Para bien o para mal, por distintas circunstancias, en esta vida me ha tocado algún que otro peregrinar. Ello ha conllevado el tener que despedir, recibir, conocer gente... algunas de estas personas me han concedido el privilegio de considerarse mis amigos... y muchos, aún hoy, siguen siéndolo.
Gracias por estar ahí.

sábado, 11 de septiembre de 2010

El coche agradecido.

Paro algún día a repostar en la gasolinera de Chaherrero, no pertenece a ninguna red de esas importantes, ahora ni me acuerdo de como se llama. Está en venta.
Paro a la que vengo hacia casa, porque tienen un pan, horneado en Riocabado, buenísimo.
Y paro, desde hace ya nueve años, desde cuando regresaba casi a diario con Alfonso, porque algunos de los que allí atienden son la mar de simpáticos y amables. Siempre lo comentábamos. Ahora hay que desviarse de la autovía para visitarla.

Y ya sé que lo hago re-mal pero cargo el depósito cuando ya va consumiendo la reserva y siempre pido que lo llenen. De vacío a reventar. Luego, de esta manera, al volver a incorporame a la carretera siento como el coche, va mejor, más lisito, con la tripilla llena. Y recuerdo la miradas cruzadas con Alfonso cuando él me acompañaba, porque nuestro sentir coincidía en esta situación. Nos parececía que el vehículo nos lo agradecía, respondiendo con más salero a la pisada del aceleador. A veces conducía él y otras veces yo. Son tantos los huecos que acupan en mi cabeza los pequeños recuerdos vividos con Alfonso que, cuando agrupe aliento, me gustaría compartirlos todos con vosotros.

Hace unos 15 días fui a pagar (me despachaba quien, ahora sé, se llama Manolo), con tarjeta (claro) y resulta que le di el D.N.I (que ya, por inercia, lo presento siempre junto a la tarjeta de pago) y el carné de conducir(que le tengo con el formato nuevo).
-Pues muy bien...¿Y con cúal te cobro?- Sonrió
-¡Caray, ya me gustaría poder pagarte con cualquiera de los dos!- Me disculpé mientras sacaba la plateada de la cartera.
Como siempre, de otras cosas seguimos hablando.

A la semana siguente, otra vez a llenar...¡Qué ruina!
Estaba el menos risueño de los pependientes. Aceptó la comprobación con el carné de conducir porque me di cuenta de que me faltaba el D.N.I.
Pensé, en voz alta (cosa que suelo hacer cuando alguien me contempla, algunos dirán "Y ¿A mí que me cuentas?")
- ¡Vaya! Se habrá quedado en la mochila...-

Hacía pocos días había cambiado el uso de esa mochila por un bolso más apañao (que no más nuevo), ante la insistencia de mi entorno más cercano: "Qué esa mochilona que llevas es de muy poco glamour, eso es para meter un bocata e ir a zampártelo al campo". Pues me convencieron, usaré algo para llevar mis cosas más recogiditas.

Y ayer mismo he vuelto a tener que repostar, nuevamente he elegido comer buen pan y comprar unas pastas para llevar a casa de Ana, así que saliendo en Chaherrero... Sabía que Manolo estaba de vacaciones. Me encontré con un rostro que me resultó desconocido (aunque con el despiste que gasto... a saber)

Todo tan normal.
-Súmame esto también- Le dije cogiendo unos regalices rojos (y sin comer que iba yo, luego regaño a Julia...ains... cómo somos los mayores) y cuando voy a pagar, iba ya a sacar el carné de conducir directamente (porque en casa se me pasan las horas volando y ni siquiera me había propuesto buscar el D.N.I.) . Y el chico nuevo me medio pregunta, me medio confirma mi lugar de residencia. Después de escuchar afirmativa respuesta, tras mi cara de interrogativa sorpresa, él se explica:
-Al verte entrar he pensado que eras tú- Mientras sacaba de detrás del monitor el perdido D.N.I.
-Así que, ¡Estaba aquí!- me alegré.
-Sí, se lo han debido de encontrar, aquí, entre los chicles- Mientras señalaba la estantería que justo precede al mostrador.
-Claro, se me debió de caer el otro día... me atendía un compañero tuyo que me dijo que en invierno también vive allí- Argumenté.
-Ah, sí , Manolo. Está de vacaciones-
-Lo sé, aquel día me dijo que se marchaba el siguiente-.
Charlamos pocos minutos más, y según avanzaba hacia la puerta, levanté la voz:
- ¡Vaya, qué alivio haber encontrado el documento!-
- Pues si, un quebradero menos de cabeza-Se despidió.

Continué el camino, por la carretera que, desde la construcción de la autovía, ha quedado desierta.
Con el coche saciado, agradecido.
Comiéndome los tobosines que también hubiera disfrutado Alfonso, mientras me hubiera mirado de refilón, sin hablarnos, los dos maquinando en lo mismo: "Pero que finito va el clío ahora, parece que se desliza mejor".
Algunos seguimos intentando sencillas formas de contentarnos.

Y entre melancolía y recuerdos marché pensando -¡Qué cosas tiene la vida! ¡Qué sucios revolcones nos depara! O qué vueltecillas da, a veces, tan simples y cotidianas-.

4 comentarios:

  1. Pues sí, Ale la vida es muy puñetera. Yo también me acuerdo a veces de Alfonso y Sonia y no entiendo nada. qué días más tristes vivimos hace ya seis años camino de siete! Sin embargo mi padre siempre nos decía que con que solo pensáramos en los que nos faltan ya estarían con nosotros y no habrían pasado por la vida de un forma insulsa.
    El otro dí por error hable con Sonia y la encontré muy feliz. Me alegro infinitamente por ella. Un besazo para los cuatro. (Ya ves que te sigo desde El Tiemblo eh?)

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  2. Sí, da gusto ver ahora a Sonia...se lo merece todo y más.
    Un besote, hasta el Tiemblo, para mi más fiel seguidora. Aunque me ha dicho un pajarito que está ahí tu coche. A ver si de una vez te veo.
    Que parece mentira...

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  3. bonita la historia del DNI que convivió con unos chicles en su estante durante unos días...¡Que santa potra tienes!. Si me pasa a mi, a buen seguro que no lo vuelvo a ver en la vida.
    Es curioso que Alfonso vaya sentado a tu lado en el coche aveces, pues otras veces me acompaña a mí. Pero contigo se ríe mas. Yo le cuento todas mis paranoyas y enganchadas y se aburre un poco...

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  4. Alfonso nunca se aburrió contigo, ni nosotros con él. Daba igual que nos contáramos penas o alegrías. Daba igual estar en un sitio que en otro. Sigue contándole tus historias, que por algo él era alguien que tan bien te entendía y te quería. Cuando prefiera viajar conmigo, yo seguiré ofreciéndole mis tobosines.

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