, su realización es tan repetitiva y tediosa que los niños acaban realizándolos como máquinas, sin ilusión. Su meta es acabarlos lo antes posible para poder hacer otra cosa y, a los deberes, se les termina  prestando la mínima atención.

Disculpadme pero... virtudes pocas.

6º. No mandar deberes cuando al día siguiente haya examen u  otras actividades que necesiten plena atención.
Estudiar y repasar ya es suficiente responsabilidad. En todo caso bastaría con algún ejercicio, de repaso, pero sólo de la asignatura examinada.
Así como, cuando vayan a tener Música en el colegio...por favor no más  tareas para casa el día anterior. Así podrían ensayar tranquilos y hasta divertirse con las melodías exigidas.

7º. Premiar con tiempo libre el buen trabajo realizado durante las horas lectivas en el aula.
No mandar deberes los viernes si se ha trabajado bien durante el resto de la semana. Ni en vacaciones si superan las correspondientes evaluaciones.

Esto es un gran aliciente para que presten atención y se responsabilicen más conscientemente de su tiempo en la escuela.

El tiempo libre es muy necesario, no puedo imaginar mejor remuneración tras una fructífera jornada de prestar atención y aprendizaje forzoso.

Seguirán aprendiendo libremente con su lectura favorita, acompañando a sus familiares y amigos, viajando, cocinando en casa, cuidando a sus plantas, alimentando y paseando a sus mascotas, viendo películas u obras de teatros, escuchando música, saltándose los horarios... Y , lo que es más importante, jugando o aburriéndose un rato.

8º. Nunca mandar realizar ejercicios que luego no vayan a ser corregidos de forma conveniente.
Los niños, y también los adultos, necesitamos que se valore nuestro trabajo y encontrar en nuestras tareas una utilidad.
Corrigiendo sus ejercicios encontrarán, también,  una compensación a su esfuerzo. Además de ser su única oportunidad de enmendar algunos errores de aprendizaje.

9º. Personalizar, en lo posible, la atención al niño en el aula y también en sus tareas extraescolares.
Porque nunca dos personas serán iguales, ni tendrán desarrollada el mismo tipo de inteligencia.
Si trabajan lo que ya controlan se aburren. Y desperdician tiempo que deberían aplicar en solventar otras lagunas personales.

10º. El autoritarismo estricto, la doma vaquera y la obediencia ciega no son valores que debamos promocionar.

Porque anulan la autoestima del niño y su capacidad de criticar y elegir.

Profesores y padres debemos merecernos el disponer de esa autoridad con los niños. Hay que saber brillar más que ellos. Darles motivos para que confíen en nosotros. Somos las personas a las que deberían admirar y escuchar para que, finalmente, fuesen ellos mismos los que quisieran seguir la estela.

11º. Promocionar las disciplinas que conlleven actividad física.
Siempre es positivo. La energía hay que gastarla. Porque casi es más beneficioso para el alma que para el cuerpo. La primera recomendación para el tratamiento de cualquier problema de ansiedad.

Si deseamos mantener a un niño sentado en una silla mientras se imparte una clase teórica, desarrollando una actividad intelectual, seguramente necesite otro rato similar de intensa actividad muscular.

Por favor, en  caso necesario de amonestación, se deben dar explicaciones y buscar consecuencias lógicas alternativas (no meros castigos) que nunca supongan obligar al niño a quedarse de forma sedentaria sin recreo o sin su clase de Educación Física.

12º. Usar más y mejor las asignaturas artísticas.
 Permitir a los niños expresarse libremente en sus clases de Plástica, evitando tareas tan sumamente preformadas y definidas como las que actualmente se les encarga.

Ellos, mediante las técnicas que se les expliquen, deberían poder innovar, probar, pensar, experimentar, mancharse, equivocarse, rectificar ellos mismos...

13º. Alentar el desarrollo del pensamiento lateral o divergente.
Para la resolución de un mismo problema existen muchas veces otros caminos que quizás no vengan explicados en los libros de texto.

Se debería valorar más el ser imaginativo, intuitivo y resolutivo que el aprenderse la lección cual papagayo.

14º.  No se debe presionar a los niños exponiéndolos problemas de los que ellos no son causantes y, mucho menos, cuando no está en sus manos la solución.
Ellos no son culpables, por ejemplo, de que se haya iniciado la aplicación de otra nueva Reforma Educativa. Ni son culpables de que maestros y centros educativos quieran entrar a competir en ciertos informes comparativos y clasificatorios.

Ellos tampoco son culpables, en su caso, de hallarse a un nivel de conocimiento inferior al esperado  y tener que alcanzar, en un determinado periodo de tiempo, otro más elevado.
Son los maestros los profesionales formados y preparados para forjar una escalera con peldaños a la medida que los alumnos puedan subir. Y no se debe presentar ante los niños una muralla que, desde el principio, parezca inexpugnable.

Debemos entender que la presión no es motivación, sino todo lo contrario.


15º. Evitar la competitividad entre los alumnos.
 Esto es el punto que me parece más difícil de solventar. Porque viene arrastrado desde Educación Infantil, donde unos ya colorean mejor y otros se salen alarmantemente de la raya. Unos terminan la ficha y otros... no.

Se conseguiría una mejoría no dando tanta importancia a la calificación numérica y nunca decir en voz alta las notas personales de cada cual ante el resto de la clase.

Por el contrario, sería más positivo buscar la forma de promocionar la colaboración entre los compañeros.
Por ejemplo, creando entre ellos listas de ofertantes (altruistas) y demandantes de conocimientos. Y que se dediquen tiempo mutuo a ayudarse entre ellos.

De esta manera quizás empiecen a comprender las ventajas del trabajo en equipo.

16º Razonar siempre lo que se debe memorizar.
De no ser posible, explicar técnicas de estudio prácticas como: enseñar a subrayar, resumir, esquematizar y trucos mnemotécnicos útiles y llamativos.

17º. Exigirle a las nuevas tecnologías practicidad a la vez que veracidad.
Aprendamos a ser críticos, a cotejar la información, a usar enlaces y páginas que sean dignos de confianza.
Me dijo un día, ya muy lejano, una buena profesora que la finalidad no debería ser sabérselo todo (porque es imposible), llenando el coco de datos innecesarios. Lo fundamental es razonar y saber dónde  buscar luego la información. Conocer buenos libros,  buenas páginas en Internet y tener buenos contactos, también humanos.

18º No castiguéis al grupo entero cuando no sepáis quien ha ocasionado la molestia.

Porque demostramos claramente que toleramos la injusticia.

Por otro lado, a un consabido culpable se le deberían de explicar el porqué se espera de él otro comportamiento: porque somos una tribu y debemos colaborar por el bienestar de toda la sociedad, porque la libertad de cada uno  acaba donde empieza la de los demás, porque no debemos aplicar en otros lo que no nos gustaría para nosotros mismos... Típicos tópicos que se suelen repetir mil veces para luego olvidar.

Tampoco pretendamos que se acusen unos a otros. Porque debemos pretender lo contrario: Que los compañeros de clase sean precisamente entre ellos, eso, buenos compañeros.

Ni pretendamos que se sinceren y se acusen a sí mismos públicamente. Porque, ante esta presión, el intencionado infractor callará. Sin embargo la persona sincera, que haya cometido involuntariamente un error, se delatará. Pudiendo quedar estigmatizada, de alguna manera, por el resto de sus compañeros.

 19º Deberíamos conseguir el cumplimiento de las normas no mediante amonestaciones sino inculcando el convencimiento de que es por el bien para nosotros mismos y los demás.
Quisiera puntualizar que no considero del todo adecuado, por ejemplo, el uso del Carné por puntos. Que funciona de similar manera que el de Tráfico para los adultos.
Sería mejor educar personas que entendieran que  el  cumplimiento de las normas ocasiona su propio bien y el de los demás. Y así podemos vivir más seguros. Que comprendieran que la vida cómoda y segura como ahora la entendemos no sería posible de otra manera. Me gustaría que mis hijas cumplieran las normas por esto y no por el miedo a que les quiten un punto o cualquier castigo similar.

20º Acabando...

Busquemos, entre todos, la manera de formar personas respetuosas, empáticas, creativas, colaboradoras, resolutivas, con buena autoestima, con capacidad crítica y, por tanto , con capacidad de elección.

Y demos importancia a otras disciplinas vitales, de las que se aprende de igual manera tanto en casa como en la escuela, como pueden ser:
La sexualidad, la nutrición, la información sobre drogas, el acoso escolar, el machismo y los micromachismos, el maltrato dentro del hogar...

Parece que nuevos y mejores métodos se vienen introduciendo en el 2º Ciclo de Infantil. Entonces, es ahora cuando más se necesita proseguir la misma evolución en Primaria. Para que los niños en 1º de Primaria continúen con la ilusión por aprender y por crecer. Que vean las ventajas de seguir caminando hacia su madurez y su autonomía. Y que esto no suponga un amargo camino para ellos.

En 1º de Primaria se debería iniciar la enseñanza más básica (como podría ser la lecto-escritura), ya que es el primer curso dentro de la escolarización obligatoria. No tienen sentido aquí exámenes, ni notas, ni suspensos, ni aprobados.
Cuanto más tempranamente acabemos con el desánimo, mejor nos irá.
Claramente, la posibilidad de acabar con la desmotivación, el desgaste y esa alta Tasa de Abandono Escolar Temprano, está quemando en nuestras manos.


domingo, 1 de marzo de 2015

La "Burbuja Educacionaria".

Sonrío. Y es que me hace ilusión.
¡Nos vemos de nuevo, personas que me habéis preguntado por la continuidad de este blog! ¡Gracias, a los incondicionales que habéis seguido asomándoos siempre! Aquí estoy otra vez, hace tiempo que lo necesitaba. Publicar una entrada me lleva semanas pero compensa. Es una terapia el organizar y expresar ideas y  saber que estáis ahí.
La verdad verdadera es que me encanta escribir, incluso más que hablar (jajaja, alguno no se lo creerá) y espero que este beneficio para mi aliento no se vuelva a fugar.

Es difícil empezar. Pero seguro que lo que más me va a costar es terminar. Que esos viajes organizados con el guía gritando: -"¡Hagan rápido las fotos que ya las verán en casa!"- y las excursiones tipo Scout: -"un, dos, un, dos..."- aunque vayan cantando,  nunca me han ilusionado.
En todo caso, me esforzaré por centrarme. Si se os hace largo, lo sentiré mucho. No están los tiempos para gastarlos en aburrirse ni un poco. Si se os hace corto, quedamos un día para seguir el coloquio. Realmente, me quedan muchos posos en el tintero. Y es que, como canta Amaral en Botas de terciopelo, tengo la cabeza como un saco de centellas.

Advierto de la longitud y espesor de este escrito. Para quien decida leerlo podría ser un reto afrontarlo porque es crítico, empezando conmigo misma. Si alguien se siente representado que sea para su propio orgullo o, sino, que lo recoja como una simple opinión constructiva.

Evidentemente, en todo sistema educativo y en cualquier centro escolar, también reconozco proyectos positivos. Pero para ensalzar virtudes ya me sentaré otro día.
El problema es que no ignoro que existe un mundo paralelo. Incluso dentro del propio Sistema Público de Educación cohabitan otros métodos que, quizás no tengan por qué ser la panacea pero, se me antojan con mejor pinta que el que impregna a mi familia y rodea a mis hijas.

De hecho, una de ellas, que ya suma diez años, parece no estar atravesando una época sencilla.
Considero sus defectos personales. A nadie le duelen más que a mí. Vivo intentando modelar en mis hijas personas empáticas, con plena capacidad de respetar a los demás. Y nada me entristece tanto como cuando me parece no haberlo conseguido.

Algunos problemas se enraízan en su familia, como puede ser la convivencia con su hermana o lidiar con las locuras de esta madre. No sin motivos pienso que ser madre es la tarea en la que cometo y cometeré más errores. Pues, cada día, cambia el escenario y evolucionamos los actores, siendo el afianzamiento de conocimientos prácticamente imposible de alcanzar.
Ser madre ha llenado mi vida de momentos mágicos vividos con tan buenas sensaciones que son imposibles de explicar y también de momentos muy cansinos, en los que tengo que sujetarme las piernas para no salir corriendo. Tener la necesidad de educar, obliga a mirarse a cada momento, sin anestesia, en el espejo de unos ojos donde puedes ver las necedades que habitan en ti. Tienes que tropezar muchas veces con las aplastantes buenas razones de los niños y aprender la disculpa desde el corazón. Son ellos los que tienen la verdadera capacidad de educar sin necesidad de amenazas, ni gritos, ni castigos. Pero la educación en casa es otro tema a tratar al que le podríamos dedicar muchos otros ratos y folios.

Cuando los niños son escolarizados es imposible pensar que familias y profesorado no seamos un mismo equipo. Estuve siempre de acuerdo con que para educar a un niño hace falta una tribu entera (deberíais leer, por ejemplo,  El Concepto del Cotinuum). Aunque  tristemente, algunas veces llego a pensar que sería más sencillo educar en un mundo remoto y solitario. Ya no sé si estoy más harta de luchar por la buena educación familiar o de comprobar que alguna tribu ha resultado un descalabro.

Resumiendo mucho, muchísimo; porque los detalles e historietas podrían ser demasiados, supondréis que mi idea hoy es hablar de enseñanza.
Es curioso que hace pocos días, hablando del tema con una nueva amiga maestra, ella nombrara de la misma manera a lo que llevo meses dándole vueltas: La Burbuja Educacionaria. En la que participamos profesores y padres. Intentando adaptarnos a descabezadas reformas educativas que cambian cada pocos años.

Sepamos, lo primero, que el  Sistema Público de Enseñanza en España está demostrado estadísticamente que es un fracaso. Todos hemos oído hablar de la alta Tasa de Abandono Escolar Temprano y los malos resultados a los que solemos enfrentamos en el Informe Pisa (que aún a pesar de sus inconvenientes, es de lo poco que nos puede orientar hacia la sospecha de que algo estamos haciendo mal).

No es lo más duro leer una estadística.  Es peor darte  cuenta de que todos aportamos alas a esos datos mientras forjamos una enseñanza ficticia. La burbuja es la que explota en cada Informe Pisa. 
No soy capaz de ver las piezas en su sitio. Es un auténtico círculo vicioso que realmente no sé donde empieza y dónde acaba. Ni sé cuando se inició porque,  como decimos los que vamos madurando, -"esto en nuestros tiempos no pasaba"-.

Puede que no sea lo más correcto, pero manejo unas definiciones propias de los términos educar y enseñar.
Educar, para mí, significa formar personas que sean capaces de convivir sin crear conflictos en su entorno.
Mientras que por enseñar entiendo transmitir conocimientos de tal manera que puedan ser asimilados por quien recibe esta información.

Queda claro que las dos acciones deberían desarrollarse en ambos entornos, en casa y en la escuela. Y que son tan inseparables que a veces a una se la nombra por la otra. E incluso hay familias que prescinden de las instituciones y enseñan en sus propios hogares.
Pero la enseñanza en casa debería ser voluntaria, tanto en su forma como en su contenido.
Y la educación en la escuela debería ser un simple pulido del tallado realizado en el seno de cada familia.

Entendiéndolo así, el bucle quedaría resumido como una descompensación de esta balanza. No se puede cargar a los maestros con todo el peso de la educación. Ni dentro de los hogares deberíamos de sufrir el fracaso de la enseñanza.

Los alumnos no asimilan en clase los conceptos importantes, no son capaces de trabajar ellos solos en casa y de verse a ellos mismos como personas autónomas y responsables. Los únicos que salen adelante del atolladero son los que están respaldados, al cien por cien, por sus familiares adultos. Que, aparentemente, somos los que estamos siendo continuamente evaluados. No comprendo ese empeño. Yo ya estuve en la escuela. Cursé varios años en La Pública y aprobé todo con buena nota. 
Si pregunto a mi madre, ella no recuerda hacer deberes conmigo. Ni pelearse conmigo para que yo los hiciera. Aunque sí recuerdo que ella fue siempre mi apoyo y pasó algún mal trago a mi lado por esa mala costumbre mía de no llevar lo estudiado al día.
Así que, si es verdad que esto antes no pasaba, ¿Cómo y cuándo se ha iniciado?

No es que tenga que ser éste el principio, pero las familias no parecemos ser capaces de mandar a clase a personas empáticas y respetuosas con los demás, que sepan sentarse en una silla y escuchar. Así que es realmente difícil que se relajen y traigan los conocimientos aprendidos de allí. 

En este panorama el profesorado está torrado también y pierde la alegría necesaria para enseñar y, es por esto que, desde los centros escolares no son capaces de ilusionar y motivar al aprendizaje. Y así se cierra el círculo.
Al llegar los niños a casa sin la lección entendida, con los deberes por hacer y tan pocas ganas de enfrentarse a ellos, sentimos la necesidad de explicarles los temas y de ayudarles con las tareas. Y ya que estás, no puedes evitar corregirles lo que ves mal. Pues, que lleven la tarea corregida de casa, termina siendo otro error porque el niño en clase no sentirá  la necesidad de atender para saber si lo ha hecho bien o mal, ya que lo tiene (supuestamente) correctamente hecho. Así que yo en casa, si detecto el error, intento limitarme a decir: -Llevas algo mal, mañana miraré si lo traes corregido-
Esta es una espiral en la que creo que alguno os sentiréis representados y arrastrados. O quizás sea sólo la hipótesis de una madre que pide ayuda para luchar contra lo que los demás consideráis un fantasma. Yo tengo días desesperados.


La desmotivación en el colegio comienza muy temprano.
Allí se empeñan en seguir un ritmo antinatural como enseñarles a leer en Infantil cuando la escolarización en esta etapa  no es, ni siquiera, obligatoria.  En Primaria ya se les exigen exámenes como a los que más y aparecen insuficientes en el primer trimestre del primer curso.

Algunos libros son terribles en contenido y en forma. Lo sé de primera mano porque alguno leo, lo sé también porque algún profesor me lo ha dicho.
Y, lo que es peor, se lo dicen a los chicos en clase con el consiguiente pasmo y desilusión de los muchachos.
Para mí un maestro debe ser una referencia, sí. Y un buen libro también.
Si el libro resulta que es mediocre, se le aparca y se intenta seguir otro trayecto. En todo caso, si el maestro decide continuar con este texto, debería actuar con la suficiente discreción como para que los alumnos ni noten que el libro no le entusiasma.

La desilusión crece día a día, no sólo se les dice que el libro vale para nada sino que además siempre cargan con las prisas: -"¡Qué no acabamos el temario... Qué la semana que viene hay cuatro exámenes... Qué hay que hacer las pruebas sobre las competencias básicas...!"-
Los temas se avanzan sin tener afianzados conocimientos básicos. Y también se siembra el desánimo diciéndoles que con la recién estrenada LOMCE la exigencia es superior y hay que ponerse al día en este mismo curso.

Debemos entender que la presión no es lo mismo que la motivación.

Y que, si los alumnos realmente se encuentran a un nivel inferior al esperado, son los maestros los que deben forjar unos peldaños a la medida que puedan subir y no presentar ante los niños una muralla que, desde el principio, parezca inexpugnable.

Tristemente, la Enseñanza Bilingüe me ha defraudado también. En nuestro caso se basa en asistir a Art (la supuesta Plástica) y Natural Science  sólo y exclusivamente en inglés y no en castellano. Si pronto se les olvidará que la membrana que separa el conducto auditivo externo del oído medio se llama tímpano, ¿cuánto tiempo se acordarán de eardrum?

Sembrando una ilusión, yo propongo que en las clases de Infantil, en vez de atragantarles con "la M con la A, MA...", jugaran y cantaran todas esas horas en inglés al cargo de personal realmente cualificado.
Quizás empezaríamos Primero de Primaria con niños ya bilingües, habiéndolo conseguido de forma sencilla y  natural,  sin traumas. Luego tendríamos tiempo de sobra para que comiencen a escribir y a leer, en los dos idiomas si es necesario.
Ideas las hay muy buenas,  podéis leer sobre  César Bona. Recomiendo que no os perdáis este vídeo de una entrevista reciente en La Sexta, dura un poco más de media hora. Os aseguro que,  a todas luces, merece la pena.
Él representa a muchos otros maestros, otra vertiente, otra manera de hacer las cosas. No es una utopía. Son maestros como él, muchos desde el anonimato, los trabajan cada día para que miles de niños recuperen la ilusión y aprovechen su propia curiosidad para investigar y aprender.
Tengo la fortuna de contar entre mis buenos amigos con un par de estos profesionales. Hablar con ellos es un gustazo y un conflicto de emociones para mí. Porque cuando abren la boca se les escapa la ilusión en cada una de sus palabras y sus proyectos son mágicos. Y me alegro por ellos y por sus alumnos. Mientras a la vez me inunda una profunda tristeza pensando en cuántos niños son privados de su compañía.  Me transmite cierto vértigo calcular el largo camino que a algunos nos gustaría empezar a transitar. Me transmite impotencia el chocar siempre contra el mismo muro. Hay una parte del mundo que está muy falto de orejas y la otra parte del mundo muy escaso de saber aunar las fuerzas.



Es una pena, entre otras cosas, que las Artes Creativas hayan empezado a brillar por su ausencia. Todo lo que ahora a los niños se les permite hacer con sus propias manos, incluso en los últimos cursos de Primaria, son actividades pre-dibujadas,  pre-recortadas e incluso pre-coloreadas.

Menos mal que, por ahora, nos queda la Música.

Las nuevas tecnologías parecen estar desaprovechadas o mal explicadas. Hay que enseñar a los alumnos a ser críticos y exigentes con ellas. En casa también buscamos datos en Wikipedia. Pero sería interesante que se explicara a los alumnos que las definiciones allí las escribe cualquiera, que es una información en la que a veces no se puede confiar si no es contrastada.
Decía una buena profesora en la facultad que lo importante no es sabértelo todo (porque es imposible) y llenar tu coco de datos innecesarios. Lo importante es saber dónde  buscar luego la información. Conocer buenos libros,  buenas páginas en Internet y tener buenos contactos, también con humanos.

El Pensamiento Lateral o Divergente queda anulado. La tutora de este año parece ser diferente en este aspecto. Pero hemos sufrido experiencias propias, en cursos pasados, en las que sólo se trataba de repetir lo del libro y de solventar los problemas por un único camino. No se le da mucha cancha a nuevas interpretaciones o a otras soluciones.


Por otro lado, muchos otros tipos de capacidades integradas dentro de la Teoría de las Inteligencias Múltiples son ignoradas o ridiculizadas en las escuelas. Allí sólo se valora lo medible y lo competitivo.
Incluso el Informe Pisa se sigue centrando y fallando en esto.
Uno de los más graves errores de este Sistema Educativo. Es una evidencia que cada cual somos distintos y así deberíamos de ser tratados y valorados.

Visto que no valoramos la creatividad, ni la capacidad crítica, mucho menos se valora la empatía.
Cuando precisamente es lo que más necesitamos: personas que afronten el futuro con un diez en estas asignaturas.

Futuros políticos y empresarios éticamente incapaces de robar, extorsionar o engañar.
Que sepan cuales son las negativas consecuencias de evadir impuestos y de explotar a los demás.
Necesitamos futuros trabajadores lo suficientemente críticos como para no dejarse traicionar, tanto como productores, como consumidores y como votantes en su democracia.
Personas que sepan que no siempre comprar lo más barato es lo más ventajoso, porque repercute en toda la cadena de la sociedad, en los derechos de muchos trabajadores, aunque vivan muy lejos de nosotros.
Personas que sepan que la solución a los movimientos migratorios no está en construir una valla más alta y espinosa. Sino en que ésta no existiera. No para venirse todos, que ellos quisieran poder estar en sus casas y, además, va a ser verdad que aquí no cabemos. Sino porque, en un mundo equitativo, esta frontera ya no debería ser necesaria.
Personas que comprendan que pasar desapercibido y dejar las cosas como las hemos encontrados es la forma más sencilla de practicar un mínimo ecologismo.

¡Alejandra, vuelve!

Y ahora regresemos a una clase en la que el disfrute es cero. Porque el profesor tiene que estar más a mandar callar (e incluso mandar sentar) que a enseñar y motivar. Siempre enfurruñado. Donde algunos castigos son impuestos al grupo entero  sin intentar averiguar o no queriendo ver dónde reside el verdadero problema. Al final muchos muchachos pierden las ganas de comportarse bien en clase porque, total,  les  van a castigar igual o porque ven que el que realmente la arma sale indemne sin asumir ninguna consecuencia.

Las familias, en este problema del mal comportamiento en el aula, tenemos que reconocer que debemos aportar  más esfuerzo y mejorar. Sí.
Nuestra función, ya lo dije, es que a clase lleguen personas que sepan respetar y escuchar.
Mientras que la función de motivar y enseñar, indiscutiblemente, recae sobre el profesorado. 
Zanjo este tema, que ya comienza a arrastrarme la espiral y no quisiera repetirlo tanto.

Y otro problema concomitante: Desde el colegio, para mi desesperación personal y desintegración de la paz en mi familia, se vienen mandando tareas para casa sin mesura. 

Aunque no me pasa desapercibido que este curso vamos algo más desahogados. Mi agradecimiento desde aquí a los maestros que se lo piensan tres veces y miden sus envíos a los hogares. 

Nos dicen que son para crear un hábito, para afianzar conocimientos, para que se hagan responsables y autónomos.
No parece nadie darse cuenta de que el resultado está siendo el contrario. Son ejercicios arduos y aburridos, por lo que se convierten en un repetitivo "acaba-ya-por-lo-que-más-quieras-para-poder-hacer-otra-cosa-mariposa" y necesitan continua colaboración, motivación y seguimiento por parte de la familia. Por lo que generamos seres cada vez más dependientes en vez de más independientes.

Deberes sí. ¿Por qué no? Pero útiles, motivando y con moderación. Recuerdo que un día Julia trajo, además de toda su retahíla de deberes, una ficha de Educación Física que tenía que rellenar con datos de cuando ella nació: talla, peso y una foto o dibujo. Y esos mismos datos pasados siete años, para que  valoraran todo lo que había crecido. Y me pareció una tarea muy bonita y didáctica.  Eso sí, sólo con buscar sus papeles del nacimiento, abrir la caja de las fotos, pesarse, medirse... ya hubiera tenido trabajo, aprendizaje y disfrute para toda la tarde. Pero sumando todas las tareas que traía sólo quedó tiempo para: -¡Venga, date prisa y no te enrolles!-
Sería fundamental que tutores de curso y especialistas se pusieran de acuerdo para no mandar demasiadas tareas en un mismo día.

También cuando les toca examen, que no son pocos, el día anterior les siguen poniendo la misma cantidad de deberes, cuando hasta a los universitarios de hoy en día les dejan las semanas en las que hacen exámenes sin ni siquiera tener que asistir a clase.

Reconozco que, a este ritmo de exigencia y sumando la Ley del Mínimo Esfuerzo (que forma parte de nuestra más primitiva inteligencia y que todos sabemos que aplican muy correctamente nuestros pequeños), los deberes terminan cayendo en la desidia. Es entonces cuando va Julia y hace una soberana chapuza. Y, como eso me irrita mucho más que si hubiera decidido no hacerlo, si lo veo me transformo en bruja-mamá y se lo  mando repetir. ¡Hala, más trabajo para la rueda!

Queman también las tareas para los fines de semana, puentes y vacaciones. Como son más días, pues más deberes. También es de Perogrullo que todos necesitamos descansar y hay quien, incluso, necesita trasladarse para poder visitar a familiares y amigos.
Creo que, precisamente para motivarlos en las aulas (donde deberían  aportar sus verdaderas horas de trabajo y esfuerzo), deben disfrutar de la recompensa que todos los trabajadores ansiamos: Tiempo libre para desconectar, para romper con la rutina, para ver que pasa por el resto del mundo, para cocinar, para aburrirnos, para mover el esqueleto, para tirarnos en el sofá, para crear con nuestras propias ideas y nuestras propias manos, para salir al campo, para ir al cine o al teatro, para mandar los hábitos al carajo un rato...

Y como última petición: La tarde de los miércoles sin tareas extras.
El jueves tienen Música y así disfrutaríamos de practicar con la flauta ;-)

Estoy convencida de que si los padres, en casa, no tuviéramos que gastar tanto tiempo y energía en pelearnos con nuestros hijos para que hagan sus aburridas tareas y para explicarles bien lo que traen sin comprender de la escuela, sacaríamos más tiempo para relajarnos todos y conseguiríamos educar mejor, que es nuestra verdadera función.

A los alumnos hay que exigirles que respeten a sus semejantes y que se respeten a sí mismos. Sí.
Por supuesto, de igual manera, deben  respetar a los adultos. Pero no sirve de mucho una impuesta y descabezada  autoridad.
Para que profesores y padres dispongamos de autoridad debemos  ganárnosla también. Hay que saber brillar más que ellos. Hay que darles motivos para que confíen en nosotros. Somos las personas a las que deberían escuchar y admirar para que, finalmente, si eso es lo que consideramos bueno para ellos, fuesen ellos mismos los que quisieran seguir la estela.

A los niños podemos que pedirles esfuerzo, sí claro. Pero con argumento y nunca desvinculado de la alegría.

Reconozcamos que muchas veces los hijos son como los padres. En mi caso elijo la calma y disfrutar de cada momento, incluso en el trabajo. Me lo he currado cada día de mi vida para que así sea y lo voy consiguiendo. No es un problema para mí que el despertador suene a las seis de la mañana y afrontar un nuevo lunes. Ni es un problema para mí, ni para mis hijas salir a comprar al pequeño comercio de mi pequeña ciudad y tardar el triple de lo estimado en volver a casa porque a nadie le negamos un agradable parlado. Aunque tengamos deberes pendientes y la cocina por recoger.

Ya entiendo que, supuestamente, muchos niños son más resolutivos y más rápidos con las tareas. Aunque también sé que muchas familias sufren las consecuencias de los deberes y no son capaces de sincerarse con el resto de la sociedad.
A mí es que nunca me ha importado quejarme. Porque yo sí me caigo a veces de la moto.

Pero quizás lo peor esté en las propias casas. Las familias cierran cada vez más el círculo de esta absurda presión sobre el profesorado y su función. Muchas veces este intento de adelantamiento en los conocimientos y de acabar los temarios son a raíz de esta presión familiar: -"¡Ay madre... que acaban infantil y no leen! ¡Uf...a este ritmo no acabarán el libro!"-.
 La imposición de deberes también suele ser así: -"Y sin deberes...¿qué hacemos con ellos toda la tarde en casa?"-.

Nadie parece poner pie en pared para parar el rodar de esta burbuja.  No sabemos qué pasará con estos niños en el futuro. Las diferencias entre ellos son grandes y serán peores.
No sé qué ganas les quedarán para seguir estudiando después de la etapa de escolarización obligatoria. Supongo que pocas. De ahí el porcentaje de Abandono Escolar Temprano.
Pocas fuerzas quedan para enfrentarte a más estudios después de pasar por esta etapa tan poco sencilla que, casualmente, rima con pesadilla.

Nosotros en casa, éramos reacios a entrar en este círculo. Pero, después de decenas de tutorías  y charlas con mis semejantes en la puerta del colegio donde he intentado exponer  mi punto de vista,  me sigue pareciendo que siembro en suelo salado.
Mis esperanzas se fueron del todo a pique después de asistir recientemente a una charla colectiva que nos ofreció la orientadora.
Alguno se preguntará como no pedí la palabra allí para rebatir casi cada frase. No era mi lugar ni mi momento. Si me hubiera puesto a hablar, hubiera durado demasiado mi discurso y el tiempo siempre es limitado.

Intentaré describir en un escueto resumen, aunque espero que no sesgado, parte de lo que aconteció pero no todo lo que me sorprendió.
Allí se preguntó que si nos sentábamos los padres con nuestros hijos a hacer los deberes. A lo que unos no contestamos y otros dijeron que no.
-"Bien"- opinó -"Los niños deben ser independientes y los padres no debemos castigarnos a sentarnos con ellos"-. 
Pero, después de varios minutos, recalcó que -"En todo caso,  hay que repasar con ellos lo que estudian. Y por supuesto, para saber si se lo saben debemos leer el texto nosotros mismos. En definitiva, vais a hacer Quinto con ellos"- nos dijo. A lo que, quizás las misma voces que momentos antes negaron sentarse con ellos a hacer los deberes, contestaron desesperadas -"¡Si ya lo estamos haciendo!"-.

Advirtió que se comprendía que hubiera padres que, por distintos motivos, no pudieran ofrecer este apoyo y prosiguió: -"Siempre se puede tirar de hermanos, vecinos..."-
Por favor, reflexionemos un poco.  No puede ser función del resto de la sociedad el realizar el trabajo de los maestros. Ni aunque tengamos hijos.

Puedo recordar muchas más anécdotas, desde la guardería... Llevo mucho tiempo tan sorprendida como incomprendida. Correrían hoy ríos de tinta entre mis dedos.

Pero nada, en estos momentos, estamos abatidos, dispuestos a cursar Quinto con nuestra hija. Porque, tristemente, a poco que nos hemos asomado vemos que sus lagunas están siendo grandes. Eso sí,  como siempre he preferido estudiar con el culo posado en una silla. Nosotros sí nos sentaremos con nuestra hija. Así que, seremos culpables. No exagero si os cuento que me ha tocado llorar para someterme y asumir que colaboro en el engorde de esta Burbuja Educacionaria. Pero no os preocupéis que, además de gustarme mucho el quejarme, el llanto siempre ha sido una salida rápida de mis malos rollos. Si me veis llorar, suele significar, que en un ratillo estaré mucho mejor.

En todo caso, la alumna no podrá eludir toda la responsabilidad. Tendrá que ser, como mínimo, el brazo ejecutor en los exámenes. Para que trabaje un poco también, digo yo.
¡Venga Cariño, ánimo! ¡A ver si, a pesar de nuestros despistes y faltas de ortografía, aprobamos!