Para bien o para mal, por distintas circunstancias, en esta vida me ha tocado algún que otro peregrinar. Ello ha conllevado el tener que despedir, recibir, conocer gente... algunas de estas personas me han concedido el privilegio de considerarse mis amigos... y muchos, aún hoy, siguen siéndolo.
Gracias por estar ahí.

domingo, 1 de marzo de 2015

La "Burbuja Educacionaria".

Sonrío. Y es que me hace ilusión.
¡Nos vemos de nuevo, personas que me habéis preguntado por la continuidad de este blog! ¡Gracias, a los incondicionales que habéis seguido asomándoos siempre! Aquí estoy otra vez, hace tiempo que lo necesitaba. Publicar una entrada me lleva semanas pero compensa. Es una terapia el organizar y expresar ideas y  saber que estáis ahí.
La verdad verdadera es que me encanta escribir, incluso más que hablar (jajaja, alguno no se lo creerá) y espero que este beneficio para mi aliento no se vuelva a fugar.

Es difícil empezar. Pero seguro que lo que más me va a costar es terminar. Que esos viajes organizados con el guía gritando: -"¡Hagan rápido las fotos que ya las verán en casa!"- y las excursiones tipo Scout: -"un, dos, un, dos..."- aunque vayan cantando,  nunca me han ilusionado.
En todo caso, me esforzaré por centrarme. Si se os hace largo, lo sentiré mucho. No están los tiempos para gastarlos en aburrirse ni un poco. Si se os hace corto, quedamos un día para seguir el coloquio. Realmente, me quedan muchos posos en el tintero. Y es que, como canta Amaral en Botas de terciopelo, tengo la cabeza como un saco de centellas.

Advierto de la longitud y espesor de este escrito. Para quien decida leerlo podría ser un reto afrontarlo porque es crítico, empezando conmigo misma. Si alguien se siente representado que sea para su propio orgullo o, sino, que lo recoja como una simple opinión constructiva.

Evidentemente, en todo sistema educativo y en cualquier centro escolar, también reconozco proyectos positivos. Pero para ensalzar virtudes ya me sentaré otro día.
El problema es que no ignoro que existe un mundo paralelo. Incluso dentro del propio Sistema Público de Educación cohabitan otros métodos que, quizás no tengan por qué ser la panacea pero, se me antojan con mejor pinta que el que impregna a mi familia y rodea a mis hijas.

De hecho, una de ellas, que ya suma diez años, parece no estar atravesando una época sencilla.
Considero sus defectos personales. A nadie le duelen más que a mí. Vivo intentando modelar en mis hijas personas empáticas, con plena capacidad de respetar a los demás. Y nada me entristece tanto como cuando me parece no haberlo conseguido.

Algunos problemas se enraízan en su familia, como puede ser la convivencia con su hermana o lidiar con las locuras de esta madre. No sin motivos pienso que ser madre es la tarea en la que cometo y cometeré más errores. Pues, cada día, cambia el escenario y evolucionamos los actores, siendo el afianzamiento de conocimientos prácticamente imposible de alcanzar.
Ser madre ha llenado mi vida de momentos mágicos vividos con tan buenas sensaciones que son imposibles de explicar y también de momentos muy cansinos, en los que tengo que sujetarme las piernas para no salir corriendo. Tener la necesidad de educar, obliga a mirarse a cada momento, sin anestesia, en el espejo de unos ojos donde puedes ver las necedades que habitan en ti. Tienes que tropezar muchas veces con las aplastantes buenas razones de los niños y aprender la disculpa desde el corazón. Son ellos los que tienen la verdadera capacidad de educar sin necesidad de amenazas, ni gritos, ni castigos. Pero la educación en casa es otro tema a tratar al que le podríamos dedicar muchos otros ratos y folios.

Cuando los niños son escolarizados es imposible pensar que familias y profesorado no seamos un mismo equipo. Estuve siempre de acuerdo con que para educar a un niño hace falta una tribu entera (deberíais leer, por ejemplo,  El Concepto del Cotinuum). Aunque  tristemente, algunas veces llego a pensar que sería más sencillo educar en un mundo remoto y solitario. Ya no sé si estoy más harta de luchar por la buena educación familiar o de comprobar que alguna tribu ha resultado un descalabro.

Resumiendo mucho, muchísimo; porque los detalles e historietas podrían ser demasiados, supondréis que mi idea hoy es hablar de enseñanza.
Es curioso que hace pocos días, hablando del tema con una nueva amiga maestra, ella nombrara de la misma manera a lo que llevo meses dándole vueltas: La Burbuja Educacionaria. En la que participamos profesores y padres. Intentando adaptarnos a descabezadas reformas educativas que cambian cada pocos años.

Sepamos, lo primero, que el  Sistema Público de Enseñanza en España está demostrado estadísticamente que es un fracaso. Todos hemos oído hablar de la alta Tasa de Abandono Escolar Temprano y los malos resultados a los que solemos enfrentamos en el Informe Pisa (que aún a pesar de sus inconvenientes, es de lo poco que nos puede orientar hacia la sospecha de que algo estamos haciendo mal).

No es lo más duro leer una estadística.  Es peor darte  cuenta de que todos aportamos alas a esos datos mientras forjamos una enseñanza ficticia. La burbuja es la que explota en cada Informe Pisa. 
No soy capaz de ver las piezas en su sitio. Es un auténtico círculo vicioso que realmente no sé donde empieza y dónde acaba. Ni sé cuando se inició porque,  como decimos los que vamos madurando, -"esto en nuestros tiempos no pasaba"-.

Puede que no sea lo más correcto, pero manejo unas definiciones propias de los términos educar y enseñar.
Educar, para mí, significa formar personas que sean capaces de convivir sin crear conflictos en su entorno.
Mientras que por enseñar entiendo transmitir conocimientos de tal manera que puedan ser asimilados por quien recibe esta información.

Queda claro que las dos acciones deberían desarrollarse en ambos entornos, en casa y en la escuela. Y que son tan inseparables que a veces a una se la nombra por la otra. E incluso hay familias que prescinden de las instituciones y enseñan en sus propios hogares.
Pero la enseñanza en casa debería ser voluntaria, tanto en su forma como en su contenido.
Y la educación en la escuela debería ser un simple pulido del tallado realizado en el seno de cada familia.

Entendiéndolo así, el bucle quedaría resumido como una descompensación de esta balanza. No se puede cargar a los maestros con todo el peso de la educación. Ni dentro de los hogares deberíamos de sufrir el fracaso de la enseñanza.

Los alumnos no asimilan en clase los conceptos importantes, no son capaces de trabajar ellos solos en casa y de verse a ellos mismos como personas autónomas y responsables. Los únicos que salen adelante del atolladero son los que están respaldados, al cien por cien, por sus familiares adultos. Que, aparentemente, somos los que estamos siendo continuamente evaluados. No comprendo ese empeño. Yo ya estuve en la escuela. Cursé varios años en La Pública y aprobé todo con buena nota. 
Si pregunto a mi madre, ella no recuerda hacer deberes conmigo. Ni pelearse conmigo para que yo los hiciera. Aunque sí recuerdo que ella fue siempre mi apoyo y pasó algún mal trago a mi lado por esa mala costumbre mía de no llevar lo estudiado al día.
Así que, si es verdad que esto antes no pasaba, ¿Cómo y cuándo se ha iniciado?

No es que tenga que ser éste el principio, pero las familias no parecemos ser capaces de mandar a clase a personas empáticas y respetuosas con los demás, que sepan sentarse en una silla y escuchar. Así que es realmente difícil que se relajen y traigan los conocimientos aprendidos de allí. 

En este panorama el profesorado está torrado también y pierde la alegría necesaria para enseñar y, es por esto que, desde los centros escolares no son capaces de ilusionar y motivar al aprendizaje. Y así se cierra el círculo.
Al llegar los niños a casa sin la lección entendida, con los deberes por hacer y tan pocas ganas de enfrentarse a ellos, sentimos la necesidad de explicarles los temas y de ayudarles con las tareas. Y ya que estás, no puedes evitar corregirles lo que ves mal. Pues, que lleven la tarea corregida de casa, termina siendo otro error porque el niño en clase no sentirá  la necesidad de atender para saber si lo ha hecho bien o mal, ya que lo tiene (supuestamente) correctamente hecho. Así que yo en casa, si detecto el error, intento limitarme a decir: -Llevas algo mal, mañana miraré si lo traes corregido-
Esta es una espiral en la que creo que alguno os sentiréis representados y arrastrados. O quizás sea sólo la hipótesis de una madre que pide ayuda para luchar contra lo que los demás consideráis un fantasma. Yo tengo días desesperados.


La desmotivación en el colegio comienza muy temprano.
Allí se empeñan en seguir un ritmo antinatural como enseñarles a leer en Infantil cuando la escolarización en esta etapa  no es, ni siquiera, obligatoria.  En Primaria ya se les exigen exámenes como a los que más y aparecen insuficientes en el primer trimestre del primer curso.

Algunos libros son terribles en contenido y en forma. Lo sé de primera mano porque alguno leo, lo sé también porque algún profesor me lo ha dicho.
Y, lo que es peor, se lo dicen a los chicos en clase con el consiguiente pasmo y desilusión de los muchachos.
Para mí un maestro debe ser una referencia, sí. Y un buen libro también.
Si el libro resulta que es mediocre, se le aparca y se intenta seguir otro trayecto. En todo caso, si el maestro decide continuar con este texto, debería actuar con la suficiente discreción como para que los alumnos ni noten que el libro no le entusiasma.

La desilusión crece día a día, no sólo se les dice que el libro vale para nada sino que además siempre cargan con las prisas: -"¡Qué no acabamos el temario... Qué la semana que viene hay cuatro exámenes... Qué hay que hacer las pruebas sobre las competencias básicas...!"-
Los temas se avanzan sin tener afianzados conocimientos básicos. Y también se siembra el desánimo diciéndoles que con la recién estrenada LOMCE la exigencia es superior y hay que ponerse al día en este mismo curso.

Debemos entender que la presión no es lo mismo que la motivación.

Y que, si los alumnos realmente se encuentran a un nivel inferior al esperado, son los maestros los que deben forjar unos peldaños a la medida que puedan subir y no presentar ante los niños una muralla que, desde el principio, parezca inexpugnable.

Tristemente, la Enseñanza Bilingüe me ha defraudado también. En nuestro caso se basa en asistir a Art (la supuesta Plástica) y Natural Science  sólo y exclusivamente en inglés y no en castellano. Si pronto se les olvidará que la membrana que separa el conducto auditivo externo del oído medio se llama tímpano, ¿cuánto tiempo se acordarán de eardrum?

Sembrando una ilusión, yo propongo que en las clases de Infantil, en vez de atragantarles con "la M con la A, MA...", jugaran y cantaran todas esas horas en inglés al cargo de personal realmente cualificado.
Quizás empezaríamos Primero de Primaria con niños ya bilingües, habiéndolo conseguido de forma sencilla y  natural,  sin traumas. Luego tendríamos tiempo de sobra para que comiencen a escribir y a leer, en los dos idiomas si es necesario.
Ideas las hay muy buenas,  podéis leer sobre  César Bona. Recomiendo que no os perdáis este vídeo de una entrevista reciente en La Sexta, dura un poco más de media hora. Os aseguro que,  a todas luces, merece la pena.
Él representa a muchos otros maestros, otra vertiente, otra manera de hacer las cosas. No es una utopía. Son maestros como él, muchos desde el anonimato, los trabajan cada día para que miles de niños recuperen la ilusión y aprovechen su propia curiosidad para investigar y aprender.
Tengo la fortuna de contar entre mis buenos amigos con un par de estos profesionales. Hablar con ellos es un gustazo y un conflicto de emociones para mí. Porque cuando abren la boca se les escapa la ilusión en cada una de sus palabras y sus proyectos son mágicos. Y me alegro por ellos y por sus alumnos. Mientras a la vez me inunda una profunda tristeza pensando en cuántos niños son privados de su compañía.  Me transmite cierto vértigo calcular el largo camino que a algunos nos gustaría empezar a transitar. Me transmite impotencia el chocar siempre contra el mismo muro. Hay una parte del mundo que está muy falto de orejas y la otra parte del mundo muy escaso de saber aunar las fuerzas.



Es una pena, entre otras cosas, que las Artes Creativas hayan empezado a brillar por su ausencia. Todo lo que ahora a los niños se les permite hacer con sus propias manos, incluso en los últimos cursos de Primaria, son actividades pre-dibujadas,  pre-recortadas e incluso pre-coloreadas.

Menos mal que, por ahora, nos queda la Música.

Las nuevas tecnologías parecen estar desaprovechadas o mal explicadas. Hay que enseñar a los alumnos a ser críticos y exigentes con ellas. En casa también buscamos datos en Wikipedia. Pero sería interesante que se explicara a los alumnos que las definiciones allí las escribe cualquiera, que es una información en la que a veces no se puede confiar si no es contrastada.
Decía una buena profesora en la facultad que lo importante no es sabértelo todo (porque es imposible) y llenar tu coco de datos innecesarios. Lo importante es saber dónde  buscar luego la información. Conocer buenos libros,  buenas páginas en Internet y tener buenos contactos, también con humanos.

El Pensamiento Lateral o Divergente queda anulado. La tutora de este año parece ser diferente en este aspecto. Pero hemos sufrido experiencias propias, en cursos pasados, en las que sólo se trataba de repetir lo del libro y de solventar los problemas por un único camino. No se le da mucha cancha a nuevas interpretaciones o a otras soluciones.


Por otro lado, muchos otros tipos de capacidades integradas dentro de la Teoría de las Inteligencias Múltiples son ignoradas o ridiculizadas en las escuelas. Allí sólo se valora lo medible y lo competitivo.
Incluso el Informe Pisa se sigue centrando y fallando en esto.
Uno de los más graves errores de este Sistema Educativo. Es una evidencia que cada cual somos distintos y así deberíamos de ser tratados y valorados.

Visto que no valoramos la creatividad, ni la capacidad crítica, mucho menos se valora la empatía.
Cuando precisamente es lo que más necesitamos: personas que afronten el futuro con un diez en estas asignaturas.

Futuros políticos y empresarios éticamente incapaces de robar, extorsionar o engañar.
Que sepan cuales son las negativas consecuencias de evadir impuestos y de explotar a los demás.
Necesitamos futuros trabajadores lo suficientemente críticos como para no dejarse traicionar, tanto como productores, como consumidores y como votantes en su democracia.
Personas que sepan que no siempre comprar lo más barato es lo más ventajoso, porque repercute en toda la cadena de la sociedad, en los derechos de muchos trabajadores, aunque vivan muy lejos de nosotros.
Personas que sepan que la solución a los movimientos migratorios no está en construir una valla más alta y espinosa. Sino en que ésta no existiera. No para venirse todos, que ellos quisieran poder estar en sus casas y, además, va a ser verdad que aquí no cabemos. Sino porque, en un mundo equitativo, esta frontera ya no debería ser necesaria.
Personas que comprendan que pasar desapercibido y dejar las cosas como las hemos encontrados es la forma más sencilla de practicar un mínimo ecologismo.

¡Alejandra, vuelve!

Y ahora regresemos a una clase en la que el disfrute es cero. Porque el profesor tiene que estar más a mandar callar (e incluso mandar sentar) que a enseñar y motivar. Siempre enfurruñado. Donde algunos castigos son impuestos al grupo entero  sin intentar averiguar o no queriendo ver dónde reside el verdadero problema. Al final muchos muchachos pierden las ganas de comportarse bien en clase porque, total,  les  van a castigar igual o porque ven que el que realmente la arma sale indemne sin asumir ninguna consecuencia.

Las familias, en este problema del mal comportamiento en el aula, tenemos que reconocer que debemos aportar  más esfuerzo y mejorar. Sí.
Nuestra función, ya lo dije, es que a clase lleguen personas que sepan respetar y escuchar.
Mientras que la función de motivar y enseñar, indiscutiblemente, recae sobre el profesorado. 
Zanjo este tema, que ya comienza a arrastrarme la espiral y no quisiera repetirlo tanto.

Y otro problema concomitante: Desde el colegio, para mi desesperación personal y desintegración de la paz en mi familia, se vienen mandando tareas para casa sin mesura. 

Aunque no me pasa desapercibido que este curso vamos algo más desahogados. Mi agradecimiento desde aquí a los maestros que se lo piensan tres veces y miden sus envíos a los hogares. 

Nos dicen que son para crear un hábito, para afianzar conocimientos, para que se hagan responsables y autónomos.
No parece nadie darse cuenta de que el resultado está siendo el contrario. Son ejercicios arduos y aburridos, por lo que se convierten en un repetitivo "acaba-ya-por-lo-que-más-quieras-para-poder-hacer-otra-cosa-mariposa" y necesitan continua colaboración, motivación y seguimiento por parte de la familia. Por lo que generamos seres cada vez más dependientes en vez de más independientes.

Deberes sí. ¿Por qué no? Pero útiles, motivando y con moderación. Recuerdo que un día Julia trajo, además de toda su retahíla de deberes, una ficha de Educación Física que tenía que rellenar con datos de cuando ella nació: talla, peso y una foto o dibujo. Y esos mismos datos pasados siete años, para que  valoraran todo lo que había crecido. Y me pareció una tarea muy bonita y didáctica.  Eso sí, sólo con buscar sus papeles del nacimiento, abrir la caja de las fotos, pesarse, medirse... ya hubiera tenido trabajo, aprendizaje y disfrute para toda la tarde. Pero sumando todas las tareas que traía sólo quedó tiempo para: -¡Venga, date prisa y no te enrolles!-
Sería fundamental que tutores de curso y especialistas se pusieran de acuerdo para no mandar demasiadas tareas en un mismo día.

También cuando les toca examen, que no son pocos, el día anterior les siguen poniendo la misma cantidad de deberes, cuando hasta a los universitarios de hoy en día les dejan las semanas en las que hacen exámenes sin ni siquiera tener que asistir a clase.

Reconozco que, a este ritmo de exigencia y sumando la Ley del Mínimo Esfuerzo (que forma parte de nuestra más primitiva inteligencia y que todos sabemos que aplican muy correctamente nuestros pequeños), los deberes terminan cayendo en la desidia. Es entonces cuando va Julia y hace una soberana chapuza. Y, como eso me irrita mucho más que si hubiera decidido no hacerlo, si lo veo me transformo en bruja-mamá y se lo  mando repetir. ¡Hala, más trabajo para la rueda!

Queman también las tareas para los fines de semana, puentes y vacaciones. Como son más días, pues más deberes. También es de Perogrullo que todos necesitamos descansar y hay quien, incluso, necesita trasladarse para poder visitar a familiares y amigos.
Creo que, precisamente para motivarlos en las aulas (donde deberían  aportar sus verdaderas horas de trabajo y esfuerzo), deben disfrutar de la recompensa que todos los trabajadores ansiamos: Tiempo libre para desconectar, para romper con la rutina, para ver que pasa por el resto del mundo, para cocinar, para aburrirnos, para mover el esqueleto, para tirarnos en el sofá, para crear con nuestras propias ideas y nuestras propias manos, para salir al campo, para ir al cine o al teatro, para mandar los hábitos al carajo un rato...

Y como última petición: La tarde de los miércoles sin tareas extras.
El jueves tienen Música y así disfrutaríamos de practicar con la flauta ;-)

Estoy convencida de que si los padres, en casa, no tuviéramos que gastar tanto tiempo y energía en pelearnos con nuestros hijos para que hagan sus aburridas tareas y para explicarles bien lo que traen sin comprender de la escuela, sacaríamos más tiempo para relajarnos todos y conseguiríamos educar mejor, que es nuestra verdadera función.

A los alumnos hay que exigirles que respeten a sus semejantes y que se respeten a sí mismos. Sí.
Por supuesto, de igual manera, deben  respetar a los adultos. Pero no sirve de mucho una impuesta y descabezada  autoridad.
Para que profesores y padres dispongamos de autoridad debemos  ganárnosla también. Hay que saber brillar más que ellos. Hay que darles motivos para que confíen en nosotros. Somos las personas a las que deberían escuchar y admirar para que, finalmente, si eso es lo que consideramos bueno para ellos, fuesen ellos mismos los que quisieran seguir la estela.

A los niños podemos que pedirles esfuerzo, sí claro. Pero con argumento y nunca desvinculado de la alegría.

Reconozcamos que muchas veces los hijos son como los padres. En mi caso elijo la calma y disfrutar de cada momento, incluso en el trabajo. Me lo he currado cada día de mi vida para que así sea y lo voy consiguiendo. No es un problema para mí que el despertador suene a las seis de la mañana y afrontar un nuevo lunes. Ni es un problema para mí, ni para mis hijas salir a comprar al pequeño comercio de mi pequeña ciudad y tardar el triple de lo estimado en volver a casa porque a nadie le negamos un agradable parlado. Aunque tengamos deberes pendientes y la cocina por recoger.

Ya entiendo que, supuestamente, muchos niños son más resolutivos y más rápidos con las tareas. Aunque también sé que muchas familias sufren las consecuencias de los deberes y no son capaces de sincerarse con el resto de la sociedad.
A mí es que nunca me ha importado quejarme. Porque yo sí me caigo a veces de la moto.

Pero quizás lo peor esté en las propias casas. Las familias cierran cada vez más el círculo de esta absurda presión sobre el profesorado y su función. Muchas veces este intento de adelantamiento en los conocimientos y de acabar los temarios son a raíz de esta presión familiar: -"¡Ay madre... que acaban infantil y no leen! ¡Uf...a este ritmo no acabarán el libro!"-.
 La imposición de deberes también suele ser así: -"Y sin deberes...¿qué hacemos con ellos toda la tarde en casa?"-.

Nadie parece poner pie en pared para parar el rodar de esta burbuja.  No sabemos qué pasará con estos niños en el futuro. Las diferencias entre ellos son grandes y serán peores.
No sé qué ganas les quedarán para seguir estudiando después de la etapa de escolarización obligatoria. Supongo que pocas. De ahí el porcentaje de Abandono Escolar Temprano.
Pocas fuerzas quedan para enfrentarte a más estudios después de pasar por esta etapa tan poco sencilla que, casualmente, rima con pesadilla.

Nosotros en casa, éramos reacios a entrar en este círculo. Pero, después de decenas de tutorías  y charlas con mis semejantes en la puerta del colegio donde he intentado exponer  mi punto de vista,  me sigue pareciendo que siembro en suelo salado.
Mis esperanzas se fueron del todo a pique después de asistir recientemente a una charla colectiva que nos ofreció la orientadora.
Alguno se preguntará como no pedí la palabra allí para rebatir casi cada frase. No era mi lugar ni mi momento. Si me hubiera puesto a hablar, hubiera durado demasiado mi discurso y el tiempo siempre es limitado.

Intentaré describir en un escueto resumen, aunque espero que no sesgado, parte de lo que aconteció pero no todo lo que me sorprendió.
Allí se preguntó que si nos sentábamos los padres con nuestros hijos a hacer los deberes. A lo que unos no contestamos y otros dijeron que no.
-"Bien"- opinó -"Los niños deben ser independientes y los padres no debemos castigarnos a sentarnos con ellos"-. 
Pero, después de varios minutos, recalcó que -"En todo caso,  hay que repasar con ellos lo que estudian. Y por supuesto, para saber si se lo saben debemos leer el texto nosotros mismos. En definitiva, vais a hacer Quinto con ellos"- nos dijo. A lo que, quizás las misma voces que momentos antes negaron sentarse con ellos a hacer los deberes, contestaron desesperadas -"¡Si ya lo estamos haciendo!"-.

Advirtió que se comprendía que hubiera padres que, por distintos motivos, no pudieran ofrecer este apoyo y prosiguió: -"Siempre se puede tirar de hermanos, vecinos..."-
Por favor, reflexionemos un poco.  No puede ser función del resto de la sociedad el realizar el trabajo de los maestros. Ni aunque tengamos hijos.

Puedo recordar muchas más anécdotas, desde la guardería... Llevo mucho tiempo tan sorprendida como incomprendida. Correrían hoy ríos de tinta entre mis dedos.

Pero nada, en estos momentos, estamos abatidos, dispuestos a cursar Quinto con nuestra hija. Porque, tristemente, a poco que nos hemos asomado vemos que sus lagunas están siendo grandes. Eso sí,  como siempre he preferido estudiar con el culo posado en una silla. Nosotros sí nos sentaremos con nuestra hija. Así que, seremos culpables. No exagero si os cuento que me ha tocado llorar para someterme y asumir que colaboro en el engorde de esta Burbuja Educacionaria. Pero no os preocupéis que, además de gustarme mucho el quejarme, el llanto siempre ha sido una salida rápida de mis malos rollos. Si me veis llorar, suele significar, que en un ratillo estaré mucho mejor.

En todo caso, la alumna no podrá eludir toda la responsabilidad. Tendrá que ser, como mínimo, el brazo ejecutor en los exámenes. Para que trabaje un poco también, digo yo.
¡Venga Cariño, ánimo! ¡A ver si, a pesar de nuestros despistes y faltas de ortografía, aprobamos!






jueves, 2 de enero de 2014

Alegre despedida.

No, no cierro este blog.

Para mí sería, ésa, una triste despedida.
Da pena cerrar lo que parece abandonado. Por lo menos, dejando la puerta abierta, todavía algún despistado puede hacer alguna visita y, aunque casi no me entere, darme una alegría.
No, no quiero despedirme de este diario.
Quisiera regresar, si pudiera ser,  más a él.

Porque ha sido para mí, y para otros, fuente de dulces penas y alegrías. Y porque echo de menos su paz, su intimidad, sus noches en vela sin poder dejar de escribir, el gusanillo en la tripa cuando me viene a la mente, las mariposas entre los pulmones cuando pienso en que alguien lo leerá. Porque sigue siendo parte de mí y no es aún el momento de prescindir de él. Creo.

Porque nació en un momento valioso para mí, gracias a personas que llenaron y llenan mi cabeza y mi corazón de sólida alegría. La más culpable fue aquella Carolina, que me cautivó desde el minuto cero con su voz de cascabeles. Mientras yo sólo intentaba y ella sí que más aprendía sobre como atar a nuestro pecho los mejores trocitos de nuestra vida.

He vuelto para deciros que de lo que me despido, parcialmente, es de las más nuevas tecnologías. No han resultado ser tan positivas para mí. No es preciso dar muchas explicaciones. Simplemente, hay veces que, volver a las raíces reconforta, se necesita.
Algo de desconexión.

Hace ya un tiempo que un smartphone se instaló en mi vida, y en él a su vez se instalaron Twitter, Facebook, Whatsapp, Yahoo correo, Linkedin y Line.
Ésto, que a muchos os puede parecer una ventaja, empezó a restar tiempo a mi existir. No parece una cosa exagerada… pero lo suficiente como para, por ejemplo, dejar pendiente de lectura la novela que me ocupaba.
Y es que ya lo medité mucho...
No esperaré a bajarme en la siguiente, me piro ahora mismo. Me quedo en esta estación y cuando lo vea conveniente me volveré a subir. Que para eso entiendo que existe la tecnología, para que dispongamos las personas de ella y no al revés.

Las aplicaciones de  redes sociales saldrán de mi teléfono. Quedarán como antaño, de vez en cuando me daré por allí un garbeo, sin necesidad de recibir los inoportunos tiroritos de las notificaciones. Las usaré, eso sí,  para colgar allí las Nuevas alejandradas que espero vuelvan a ser más abundantes.

Whatsapps y compañía serán atendidos, sólo y exclusivamente, a partir de que mis peques estén dormidas, así que no intentéis comunicaros conmigo de manera urgente por esa vía.

Quedo, por ahora,  relativamente disponible a los correos, cuando disponga de wi-fi o conecte los datos y  también relativamente a las llamadas, siempre y cuando no esté en tiempo exclusivo con mis hijas. Sobre todo  cuando estemos  jugando-trajinando (espero recuperar esos ratos) o esté colaborando en la realización de los puñeterosquemetienenhastalasmismísimasnarices  deberes.

Espero que seáis compresivos con mi mínimo esfuerzo de recuperar esa parte de mi vida.
No quisiera dejar de ser esta persona comunicativa pero… algún que otro deber me reclama, mis chicas me necesitan tanto o más que yo las necesito a ellas y echo de menos esa parte algo solitaria de mi forma de ser.

Comienza un año nuevo. En el que uno de los deseos que más me ilusiona es que mis hijas me vuelvan a ver leyendo. Pero no mensajes rápidos en la pantalla de un teléfono, sino ese libro que me transporta y me emociona. Que me vuelvan a ver escribiendo. Pero no respuestas  aceleradas sentada en un peldaño de la escalera, sino tecleando en mi viejo ordenador sin batería, ante el escritorio que me hace soñar ser alguien más importante.

Hambre de frenar, mirar alrededor, respirar profundo y meditar.

domingo, 18 de agosto de 2013

Ya me había quedado yo con las ganas...





PRIMARK discrimina a las madres lactantes.


PRIMARK discrimina a las madres lactantes.


Aparte de esto, he aquí otra explicación, espero que clara aunque poco concisa, del por qué nunca he comprado en el famosísimo Primark. Aunque lo haya intentado.

Hace poco más de un año era el comienzo de otro verano. Mi marido necesitaba unas camisetas, de las normalitas. Como coincidió que estábamos cerca, fuimos a un nuevo y lujoso centro comercial al noroeste de Madrid. Allí habían abierto una tienda del cojonudísimo Primark. Me habían hablado en varias ocasiones de las maravillas de esta cadena: que tenían ropa muy modernita y por muy poquísimos euros.
Como íbamos con las ideas muy claras y… no recuerdo bien, pero supongo que con poco tiempo, nos dirigimos derechitos a las camisetas de caballero y… sí, mucha variedad, muchos dibujitos graciosos y muy bien de precio. Así que recopilamos unos siete modelos.
Incapaces de encontrar los probadores, tuvimos que preguntar por ellos.
-Están en la otra planta-
Pues bueno…raro…que una tienda tan grande, que ocupe dos plantas sólo tenga probadores en la otra.
¡Vamos de paseo con las camisetas!
Llegamos y, por supuesto, había cola para entrar. Bueno, ¡Qué bien! ¡Una tienda en la que no se notaba la puñetera crisis!
Allí, controlando, una empleada con adiestrado desparpajo.
Cuando llega nuestro turno, como había un número máximo de prendas permitidas para pasar, quedamos en que Jordi pasara cuatro y que yo pasaría con las tres restantes.
La chavala del desparpajo nos dice que bien, pero que los probadores están separados por sexos y que él debe pasar a un pasillo por la derecha y yo al de la izquierda.
Me quedé tan ojiplática que no supe reaccionar.
-Bueno, pues pasa con alguna y luego sales a por las otras, te espero aquí-
Eso sí, por lo menos si vas solo, las chicas te guardan el resto de la ropa en un cestillo y así puedes seguir probándote sin perder la ocasión.
Desde luego esperando no me aburrí.
Cada vez flipaba más.
Mi indignación crecía por momentos. Me daba vergüenza ajena. Me sentía gusanito por no tener los ovarios para gritar justicia donde olía a sometimiento.
La dependienta, en todo caso, estaba bien entrenada. Hablaba con tanta determinación que allí no rechistaban ni pequeños ni mayores.
Incluso se permitió mofa tras la marcha de un cliente que, hartito de esperar con los zapatos en la mano para finalmente no poderlos pasar, con mucha educación, casi se los estampa en la cara antes de partir un tanto crispado.
-Jajaja ¡Por lo menos me ha deseado que pasara un buen día!- le decía con sorna a otra compañera que, a su vez, contaba voceando los minutos que le quedaban para pirarse.
Llegó otra cliente con zapatos…-¡Los zapatos no se pueden pasar!-
Y una voz que cada vez se hacía más tenue contestó: –Es que me los quería ver puestos con el vestido…-
-Los zapatos no se pueden pasar ¡Déjemelos aquí!-
Chitón,  la señora pa´dentro sólo con el vestido.
Ver como l@s veinteañero@s se quedan esperando a su chic@s como  perrillos adiestrados en vez de estar disfrutando con el cuerpazo de su compañer@ en el probador ya es triste.
Pero que llegue una pareja de jubilados, de los que en su juventud, si no han vivido la batalla, seguro han vivido la postguerra. De los que acostumbran a acompañarse a todas partes, no ya por gusto, sino por necesidad. De los que entrarán en aquel pasillo y no podrán siquiera discernir cuales probadores están libres. De los que es probable que no puedan abrocharse y desabrocharse la ropa ellos solos.
Qué vayan agarrados y encorvaditos a pasar al probador con unas cuantas camisas. Y...
-¡Señores, cuántas prendas llevan? ¡De todos modos no pueden pasar juntos al probador!-
Me resultó curioso que lo asumieran tan fácil a la primera.
-Bueno, tú te vas probando… Y vas saliendo al pasillo a que yo te vea, eh?- Le dice ella a él con dulzura, insuflando tranquilidad.
-Sí, vale-
Y así lo hicieron.
Y yo allí, testigo mudo. Ojos como platos, boca cerrada, cabeza rezumando.

A Jordi le gustaron un par de aquellas baratas camisetas.
Según íbamos, camino a pagarlas, le voy comentando lo vivido y le digo que, en caja, pensaba pedir la hoja de reclamaciones.
Pero él que es más vergonzoso que yo, si cabe, no estuvo de acuerdo conmigo: que serán las normas de la empresa y si no te gustan te vas a otra. Que él, para eso, pues que no compra allí y punto. Dejó todas las camisetas allí apelotonadas y salimos de allí, para no volver jamás.Que en sitios así mejor ni comprar.
Como diría mi padre: “Yo allí no he comprado nunca, ni pienso comprar más”. Pues eso.

Hoy en día todavía me arrepiento de no haber hecho aquel escrito. Me he quedado con las ganas de que se enteren de por qué los hemos mandado a cagar. De por qué han perdido unos clientes hasta la eternidad.

Y es que opino que la dignidad y el respeto están por encima de otras cosas. 

Y, personalmente, cuando tenga que comprar barato prefiero ir al mercadillo de los puestos ambulantes, que allí puedo decidir en todo momento quien quiero que me acompañe y aquellos tenderos podrán tener más o menos academia pero me  tratan como a una reina. Como tratan a todos los demás.

Que me esperen bien sentaditos a mí los del dichoso Primark.

Y ahora, para colmo, me entero de que en algunas de sus tiendas echan a las madres con sus bebés por darles allí de mamar.
Gracias a que el  mundo se mueve,  puedo unirme a la causa desde aquí:




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Gracias Patricia una vez más. Por mantener el arrojo, que siempre tienes y el tiempo, que bien sé que te falta, para el apoyo a una causa tan importantísima como la divulgación y defensa de los beneficios de la Lactancia Materna.
Espero que en un futuro cercano esta lucha deje de ser tan necesaria.




sábado, 15 de junio de 2013

Seamos prudentes.



Hace poco, alguien de mucha confianza le propinó, en mi presencia, una cariñosa-palmada-en-la-nuca-con-la-mano-abierta a la más pacífica de mis hijas, que ya tiene ocho años.
Ella, totalmente desacostumbrada a este tipo de gestos, puso un careto de total desconcierto, se quedó bloqueada, sin saber como actuar. Me miró como pidiéndome una salida, una explicación.

Eso se llama recibir una colleja, Julia.
Intenté inmutarme lo menos.
 Lo mejor que puedes hacer para la próxima es darte la vuelta y devolver, como poco y con mucho acierto, un bofetón. Y como mucho, y con más tino todavía, una certera patada en la entrepierna.
Quien me escuchó, alucinó. 
Y me reprimió diciéndome que esos consejos no eran propios de mí.
Es verdad.
Nunca se me había ocurrido antes decirles a mis hijas que solucionen la violencia con más violencia. 
Pero por lo menos a Julia, ante lo insólito de la situación, le dio la risa y salió del paso.

Y es que, lo siento, pero es un gesto que aborrezco tanto… que, en todos los años que tengo, todavía no he llegado a la conclusión de qué me hincha más las narices: 
Si la colleja que, por su propia naturaleza, suele provenir de alguien de confianza. 
O que, precisamente algún ser que casi no conozca, aprovechando mi justa estatura, me pase el brazo por los hombros como si tal cosa, para demostrarme una simpatía que normalmente no es correspondida.

Ambos ademanes me dejan tan noqueada  como se quedó Julia el otro día.

Y como los considero dos aspavientos totalmente prescindibles, sólo pido que, por favor, a quien tuviera la tentación de usarlos: 
En vez de una colleja, como se supone que existe la confianza, dé un abrazo. 
Y el que no intime lo suficiente, en vez de apoyar su brazo en un hombro desconocido, considere como suficiente dedicar una sonrisa. 
A riesgo, sino, de que alguien se quede con las reprimidas ganas de atizarle la patada en los mismísimos  cojones.
                                                          

miércoles, 15 de mayo de 2013

El despertar de… no sé cómo llamarlo.


Me ha hecho gracia. Hemos estado las tres jugando con la consola a intentar cantar, aunque sólo hemos conseguido bocinar un rato. Y, al ver un vídeo de Pablo Alborán, Julia me ha preguntado-afirmado: –Mamá, éste es guapo ¿no?-
Ustedes juzgarán. 

 
La duda, en un principio, no parece muy razonable.

Aunque si se parece a su madre... 

Nunca he buscado ningún ídolo para poner la foto en la carpeta. Para uno que disfruté... resultó que era, prácticamente, de prestado.
Os lo voy a explicar.

En plena preadolescencia tuve una vecina, requeteguapa, que me adelanta unos cinco años. 
Alguien fácil de admirar porque, además de seguir resultando ser un gusto el tan sólo mirarla, es risueña, ocurrente y afectuosa.
Uno de mis mejores planazos para aquellas tardes, después de las tediosas clases, era que me mandaran de recados con ella y que  me llevase al pueblo, en aquella moto FDS de cross,  a por pan o a por yogures.
¡Hasta ver el sorteo de la Lotería de Navidad con ella, para mí, era una fiesta!

El caso es que cuando estrenaron la película de "Top Gun", allá me fui al cine con mis amigas. A la única sala que existía en la Colonia de Torrelodones. Coincidimos las dos, en la cola de la taquilla; ella comentaba lo guapísimo que era ese chico que íbamos a ver en la gran pantalla. Mi intriga no era pequeña.



Pues resulta que después de tragarme toda la chulería del susodicho , de comprobar que era el más ligón de los ligones, de tener aquel vehículo de dos ruedas tan impresionante y ser el más valerosos de los pilotos de combate habidos y por haber… Todavía, al salir del cine, tuve que preguntar que quién era el guaperas. Sorprendentemente no me había quedado claro. 


Alguien me lo precisó ¡Menos mal! No quería yo que, a quien tanto sigo admirando, sospechara de aquella, mi franca ignorancia.

 En poco tiempo ella creció y maduró, se deshizo habilidosamente de aquella banda de Miss Pavo que me tocaría lucir a mí. Y me regaló el gran póster  de Tom que adornaba una pared de su habitación . Entonces, él se convirtió en el único ídolo de adolescente que he llegado a tener.
¡Con aquella macrofoto, tan orgullosamente heredada, de su primerísimo primer plano en el mejor ángulo de mi cuarto!
Gracias a que alguien me reveló, a la salida de aquella desconcertante sesión de cine, el significado de “ser guapo” en nuestro descalabrado y superfluo ámbito social...
 Poco antes, con estar enamorada del Anthony de "Candy Candy" ya tenía  yo suficiente.



Julia está pasando, quizás algo prematuramente, un trance similar. 
Desde Ashitaka a Pablo Alborán. 
Parece que mal gusto, del todo, no va a tener.  


Aunque sé que ella es muy capaz de mirar con otros ojos, para poder discernir entre la verdadera belleza y cualquier infructuoso barniz, por llamativo que éste sea.



sábado, 4 de mayo de 2013

Por favor...¡Qué alguien me diga que no soy la única!



Las cinco de la tarde. 
Definitivamente, de hoy no pasa, voy a limpiar la jaula de Ratón. Debe hacer ya más de una semana que murió. La bajé al sótano, por higiene básica y para ayudar a algunas a esquivar los recuerdos.

Las peques están entretenidas, voy para abajo.

Este tufo… ¡Claro, una meada de Chusta! ¡Un día de éstos la estampo!

Yendo a por la fregona me tropiezo con el montón de la ropa sucia. La verdad que no pensaba hacerlo ahora pero, ya que estoy aquí, pondré la lavadora. Con ropa de color. ¡Andá! Pues recuerdo que tengo arriba el pantalón negro, ese que no me  pongo desde hace días porque está sucio pero siempre se me olvida echarlo a lavar. Iré a por él.

Al pasar por la cocina pienso: Estas niñas… No han merendado. Al final se nos junta con la cena. ¡Chicas, lavaos las manos! ¡A merendar!

Pero Luisa ya tuvo esa idea, se ha lavado las manos,
la cara,
el pelo,
los brazos hasta el codo
y lo que le sobresale de la barriga.
La Barbie desnuda que le acompaña está enjabonada de los pies a la cabeza.

Pues dejaremos escurriendo la muñeca y cambiaremos la ropa a Luisa. Pero al llegar a su habitación… las camas sin hacer y hoy no he ventilado. Al final se nos hace de noche. ¡Pues venga, si son cinco minutillos!

En lo que la peque busca una camiseta saca ocho y, sin querer quererlo, se le caen al suelo otras seis. Doblamos y las guardamos... Por cuarta vez esta semana.

¡Hala listo, vamos para abajo!

Julia se acuerda de que necesita una cartulina y un papel pinocho violeta. Lo tenía que haber llevado al Cole anteayer.
Merendaréis por el camino que nos vamos.

¿Qué hay en la alfombra? ¡Vaya, Ratulí se comió otro playmobil! ¡Raaaatu, eso no se hace! El pobre muñeco está insalvable y babeado.Arrrrg...

Y en esta basura no cabe un alfiler. La ato y, ya que salimos, la tiro.

Esperad chicas que me lave las manos.

Luisa… te pusiste los zapatos al revés. Por favor Julia, ayúdala mientras cierro a los perros en la cocina que sino Chusta se sube al sofá. ¡Sí la hubiera estampado ya un día de aquellos!

Ya que he vuelto a la cocina, sacaré del congelador un poco de bacalao para cenar esta noche. Podría ser en salsa verde. A ver si quedan ajos…Uf,  una cebolla y dos naranjas pochas que se van de viaje con el playmobil.

Esperad chicas que me vuelvo a lavar las manos.

Que no salgas sin el abrigo…

Ir a la papelería con ellas, aunque tan solo sea para comprar una miserable chincheta, es echarle mínimo una horita. Paciencia.

Pues, a la vuelta, entre deberes, llamadas de teléfono,  cena, aseos, sacar a los perros, leer cuentos, tender la lavadora, fregar el reseco pis de Chusta y contestar whatsapps,  nos da la hora de acostarnos y…Otro día sin abrir mi blog.

A todo esto tenemos una rutina perfectamente caótica, repleta de amigos, visitas, manualidades, recados y contratiempos que son el motor de nuestra existencia.

La verdad, Ratón, que para ver tu casita ahí, día tras día, tal cual la dejaste, preferiría que te hubieses quedado dentro. Eras otro trabajito más pero hay muchas labores que, verdaderamente, terminan siendo una alegría.

Aburrida rutina, donde sea que habites, con tus horas y tiempos cuadriculados, allí te puedes aposentar. En nuestra vida, por ahora y por algún tiempo, creo que no vas a tener lugar. No sabes cuanto lo siento.
Jijijiji.


sábado, 12 de enero de 2013

Teatro con niños.

Y practicar inglés a la vez, ¿Se puede pedir más?
Pues sí, pasártelo en grande y disfrutar de la compañía de los creadores de tan fantástica idea:
The Polyglots.


¡Me han encantado!
¡Gracias por todo!
El escenario está diseñado de tal manera que ningún peque perderá detalle, se siente donde se siente. Muy chulo.
Ya no sé cuantas vueltas le hemos dado ya al CD en el coche.
Las canciones son muy buenas, originales y nada ñoñas.
¡Hasta a Julia le han gustado!


 También hemos visto estas Navidades, muy entrañable, el musical de Don Pepito.



Al terminar la obra los personajes salen por el pasillo central y se quedan en el vestíbulo saludando y haciéndose fotos.¡Mola!
A mí el poder pasear un rato por la Gran Vía ya me parece todo un regalo.
Si pasáis por Madrid, no dejéis de ir.
Os vais a divertir mucho.