Para bien o para mal, por distintas circunstancias, en esta vida me ha tocado algún que otro peregrinar. Ello ha conllevado el tener que despedir, recibir, conocer gente... algunas de estas personas me han concedido el privilegio de considerarse mis amigos... y muchos, aún hoy, siguen siéndolo.
Gracias por estar ahí.

viernes, 3 de abril de 2020

CRISIS 2020. (1)

Alucino.

Vienen diciendo en las noticias que el paro ha alcanzado su subida máxima histórica.


Hoy han dicho también en las noticias que las cosechas de esta temporada pueden quedarse sin recoger porque no han podido venir todos esos inmigrantes que nos quitaban los puestos de trabajo (ironía).


Ha dicho uno de los contratantes (dueño de las tierras) que ha intentado contar con gente de aquí (nuestro país) pero que a los dos días se le van porque el trabajo les resulta muy duro. Así lo ha dicho. Vaya...


En serio, todo esto lo he visto en las noticias.


¿De verdad no va haber nadie que trabaje el campo con la que nos está cayendo?


Espero algún día una gestión política y social que solucione este problema que, de otra manera, terminará como un problema de desabastecimiento de productos tan básicos como nuestra propia comida.
Por haberla tenido que tirar al estercolero mientras subimos los millones de desempleados.


Y , ya puestos, otro tema parecido que casualmente iba pensando esta mañana...
Habrá que ir planeando quién ordeñará y atenderá los animales de los ganaderos si van resultando enfermos.


¡Ah, se me olvidaba! Son autónomos sin capacidad de contratar mano de obra ajena (no da para tanto) y además se han quedado solos, sin ni siquiera relevo generacional.

Tranquilos. Tendréis filetes y leche en la nevera, como lo habéis tenido siempre. Porque esta gente no sabe caer enferma en cama.


P.D: Piensa un poco antes de abrir la bocaza en contra de los inmigrantes.
Piensa en lo bueno que sería que volviesen y que pudieran tener unas condiciones de trabajo dignas, como las tendrías que tener tú.

jueves, 20 de febrero de 2020

TE FAVORECE ESE AMARILLO



¡Caramba,  hoy eres como un guiño del cielo!

Ahí enfrente, cuando no te apareces a través del espejo, te veo diferente.

Sorprende descubrirte con ese vestido dorado tan ceñido. Acostumbrados a verte ancha, de blanco maculado.

En todo caso, te favorece ese amarillo, combinado con las luces de ese pueblito al que rozas con tu pie y que se recorta en el horizonte de la segunda colina.

Estupendo nos viene ese perfil de uñita donde se acunan nuestros sueños ya tan temprano.

Hoy estás tan delgada que me parece sentirte menguar según te miro.

Así que, mañana ni se te distinguirá. 
Creo que no te echaré de menos, no.  
Ninguno de los días en los que faltes.

Porque es seguro que nunca fallas al reencuentro. 
Y pronto me saludarás, después de haber sido nueva,  brillando en tu esplendor casi transparente, según abra la puerta que sufre y disfruta del oeste.

Seguro que, como lo vienes consiguiendo desde hace cientos de miles de años, me arrancarás la primera sonrisa del día.

¡Feliz jornada, pequeña Luna lunera!

foto: https://www.fmdos.cl/


domingo, 2 de febrero de 2020

¿SE PODRÍA ARREGLAR?








Me considero empática. Pues sí. Observadora, también. Incluso, a veces, recapacito y creo topar con alguna solución. 

El camino más certero y duradero para iniciar cualquier tipo de cambio, esperemos que a mejor, siempre será la educación.

Principalmente, deberíamos enseñar respeto. 
Aprender a romper los dichosos tópicos. Aprender a disfrutar admirando lo diferente.

Aunque, lo más peliagudo es que, cada vez estamos más lejos de admirar incluso lo más cercano y parecido. 
Cada vez más lejos de comprendernos  a nosotros mismos como seres sociales, empáticos, meditadores  y omnívoros.
Se detecta en muchos de nosotros una profunda incapacidad de estar con uno mismo. ¡Con lo que mola! Nos tenemos miedo. 

Saber  disfrutar de nuestra propia compañía es saber también estar con los demás y conectaremos con los detalles que se nos escapan en lo natural. En lo más sencillo.  

La soledad deseada, el silencio,  no es más que un rato de meditación que llega a sanar muchas heridas. Búscate sin miedo. 
Como el que decide quedarse.

Respeto. Porque el que ahora se queda es porque quiere. Se dice hasta en los anuncios de la televisión al son de los admirables Mayalde

El que se queda es cultura y hay que apreciarlo como tal. Dejemos de admirar al que gana tanto para gastarlo en otro tanto, sin dejar ningún legado ilustrativo. 
Admiremos al que sabe vivir con lo que necesitamos de verdad. Del que podemos heredar sabiduría ancestral.

Así que, punto primero: respeto y educación.

Sacudámonos de un plumazo (todos: los de allí y los de acá) esa creencia, en forma de lacra,  de que estar en lo rural es dejarse embrutecer.

Lejos de la gran ciudad he conocido y mantengo como amigos a personas cultas, cultas de verdad. Algunos han cursado estudios superiores y otros no han tenido o no han querido esa oportunidad.  Lo que no les ha quitado sus ganas de saber, de saber cada día más. Desde casi niños han tenido que aprender y... currar. Me han enseñado tanto, tanto... tanto o más que catedráticos en la facultad.


Punto segundo: creatividad y cooperativismo. También en  la escuela, enseñemos los oficios en los que se manejan manos y cabeza. Pero de verdad.

Del campo se puede vivir. Hay empresas que crear aquí. Que aportarán al resto de la humanidad  productos de primerísima necesidad. Un gran honor.

¿Os suena el Sector Primario? Eso sí lo hemos estudiado todos, ¿verdad?

Es el sector que nos amamanta a los demás.

El que produce artículos perecederos que no se pueden almacenar. 
El que, la mayoría de las veces, solamente tiene opción de vender a oligopolios y a los precios que éstos decidan comprar, sin tener en cuenta su coste inicial. 
El primer eslabón. 
El único que no puede decidir con qué margen quiere funcionar.  
El sector que no puede especular ni, difícilmente, puede negociar. 
Porque está casi al cien por cien atomizado y al que ningún sindicato ha podido unificar con efectividad.
Y aún así, de él, se puede vivir. 
Como nos lo vienen demostrando agricultores y ganaderos desde no sabemos cuándo.

Pero, sin un nuevo enfoque, esto se nos va. 
Sin relevo generacional.

A no ser que aprendamos algo que, de tan lógico, ni nos lo enseñan en la escuela.

Deberían enseñar que nos tenemos que asociar. El que tenga una idea, una tierra que labrar,  unos animales que granjear...  debe dimensionar. Unificarse al menos de dos en dos.  Buscar al menos un socio, un familiar, un amigo o un empleado de plena confianza con quien compartir los beneficios, los trabajos, los días de baja, los descansos semanales, las vacaciones, las preocupaciones y las alegrías.

Aceptemos  granjas algo más grandes de lo que estamos acostumbrados a leer en los cuentos de hadas de la ciudad, para que esto pueda funcionar.

Granjas que puedan mantener el bienestar animal y medioambiental a la par que el bienestar humano y profesional. Que pudieran cumplir con las normas que se les deben exigir. Porque son solventes. Porque tienen un margen comercial para invertir en bienestar.  Para ello, el primer paso es pagar por sus productos lo que valen de verdad.

En la escuela debemos aprender también que cuando se vaya al mercado no vale con comprar lo más barato, para luego malgastar lo ahorrado en lo superficial. Paguemos por los mejores productos  que nuestra condición económica se pueda permitir. Comprometidos con la calidad, calidad también social.

Consumamos, en lo posible, productos de cercanía para que se beneficie más el productor que el intermediario. Y se beneficie también nuestra propia salud.

Esta cercanía se podría retomar, además de en el supermercado, en los comedores de los mayores (en sus residencias) y en los comedores de los pequeños (en sus colegios). Una cocina diaria y de proximidad. Generando empleo cocinero en núcleos de población pequeños y, ahorrándonos que nuestros niños coman comida precocinada en no se sabe dónde ni cuándo (que solo llega, y  fría, un par de veces por semana) y luego recalentada, quedando unos fideos viscosos hundidos en un insípido caldo que más parece el agua de fregar.

Enseñemos a los niños a comer bien. 
Enseñémosles que la ganadería no es la perversidad. 
Ni siquiera (nunca creí  que yo, casi extrema amante de los animales, llegaría a pensar así)  la caza, bien gestionada, lo es. 
Los que serán ganaderos y cazadores también van al colegio, donde toda educación en el respeto debe comenzar. Y reciben cursos, módulos y ciclos de formación. Aprenden rápido a adaptarse a nuevos retos. Volvamos a confiar.

Y último punto por hoy: aceptemos la llegada de personas que nos quieren ayudar. Que, a su vez, buscan por necesidad un nuevo hogar.

Preguntémosles que si quieren compartir nuestro plan. ¡Organicémoslo de una puñetera una vez!
¿Alguien puede pensar que no querrán estar mejor aquí, entre nosotros, que muriendo en el mar o hacinadas en infinitos campos de casas de cartón, pisando barro y sufriendo un frío atroz?

Pues los bares, las panaderías, las tiendas de ultramarinos, el pastoreo, las piscinas de verano, las escuelas, los centros de salud, los comedores antes mencionados... de nuestros pueblos se mueren.
Estoy segura de que casi cualquier persona, de las que intenta ser refugiado en nuestro país, estaría encantada sonriendo a los que vienen a jugar la partida a su bar, calentándose al horno del pan nuestro de cada día, haciendo la ruta de reparto de distintos alimentos, paseando a las ovejas con sus perros, vendiendo helados a los que se bañan en verano, atendiendo a los niños de estos pueblos, a nuestros enfermos, cocinando para quien lo necesita... Viviendo aquí.

Muchas cosas se pueden hacer en los pueblos muy pequeños. Muchos mayores pagarían con euros, abrazos y besos ratos de compañía, el que les leyeran un poquito, porque les ayudasen con la compra, porque les acompañasen a su consulta médica, porque les ayudasen a cuidar de sus gallinas o a arreglar el huerto.

Tenemos paisajes para vender, mucho cielo y mucha paz. Las casas rurales cada vez son más son más difíciles de pillar.

Y, si le seguimos dando vueltas, entre todos, más conclusiones sacaremos.

Más ganas nos entrarán de repoblar. Pero ya no  intento convencer más.  No sea que... ¡Hala,   todos a la vez para acá! No, no, no. Tampoco habrá tanto lugar.

Tranquilos, que en la gran ciudad tampoco se está tan mal.


sábado, 25 de enero de 2020

NUESTRAS ESPAÑAS VACIADAS.



¿Y si el problema tuviera, al final del camino, una cara parecida en sitios tan diferentes?

Que el medio rural se despuebla, ya se encargan bien de recordárnoslo cada día. Pero...¿No se deshabita ningún otro lugar?

Nací en Madrid. He vivido en distintos sitios.
Ahora resido en una ciudad pequeña. Muy pequeña. Cabeza de una comarca que va perdiendo los otros miembros de su cuerpo no tan poco a poco.

Ansío, en un futuro espero no lejano, vivir en un pueblo. Antes de hacerme más vieja. Tengo planes e ilusiones. Aunque sin fecha de caducidad. Sin prisa. Siguiendo la estela de quienes ya lo han hecho. ¡Valientes segundos!

Trabajar, trabajo en un pueblo pequeño. Muy pequeño.  En proceso de ser habitado cada vez por menos. La mayoría de mis compañeros vienen de pueblos cercanos en situaciones parecidas.
Sostienen la España que se vacía. ¡Valientes primeros!

Conozco amigos que han nacido (o lo hicieron sus padres) cerca de donde vivo o trabajo, en poblaciones chiquititas. Residen ahora en grandes urbes, como Madrid. 

Tuvieron que abandonar su tribu y su tierra, por los motivos que  todos conocemos y se explican aquí
En todo caso, tampoco pueden (o no quieren) vivir en el centro de la ciudad, cerca de donde trabajan, porque se les promete prohibitivo.

La sombra de la famosa España vaciada también planea sobre las  mismas entrañas de las ciudades más importantes. A veces también nos lo explican en las noticias.

Pocas personas  pueden ya habitar allí.
Conozco algunas que resisten en Madrid centro con plena convicción. Allí quieren y han logrado arraigar. ¡Valientes terceros!

Pero, daos cuenta, las tiendas del barrio también se os mueren, pocos niños alborotan vuestras calles,  ¿verdad? 
Continuos turistas y visitantes aparecen por doquier. No siempre son los más cómodos para convivir. Eso parece.
Los primitivos habitantes urbanos tuvieron también que salir corriendo.  
O han ido, por desgaste de la edad, desapareciendo o encerrándose en sus propias casas. 
Rodeados de tanta gente, mucha soledad no deseada.

El grueso de la población parece haber elegido quedarse en el medio. En busca de la virtud.
Obligadamente han optado por lo asequible, económica y socialmente.

Viven en lugares donde todo se vuelve prisa. Porque deben irse y volver de trabajar. El trabajo no está cerca, hay atasco para llegar o se aparca muy mal. Cuando se consigue tener un minuto, aún así, da pereza hablar con el vecino. Porque no hay vínculo ninguno. 
Porque los vecinos también siempre tienen prisa.

Lógico el arrollador éxito de las redes sociales.
Estas son la tribu que anhelamos. 
La recuperamos. Aunque sea en la distancia. Nos adaptamos a algún grupo ya existente o nos lo creamos nuevo. 
Recuperamos ese sentimiento de imaginarnos acompañados.

Si publicamos un texto, es como si charlásemos de nuevo con los amigos.
Volvemos a compartir nuestras preocupaciones, ideas y soluciones. 

Si colgamos fotos o vídeos, es como estar de nuevo sentados en aquel bordillo de la acera, viendo la vida pasar mientras nos rozamos, codo con codo, con nuestros mejores colegas.

Compartimos chistes,  guiños y carcajadas con esos memes tan ocurrentes que viralizan la red.

Nos reunimos con los familiares lejanos, viajamos a los lugares de nuestros antepasados, nos reunimos con los amigos de la infancia, con los otros papás de donde nuestros hijos comparten colegio, con otros amigos lejanos en la distancia (que no en el corazón), con más gentes de ideas afines a nosotros aunque los conozcamos poco o nada...

Podemos comunicarnos los que ahora sois o queremos ser de pueblo con los que ahora sois o queréis ser de ciudad.
Mirándonos a los ojos las dos caras de nuestras Españas vaciadas. 

De esta manera, al menos, nos podremos comprender. E incluso admirar.

Dejemos de ser para vosotros esas personas, simples y con demasiado tiempo libre, que os imagináis. Lejos, lejos de la realidad.

Y vosotros, ciudadanos de las grandes urbes, ya no debéis ser quienes no sabéis, o ni siquiera os paráis a pensar, de dónde proviene todo aquello que os llena el buche.

Perdamos el miedo a habitar lo más habitable.
Ese espacio a donde, en realidad, siempre queremos volver. 
Aunque solamente sea para pasar unos días en verano, aunque solamente sea los fines de semana,  aunque solamente sea para bailar sus fiestas, aunque solamente sea un ratito, una caña... 
Al vientre que nos sostuvo y dejó su impronta en nuestro ser. 

Perdamos el miedo a retomar el trabajo en lo imaginativo y productivo. Labremos, cuidemos y habitemos nuestra tierra.
Deshagámonos de trabajos especulativos que nos roban el tiempo y anulan las verdaderas capacidades humanas.

Se puede vivir en muchos lugares.
Nos conectamos a la red, nos movemos, nos informamos, nos vamos de vacaciones...¡a la gran ciudad mismamente!
A revivir y disfrutar un poco del atasquillo que respirábamos antaño los que nacimos por allí.

Cambiemos la perspectiva. Cambiémonos profundos a nosotros mismos. 

Desechemos el consumismo desatado que se nos instaló de serie. 
¿Qué otra cosa seguimos enseñando a nuestros niños? 
Les decimos: Hay que estudiar mucho para ganar mucho dinero. 
Más dinero que el vecino, si puede ser (debemos ser competitivos, a ver sino...). No serás feliz si no consumes. Un buen coche, viajes, ropa de moda, comida rápida, el mejor teléfono... y gente alrededor que nos lo mire, claro.
Hay pocas motivaciones más.

¿Alguien nos ha enseñado a vivir de forma ordenada con la naturaleza?

¿Por qué preferimos trabajar diariamente en el asfalto a cambio de poder disfrutar treinta días al año en el pueblo o subiendo una montaña o mirando el mar?

¿Por qué, cuando iba al colegio en la ciudad, nadie me explicó cómo se puede vivir tranquilamente en un pueblo?  

Camino voy, entre sembrados, viendo atardecer, de conseguirlo.
Ya os he dicho que tenemos planes. En plural. Estaré siempre en la mejor compañía.


viernes, 25 de octubre de 2019

FEMINISMO Y MACHISMO. EL RESUMEN DEL RESUMEN.



Hace más de un año que no escribo. Y la última vez hablaba de lo mismo. No acabamos de parir.

Es un problema que dos palabras generen tanta confusión.
Con igual terminación y expresando dos ideas tan diferentes.

Dice el diccionario:
Machismo es la actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres.
También dice: forma de sexismo caracterizada por la prevalencia del varón.

El Machismo es malo.
Es injusticia en su estado más puro.
La prepotencia (abusar de poder o hacer alarde de él) es mezquina.
Y el sexismo (discriminación de las personas por razón de sexo) es anti ético e ilegal.

Esta  prepotencia masculina a la que se hace referencia puede que venga predeterminada por estas dos cuestiones:
La rastrera y cansina cultura social que conocemos bien todos. Y que no somos capaces de mandar al mismo carajo.
Y una explicación fisiológica hormonal que, aunque me encante la biología, no es cuestión de profundizar aquí.
En todo caso, mujeres y hombres, generamos testosterona.
Pero ellos más.
Los niveles de testosterona en sangre determinan muchas cosas. Entre ellas el desarrollo muscular y , con ello, la propia fuerza bruta.
Por lo general, a igualdad de tamaño corporal e intensidad de entrenamiento físico, ellos serán  brutalmente más fuertes que nosotras.
Pero, ya está. 
Absolutamente demostrado que no nos superan en nada más. Ni mucho menos.
Así que, no queda otra que luchar cada día contra el Machismo.
 El Feminismo debe mantenerse firme y sano.
Con la intención de que los seres humanos, indistintamente de nuestros niveles hormonales, tengamos los mismos derechos.
Porque Feminismo significa eso; Igualdad. De derechos y oportunidades.
Se define Feminismo así:
1. Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre.
2. Movimiento que lucha por la realización efectiva en todos los órdenes del feminismo.

Entonces,  Tolerancia cero al Machismo.
No se puede dejar de batallar contra esa prepotencia machista y contra el sexismo que contamina aún muchos ámbitos en nuestras vidas.
Y... No se puede ser no feminista. No hay manera.
Porque, ¿Qué otra cosa se puede defender que no sea la equidad?
Es por definición. Así que, no hay discusión.




jueves, 8 de marzo de 2018

Ojalá no hiciera tanta falta.


Hay que continuar la lucha.
Queda tanto por hacer. Desde resolver los problemas más grandes, imposibles ser más graves, por sus desenlaces. Incluso se va la vida con ellos y...nos queremos vivas.

Hasta solventar matices, tan aparentemente pequeños, que sutilmente contaminan nuestro entorno sin querernos dar cuenta.

No me parece bien que me llamen  mujer del veterinario cuando también yo lo soy y ejerzo igual que él. No me enfado por eso pero lo rectifico con sutileza.

No me parece bien que me digan que qué suerte he tenido con mi marido. Mi marido ha sido elegido por ser como es. Y, si fuera de otra manera, hubiera preferido a otro. Fácil.

No me parece bien cuando hay padres que dicen que ahora, que tienen hijas, se dan cuenta de lo importante de educar en equidad. Queriendo decir (alguno no lo sabe) en feminismo. Ahora que tienen hijas...

No me parece bien que se halague a un hombre cuando, faltando una mujer en su casa, se apaña solo al cuidado de su familia. ¿Cuántas mujeres hacen esto y lo vemos tan normal, no? Ni pagadas, ni apreciadas.

Y así, tantas y tantas historias.

Pero hoy, aunque no vaya a granjear, no haré huelga como tal. Por un lado, ya lo siento pero,  también tengo mis motivos. Para mí y por otros seres que me rodean no lo consideraría justo.

Eso sí, para comer nos abriremos unas latas y luego, aunque llueva, las chicas y yo, iremos a la manifestación a nuestra capital. Con la merienda en las mochilas porque no pensamos comprar nada de nada.

Cuantas más seamos, mejor. Para que nos vean, nos oigan y nos sientan, sobre todo, esas otras mujeres que no tendrán la oportunidad de secundar esta huelga ni de unirse a esta manifestación.
Ellas serían las verdaderas protagonistas. 
Ellas que aún creen que no se lo merecen.

Ojalá pudiéramos estar tod@s.
Ojalá no tuviera que hacer tanta falta.




viernes, 2 de marzo de 2018

Una pequeña parte de mi mundo perruno.


Hay quien se pregunta si merece el esfuerzo cuidar de un ser perruno. Dedicarle unos minutos, como mucho unas horas al día, a cambio de que ellos te dediquen su vida entera.

Chusta también se ha ido, muy viejita, arrastrando sus patitas, al jardín de Ratulí. Marchó el 11 de diciembre del año pasado y hasta hoy no he tenido el rato que ella se merecía para escribir. Sé que no ha sufrido, no en mi casa. Quizás antes de llegar a vivir con nosotros sí. Seguramente, sí.

Es extraño que la quisiera tanto con todo lo que me hizo trabajar de más. Porque era una meona. Y... una cagona.
Es extraño que agradeciera su compañía. Porque tendía a ser esquiva. Porque no estaba cómoda en mi regazo. Porque no le gustaban los niños. Porque gruñía también a Ratulí, al bueno de Ratu. Porque a veces se iba, no sabía volver y tocaba salir, en pijama o de cualquier manera, a buscarla. Paciencia infinita con Chustita.

Pocos han llegado a entender nuestro amor por Chusta. Hasta nosotros mismos hacíamos bromas al respecto y nos reíamos.

Pero Chusta era mi protegida y  así se lo transmití, con el buen talante diario ante la fregona, a toda mi familia. Así crecieron mis hijas, desde bebés, con esa convicción: Chusta era un miembro más en casa, con sus alegrías y sus traumas y la cuidaríamos siempre. Como habíamos cuidamos a, el perro más que ejemplar, Ratu. Y así fue.

Antes de que muriera Chusta, apareció Goku en nuestras vidas. Un cruce de caminos entre un humano muy capacitado de amar y un cuatro-patas necesitando urgentemente un hogar.

Se ha quedado, entre otras cosas, porque él mismo lo ha querido. Sé que ya no se quiere marchar.

De alguna manera, nos tendremos que terminar creyendo merecedores de tanta lindeza.
Sólo con verle se me alegra la mirada. Al llegar a casa, al despedirme, al verle ahí, mirándonos con esa atención desde sus ojos de miel camuflados en su cara de canela.

Se ha quedado a compartir su continua alegría y sus constantes ganas de jugar. Siempre alerta a cualquier palabra o movimiento de las chicas para poder enredar con ellas hasta el infinito y, si nos despistamos, más allá.

Bonitos brazos pinteados. Cruzados, tan chulo, cuando se tumba. Siempre demasiado cerca de nuestros pies.
- !Te vamos a pisar! ¡Nos vas a hacer caer! ¡Loco!-

Lindas sus pisadas. Seguras y decididas cuando sale a pasear.
- Goku, rey, a veces me pregunto desde dónde has venido, como un torbellino, con esa innegable capacidad de llenar un lugar.-

Siempre me ha sido fácil entender las ventajas de convivir con ellos, creo que va en mis genes. Consiguen convencerme de que existe la belleza pura ausente de vanidad,  la perfección en lo simple, la calma en la complicidad casi perfecta. Se mantienen ahí, incombustibles, para recibirte con la mejor de sus sonrisas. Siempre.

Sólo por eso, y poco más, merece la pena haber fregado los pises de Chusta, haber tirado mil veces las piedras que traía Ratulí y dejarle un hueco en el sofá a Goku.

Gracias Papá, por ser un amante convencido de la naturaleza en todas sus formas y contagiarme con tu forma de mirarla.

Gracias Mamá, por tu infinita paciencia y tu apoyo incondicional. Imprescindibles para que hayamos podido disfrutar de tantos otros seres perrunos cuando compartíamos el hogar.

Gracias Jordi por parecerte, a veces, sólo a veces, tanto a mí.

Gracias chicas, por saber compartir, desde antes de nacer, vuestro espacio y tiempo con Chusta y Ratulí. Han sido perros mucho más felices con vuestra compañía.

Gracias Juli, por haber sabido querer a Chusta tanto como nosotros. Por haberla acompañado con cariño sincero hasta el final. Por haberle cantado esa canción tan bonita a Goku cuando él la echaba de menos.

Y gracias a todos los demás, por seguir ahí.