Para bien o para mal, por distintas circunstancias, en esta vida me ha tocado algún que otro peregrinar. Ello ha conllevado el tener que despedir, recibir, conocer gente... algunas de estas personas me han concedido el privilegio de considerarse mis amigos... y muchos, aún hoy, siguen siéndolo.
Gracias por estar ahí.

martes, 8 de noviembre de 2011

Ser madre ...no es tan fácil. O quizás sí.

Nunca llegué a ver su vestido de novia, nada más en el blanco y negro de las fotos. Se lo regaló a mi primo Juan para que la minuciosa tía Ignacia le confeccionara  un disfraz de arlequín. 

Mi madre es especial. No es la primera vez que lo escribo.
Si, ya lo sé, todas las madres para cada cual,  lo serán. Pero la mía os aseguro que lo es de verdad.

Por lo mismo, no puedo dejarme en el tintero el dispensar ánimos a los tres hombres más importantes en su vida, que acatan raudos y pacientes sus locuras y ventoleras. Ella no deja de ser un torbellino que arrasa todo lo que toca. Mi padre, que a más o a menos regañadientes vive  por y para ella. Mi hermano, que por ser el que más la disfruta, termina siendo también quien más la sufre ¡Afortunado! Y su único yerno, que dispone de suegra para reír, llorar y... sobre todo, desesperar. Pobretito Jordi.

Ella siempre ha estado a mi lado y nunca me ha fallado. Generosidad brutal.
Aglomera alegría, optimismo, sonrisas... y ha contagiado ganas de vivir a los que se hayan arrimado. Lo quisieran o no.

Su paciencia conmigo ha sido suficientemente probada, nunca me ha gritado, ni me ha pegado ninguna cachetada a tiempo, ni a destiempo, no recuerdo tampoco chantajes, ni amenazas. 

Me ha soportado incluso escuchándome leer (para que no me durmiera) en una sola noche el Lazarillo de Tormes...Purgando una pena que a ella no le correspondía...Por mi insensata costumbre de dejar todo para el final... ¡Qué atracones de noches estudiando, sin dormir, me he llegado a pegar en los febreros de facultad!

Me ha soportado en plena adolescencia diciéndole yo que me iba de casa, que me quería tomar un año sabático, echándome un novio a los catorce, esperándome despierta (y de buen humor) cada vez que salía hasta las mil...

Le hechizan los niños, siempre tiene un tiempo, un espacio, un guiño, una palabra bonita para ellos…y ha regalado muchos de mis juguetes, sin mi consentimiento, en cuanto ha visto que a algún pequeño se le iluminaba la mirada al verlo.

De hecho, sólo recuerdo (desde mi adultez) haber pasado una racha regular, muy punzantes las dos: El año que siguió al nacimiento de Julia. 

Y todo porque si yo era Mamá-loba: Aprendiendo, leyendo, reconstruyéndome continuamente a mí misma…Ella era Abuela-leona.
Muchos días rugían las fieras:
-“Pero mamá...¡Qué es mi hija!, ¿Crees que no pongo todo mi empeño en evitar su mal?”- 
Recordarla  como leona quizás sea poco.

Sus nietas ahora ocupan casi todo su mundo, pero… No os pongáis pelusones, en su mundo todavía cabemos muchos.

A veces dudo…Si es tan alegre, si disfruta tanto con la crianza… ¿Por qué nunca me animó a ser madre? 
Y otras veces lo siento claro: Porque me adora, me quiere hasta la sinrazón…desea mi paz interior, una vida fácil para mí.

Ya lo entiendo mamá, porque ser madre es cansino, es lo más cansino que me he echado jamás a la espalda, porque es la prueba más dura, sin duda. Sin descanso ninguno.
Porque no soy capaz de avanzar absolutamente nada en casa, sin escuchar al minuto: “Mamaaaaaá….esto” o “Mamaaaaaá…aquello”.

Porque educar, como tú lo hiciste, me lleva a sacar humo por las orejas, pensando en la alternativa al autoritarismo-cutre-barato. Casi no puedo, se agota mi paciencia, se vencen mis cimientos, levanto la voz, negocio…por no decir chantajeo o amenazo. Y entonces entro en mi propia rueda, en la que me he creado yo solita y de la que, curiosamente, me cuesta tanto salir. 

Cambia mi viento y finalmente… todo se compensa, 
con una mirada, 
una sonrisa torcida, 
un abrazo, 
un torpe beso, 
el compartir de un secreto, 
el leer juntas la carta de amor que le ha escrito ese compañero de clase (al que, aparentemente, sólo le importaba el fútbol), 
una frase infantil mal dicha, 
unos comestibles berretes de chocolate…

¡Ven Hada madrina!, ¡Puedes salir Genio, de tu lámpara! Que no os pienso pedir ser más alta o delgada, ni unas piernas largas siempre depiladas, ni que dejen de crecer las verrugas de mi nariz, ni ningún otro capricho tonto.

Sólo quiero una mijita más de paciencia, de alegría para compartir con mis niñas.
Sólo eso, un grabador de recuerdos para que mis hijas puedan quedarse con que tuvieron esa educación alegre que no las llevó a intentar ser  las más guapas, ni las más competitivas, ni las más adineradas, ni las más temidas, ni las más mandonas, ni las más voluntariosas,ni las más prolijas, ni las más limpias en su casa…

Que puedan ser capaces de sentirse impredecibles a la vez que responsables, de elegir su camino para respetar, valorar, admirar y cuidar su entorno y a los que las rodean. Que consigan tener los mejores amigos y la pareja que las admire, comprenda y apoye hasta el infinito y más allá. 
Porque no hay tesoros más poderosos que la autoestima verdadera y la suerte de toparte en tu camino con las personas que formen esa tribu, que con sus defectos y virtudes te arropen siempre, hasta en las decisiones más difíciles… Cuando en un arrebato de locura se les pueda ocurrir incluso hasta ….tener, conscientemente, un hijo… o dos.

Lo sé madre, "lo más difícil que te ha tocado hacer en esta vida es educar a tus hijos". Pero creo que tienes la prueba superada. No imagino poder tener mayor fortuna que la tú has conseguido, que tus hijos seamos realmente transparentes para ti, que te hablemos sin tapujos, que confiemos ciegamente es tus consejos, que te llamemos a cada duda, en cada alegría y en cada tristeza.

Quizás ser madre no sea tan complicado, espero llegar a cogerle el truquillo. Aprender a amar, con los ojos bien abiertos, sólo es el principio. Llegar a lucir en mi corazón la tolerancia más rabiosa y pura es mi meta personal. "Dadme otras madres y os daré otro mundo" , decía San Agustín...


sábado, 1 de octubre de 2011

Para interpretación libre.

Interpretar: Concebir, ordenar o expresar de un modo personal la realidad.
Un correr, volar... y para no llegar.
¡Cuántas llamadas quiero hacer! Y no llego...

No escribo (más) porque no sé por donde empezar.

Y eso que hace años (desde que no disfruto de las largas vacaciones de estudiante) que casi prefiero el:
-"¡Uy, que tarde debe ser!"- Viendo como anochece ya viviendo el otoño.
 Miro un reloj.
-"Pero si sólo son las siete"- Me digo.
 Y pienso (Tan ilusa...) -"¡Si todavía tengo tiempo de hacer tantas cosas!"-  Ja, ja.

Os dejo una canción que he vuelto a oír ayer en la radio y siempre me hace tararear... Por algo será.

A Julia no le dejo ver el vídeo (Y eso que le encantaría el robot) porque es peligrosa la libre interpretación, del estribillo, que puede albergar la mente de una niña... que (¡Qué raro!) aborrece hacer deberes.

Aprovecho para agradecer a los visitantes asiduos (que sois pocos pero... ¡Grandes!) que no desesperéis... Por ahora... yo tampoco abandono:  Necesitaría escribir  más que nunca...Pero, simplemente, de verdad que no llego.
  
La casa por el tejado (Fito y Fitipaldis)




Ahora si, parece que ya empiezo a entender
Las cosas importantes aquí
Son las que están detrás de la piel
Y todo lo demás....
empieza donde acaban mis pies
después de mucho tiempo aprendí
que hay cosas que mejor no aprender.

El colegio poco me enseño.....si es por esos libros nunca aprendo a:


Coger el cielo con las manos

a Reír y a llorar lo que te canto
a Coser mi alma rota
a Perder el miedo a quedar como un idiota
y a empezar la casa por el tejado
a poder dormir cuando tú no estás a mi lado

menos mal que fui un poco granuja

todo lo que se me lo enseñó una bruja

Ruinas.... ¿no ves que por dentro estoy en ruinas?

Mi cigarro va quemando el tiempo,
tiempo que se convirtió en cenizas

Raro!! .... no digo diferente digo raro!!

ya no sé si el mundo está al revés
o soy yo el que está cabeza abajo

El colegio poco me enseñó....

si es por el maestro nunca aprendo a:
coger el cielo con las manos.....







sábado, 17 de septiembre de 2011

Una nueva maternidad. Saltar el río.



Lo cierto es que me quedo con ganas de releer el libro (Una nueva maternidad) antes de ponerme a escribir sobre él.

Porque  no seguía a todas las autoras y todavía tengo alguna laguna de quien es quien.   Besote gordo a Caro, porque ella debería saber que es muy especial, yo también TQM.

Su lectura es sencilla de describir : Estremecedora e  imprescindible.  Para todos, especialmente para los que no sobrevuelan habitualmente la blogosfera, ésta blogosfera.

Lo comencé con tantas ganas que lo he asimilado como he podido, un poco atropellada.

Necesito un poco de invierno, con sus fines de semana en casita,  para leerlo de nuevo, marcarlo, compartirlo y disfrutarlo otra vez.

Cada entrada publicada toca una tecla del corazón. Todas me han encantado:  Por su sinceridad, su ternura, su talento al transmitir, las ideas plasmadas,  ideas estudiadas, ordenadas, mimadas. Muchas me han sorprendido... Me queda tanto por leer y aprender.

Quiero destacar hoy un escrito, por ser el espejo que devuelve la más fiel imagen que ahora vivo. Su autora ha destacado alguna palabra en negrita y yo... lo marcaría todo.

Os la dejo aquí. Y pido a quien me quiera de corazón (a quien quiera saber de mí, de mi naturaleza interior, a quien quiera conocer  los demonios que me autoconsumen cuando no consigo llegar a la otra orilla, cuando me enfado o levanto la voz en casa) que lo lean despacito, que intenten asimilar que hay "otra" manera -de educar-, que me encantaría que todo me saliera bien y que mis hijas, por lo menos, aparentaran estar "bien adiestradas" (muchas veces lo conseguimos)... Siempre gusta quedar bien o en muchas ocasiones, por lo menos, poder pasar desapercibidos.

Que mis hijas, cuando maduren,  puedan también leerlo, porque resume en lo que me intenté esforzar, que comprendan mis errores, que sepan que no me he caido al río porque me guste refrescarme sin más,  sino porque  intento sacarlas conmigo de aquella orilla (En la que, por otro lado, seguro que sería más sencillo quedarme). Mis chicas, os quiero con toda mi locura.


La lectura de una serie de artículos y comentarios, tanto en medios de comunicación tradicionales como en blogs particulares, me ha tenido reflexionando unas cuantas madrugadas (a esa hora a la que el pequeño me pide teta y ya no consigo volver a conciliar el sueño es un momento magnífico para reflexionar, inmersa en la tranquilidad de mis hormonas matinales y maternales).
Lo que más me ha impactado de estos escritos es la manera en que mezclan “churras con merinas” sin el menor escrúpulo, demostrando una ignorancia terrible. Para ellos, el niño criado en la filosofía de la crianza con apego, o como muy acertadamente la denomina Ileana Medina, “crianza corporal”, es sinónimo del “pobre niño rico”. Ya sabéis: ese niño malcriado, cruel y egoísta. Ese niño “rey de la casa” que hace de su capa un sayo, que tiene miles de juguetes y todavía pide más. El niño que recibe todo lo material que pide. El niño “sin límites”. El niño maleducado.

            Según ellos, para no criar un monstruo semejante hay que renunciar a la lactancia, al colecho, a tomar en cuenta las necesidades genuinas de sus hijos. Hay que imponer por la fuerza, si es necesario por la fuerza física. Hay que humillar, someter, dar algún cachete "a tiempo" y dejar llorar (para que ensanchen los pulmones)... En fin, lo que Ileana  Medina cita en su genial artículo Criar desde arriba.

            Pero lo cierto es que este “pobre niño rico”, este "niño mimado" y "malcriado" es exactamente el resultado de una crianza desapegada y de abandono, donde la falta de apego, dedicación y respeto por sus necesidades más fundamentales se tratan de compensar con un exceso de "caprichos " materiales y una falsa tolerancia .Y  yo me pregunto: ¿Qué es lo que lleva a esta imagen tan distorsionada de la realidad? Reflexionando sobre mi propia experiencia y sobre mis propios errores en la crianza de mis hijos lo he visto más o menos claro:

            En la crianza de nuestros hijos, al aplicar los métodos conductistas y adultocéntricos defendidos tradicionalmente por la sociedad patriarcal, los padres caminamos por una de las orillas de un río: orilla de  los métodos conductistas y la  "pedagogía negra" que tan bien describe Alice Miller.  La crianza corporal se encuentra en la otra orilla. Muchos padres queremos cruzar,  y para cruzar tenemos que saltar. Pero el éxito de nuestro salto depende de muchos factores: la confianza en nuestro deseo e instinto, nuestros conocimientos científicos del tema, nuestra capacidad para no dejarnos arrastrar por la masa humana que anda en la primera orilla... Son muchos factores los que nos pesan y cuando saltamos, a veces nuestro salto no es lo suficientemente amplio y caemos al agua. Entonces, los de la orilla nos ven ahí, sumergidos en nuestro fracaso, luchando en aguas revueltas  y nos acusan de estar en esa situación por no ir con ellos, por intentar hacer las cosas de otra manera. Lo que no ven es que nuestro objetivo no era ese -estar en el agua- sino estar en la otra orilla. Pero podemos volver a intentarlo. Volveremos a saltar. El caso es que tenemos claro el objetivo y queremos alcanzarlo, y cada salto tiene más fuerza porque aprendemos de nuestros errores.

                Os pongo unos ejemplos de mi propia experiencia personal: cuando nació mi primer hijo yo tenía una cosa muy clara: no lo dejaría llorar. Así que me pasaba el día con el niño en brazos. Me encontré en esa situación tan bien descrita por Mónica de Felipe en su artículo Un día típico en una casa típica de una típica mamá, en la que a las dos de la tarde todavía estaba en pijama, sin ningún objetivo del día cumplido aparte de estar con el bebé en brazos sentada en el sofá o caminando por la casa. Y, encima, el bebé nervioso y llorón... Me había caído al agua.

                Pero con mi tercer hijo las cosas fueron muy diferentes : cuatro años de “estudios maternales” ,con teoría y práctica, y la existencia de dos pequeños más que hacían imposible no dedicarles la atención que necesitaban, me permitieron dar el salto correcto que me llevó a la orilla correcta. Me colgaba al benjamín de un fular. Así, con las manos libres, yo hacía lo que tenía que hacer (al menos al 90%) y, ¡sorpresa!, el peque dormía feliz, tranquilo y absolutamente satisfecho. La lectura del libro de Jean Liedloff  El Concepto del Continuum (Editorial OB STARE, 2006) me dio la respuesta: no se trata de estar con el bebé en brazos, esperando que éste dirija tu vida. El bebé está programado para sumergirse y disfrutar de la vida de su madre, de su comunidad. Lo que él espera es estar pegadito al cuerpo de su madre -y no solo en una cuna en una habitación de florecitas rosas, apartado de todos y de todo- y que su madre siga con sus actividades a la vez que lo portea a él -no una madre frustrada, sentada en un sofá, en pijama, sola, angustiada, que le mira esperando que sea él el que solucione esa situación-. O sea, los requerimientos son dos: contacto con mamá y mamá haciendo una vida feliz y activa. Cumpliendo sólo el primero no funciona. Para llegar a la otra orilla necesitas cumplir los dos.

               La situación vivida con mi primer hijo es el típico caso en el que los de la orilla patriarcal me decían que tenía que dejarle llorar en su capazo, que así no podía seguir. Ellos sólo me veían nadando en aguas revueltas y llegaban a la conclusión de que mi método era ridículo y fallaba. Pero no, señores, ¡¡¡es que ese no era el método correcto!!!! Estaba equivocada. Cuando di con la solución correcta que sí pertenecía al modelo de “crianza corporal”, todo fue como la seda: para mí, para el resto de la familia y para mi pequeño.

             Otro ejemplo con niños ya más mayorcitos: mi hijo mayor descubrió unos bloques de poliespán y decidió que iba a nevar en casa. Los deshizo con los dedos y dejó la casa más nevada que la calle. El método conductista ante esta situación sería: darle un buen rapapolvo, obligarlo a limpiarlo y castigarlo sin “no sé qué" y a la cama. El método “pseudocrianzacorporal” es:

            - Cariño, ahora lo vamos a limpiar
            - Nooooooo, que estoy cansado
           - Bueno, pues ya lo limpia “mamáburradecarga” mientras tú te entretienes tirando todos los dinosaurios en el suelo de tu habitación.

                Mensaje: "Tú no te preocupes que mamá te resolverá todos las situaciones complicadas en las que te metas en tu vida porque tú no eres capaz de hacerlo". 
               Tampoco es eso. En este caso, fue el padre  el que hizo una verdadera exhibición de “buen método”. Fue más o menos así:

                - Ahora vamos a limpiar todo esto porque así no podemos ponernos a cenar
                - Nooooo, estoy cansado.
                - Bueno, pues hay que limpiarlo. Mira, cogemos la escoba y el recogedor...
                - Noooo, no me apetece.
               - Hijo, así no puede quedar esto. Tenemos que cenar y queremos cenar en una casa limpia. Tenemos que encontrar una solución.

                 (Y aquí entra mamá que ya ha reflexionado y decidido no convertirse ni en mamá conductista ni en mamá “burradecarga”)

                 - Con el aspirador funcionará mejor y te va a gustar, ya verás. Vamos a bajarlo.

                   Y papá le prepara el aspirador, que el niño coge encantado de la vida. Un cuarto de hora más tarde, mi hijo ha limpiado él solito el suelo del salón y la cocina y, además, se lo ha pasado fenomenal. Está orgullosísimo, y ver su orgullo por haber hecho las cosas correctamente me llena a su vez de orgullo a mí. Buen rollito familiar gracias a la sensatez y buen hacer del papá.

                     Si me hubiera dejado llevar por mi vena conductista hubiéramos acabado con el pequeño llorando en su habitación, y yo, recogiendo las dichosas bolitas de poliespán.

                      Si me hubiera dejado llevar por la pereza de no aplicar correctamente el método respetuoso no conductista  ( recoger yo las bolitas para evitar reñirle y terminar con lloros y castigos) hubiéramos acabado con un niño que, aparte de no sentirse a gusto porque ve a mamá dolida y enfadada , sabe que no ha hecho bien las cosas, con el agravante de que no ha  aprendido que él solito es capaz de enmendar sus propios errores; y, además ,  una mamá sintiéndose la “burradecarga” más “burradecarga” del mundo y de muy mala leche.

                    La “crianza corporal” es algo más que un método de crianza. Es toda una filosofía de vida: una filosofía basada en el amor y el respeto por tus hijos y por ti misma. Por la naturaleza de todos.

                    No se trata de dejar que los niños “hagan lo que quieran” sino de ayudarlos a encontrar lo que realmente quieren y deben hacer. No se trata de hacer de tu hijo el centro de tu universo porque eso es absolutamente asfixiante para él, sino de dejarle clarísimo que es parte de ti, que es importantísimo en tu vida: algo único e irremplazable, que es un gran placer para ti ser su madre.; pero él tiene su propio centro, su propio universo y tú estas ahí acompañándolo en su historia de crecimiento y compartiendo tu experiencia con él: nutriéndolo.

                      Cuando nos olvidamos de todo esto, caemos al agua. Pero siempre está la oportunidad de volverlo a intentar y llegar a la otra orilla la próxima vez. El peso de nuestra propia crianza, basada principalmente en la "pedagogía negra", es difícil de superar, pero podemos hacerlo. 

                      Yo tengo una manera muy sencilla para saber cuándo he hecho bien las cosas: ver cómo me siento. Si me siento mal es evidente que, o bien me he quedado en la orilla que no quiero o bien me he caído al agua. Si me siento bien (y es un “sentirse bien” muy enriquecedor) he saltado correctamente.  Y es que el deseo de "criar  bien" a nuestros hijos con amor y con respeto, sin humillaciones ni violencia; enseñando, guiando y  acompañando, está en nuestra naturaleza  más profunda.  Cuando conseguimos superar nuestra mala educación y criar a nuestros hijos según nuestra  vieja sabiduría de seres humanos, todo fluye: nuestros hijos y nosotros estamos bien, y las crisis se solucionan positivamente para todos. Cuando esto no ocurre,  la  relación familiar se carga de tensión y de dolor, y todos nos sentimos angustiados. Por suerte siempre podemos romper la mala inercia reconociendo los errores, disculpándonos si es necesario, y dando a nuestros hijos vía abierta para que expresen el dolor o la frustración que han sentido al sentirse "maltratados" por nosotros: sus padres.

                 Quizás algún día consiga quedarme en la orilla correcta sin caer continuamente al agua o volver a la orilla "conductista". Tal vez esto nunca lo consiga yo, pero espero que lo consigan mis hijos con sus propios hijos. Supongo que hay objetivos inalcanzables para una sola vida,  pues arrastramos muchas generaciones criadas  a base de "pedagogía negra”. Pero al menos démosles un punto más cercano desde donde saltar a la orilla de la "crianza corporal"  para que esa orilla esté cada vez más poblada y empiece a funcionar una sociedad y una humanidad más pacífica, respetuosa, libre y feliz.

 Gracias María. Gracias a las 15. Espero estar el 23 en Madrid.

jueves, 1 de septiembre de 2011

A de-man-da.

Pues no, no me considero ninguna radical; ni ninguna talibana de la teta; ni he ingresado en ninguna secta en la que sólo bebemos leche humana; ni estoy en contra del resto del mundo; ni le sigo dando el pecho a Luisa porque tenga miedo de perder nada; ni deseo que ella, por eso, siga dependiendo de mi; ni tengo por ello la intención de que nuestro vínculo sea aún más especial...No.

Pero hay días en los que me caliento.
Estoy harta de seguir leyendo en panfletos de supuesto prestigio que sí, que en la lactancia materna se ofrece el pecho a demanda (¡Vaya, pues mira que bien!) Pero… no antes de que hayan pasado dos horas desde la última toma, pero no más de 10 minutos de cada pecho...
¿Quién intenta tomarme el pelo?

¿Es que el resto de la humanidad no pondría el grito el en cielo, si en los botes de leche de fórmula pusieran una errata: Añadir un cacito de estos polvos a 30 ml de agua además de media guindillita machacada?

Claro, esto sería perjudicial para la salud del bebé... Pero sobre todo se cargaría esta lactancia de cuajo. Cualquiera  preferiría tomarse un soso vaso de agua antes que un solo sorbo de ese mejunje, por mucho que alimentase.

Entonces ¿Por qué debo yo callarme cuando leo y escucho erratas tan determinantes para acabar con la buena alimentación de un bebé lactante? Llamadme lo que queráis pero sé que esta vez estoy, simplemente,  en la posición más razonable.

Para que una lactancia sea exitosa, además de muchos otros detalles, no debemos olvidarnos de mandar muy lejos al reloj y sobre todo mandar a tomar viento fresco a los que insisten en recordarnos que existe (¡Qué plastas!) con frases como estas:

-¿Pero no acaba de tomar hace 10 minutos? Se le va a cortar la digestión si vuelve a comer- (-¿Y tú? ¿No te acabas de tomar el aperitivo y ahora vas a comer? Vaya...pues ahora no te toca-)
.
 -Se te ha dormido a la teta… ¿No le tendrías que echar en su cuna?- (Lo mejor para estos casos es ni siquiera tener el artilugio- ¿Qué lo deje dónde?-)

-Hija, estás esclavizada… No te deja hacer nada.- (-Mientras que os deje hacerlo a los demás no vamos mal. Ya que has venido podrías echar un cable- De todos modos nada mejor que manejarse con los trapos y los nudos…Hay mujeres, en el resto del mundo, que así, desempeñan labores mucho más tediosas y complicadas que las nuestras)

¡Mujer, abre los ojos! ¡Confía! Confía en ti misma. Haz lo que te dicte el corazón. Dale una buena patada al reloj. No dudes nunca de tu bebé, él sabe cuando y cuanto te necesita.

Sí, dar el pecho es diferente. Lo cambia todo.
Tú vida será distinta cuando tengas un hijo pero no sólo si toma de tu leche, sino (si tú lo quieres disfrutar) en cualquier circunstancia, por siempre.









domingo, 7 de agosto de 2011

Nueva Margarita.



Bienvenida Margarita…Del Barrio. 
La que daba redondez al tallo
y luminosidad a la mirada de su madre.
Ahora sólo debes dejarte mimar, admirar,
amamantar, abrazar, abanicar, mecer…
Por tus padres, hermano, abuelos, tíos…
Los que -para su fortuna- están cerca y los que -para nuestra pena- estamos lejos.
Como si lo hicieran el sol, la luna, la abeja,  la lluvia o el viento.
Porque eres hija del más mágico Mago del Barrio y de la más bella Margarita…
Margarita del campo.


jueves, 4 de agosto de 2011

Este último viaje.

Hemos vuelto de las vacaciones desde Almancil -en el Algarve-, hemos recorrido todo el sur de Portugal, (Relámpago) hasta Cabo San Vicente para ver caer el Sol,
sentados en precipicio,
abrazados (Sobre todo para que no se me escapase el Coco),
casi tocando el vuelo- parado por el viento- de aquella gaviota  a escasos centímetros de nuestra mano, arropados los cuatros por la misma manta,
aplaudiendoy vitoreando un fin del día rodeados de hippies españoles...¡Qué locos! No me lo imaginaba así...

Me gusta  ir a lugares mágicos -como al cine- sin haber leído antes la sinopsis.

También me gusta ir a lugares mágicos- como al mismo fin del mundo- sin batería en la cámara.
De verdad (Jordi, no es recochineo), me obligará a retener ese momento siempre fresco en mi recuerdo.
Se lo he dicho a Julia, es como un secreto, que ya sólo quedará entre nosotros.

Nos han acompañado (En las misiones menos arriesgadas):
Un bebé llamado Liam (Para quien los perros, lógicamente, no ladran "guau-guau" ni "woof-woof" sino "guau-woof"),
La Mamá de ese Bebé (Como la ha llamado Luisa durante muchos días) una dulce, rubia, guapa y optimista irlandesa que prepara un  riquísimo porridge que he desayunado cada día  -Magnífica manera de tomar leche, cereales (Templaditos) y fruta (Picada, fresquita) todo en uno... thank you por la revelación-
y El Papá de ese Bebé, amigo del colegio de Jordi casi desde su más tierna infancia y compañero de muchas aventuras y desventuras.

De vuelta a las Castillas hemos separado los caminos, pues nosotros teníamos el empeño de achuchar una enooooorme barriga y hemos tenido narices para, en pleno julio,  pasar un par de noches en Sevilla. 
Hemos estado con Marga, David "El Mago" y mi ahijado, un ratillo, con la esperanza de ver nacer a la pequeña Margarita.
Hemos visto  a Mamá Marga y a Adolfo que tienen una casa preciosa, acogedora y del todo preparada para la vida moderna.

Y  no he podido ver un desvío para Gines y no volver para pasar por allí...raspando los minutos.

En tan sólo una mañana, en cuestión de horas, he removido mis cimientos, cientos de recuerdos que me han traído el caminar por sus calles, ver mi casa... pero sobre todo encontrar a sus gentes tal cual  les recordaba.
Me ha ido cuadrando todo, he encontrado a cada uno en su lugar, sin avisar, después de años de no vernos...

A Paco, ya le conocéis de otros escritos. El fue amigo en una desdichada racha adolescente (En la que un simple corte de pelo me hubiera mantenido recluida en casa una eterna temporada), las horas charlando sentados en un bordillo de nuestra calle al raso fueron infinitas, sus consejos oportunos, su nobleza  ejemplar, Rociero y Sevillista hasta la médula...Somos bien distintos... Pero hemos compartido tanto... Que cuando se marchó a la Mili, podría haberse ido mi novio y yo no hubiera sufrido-ni escrito- tanto. 

Eterno repartidor de sonrisas y vendedor de alegrías... ya venía a nuestro encuentro por la calle...
Emilio nos había reconocido, desde el anonimato de su furgo del trabajo, y ha parado en la juguetería para avisarle de nuestro intento de sorpresiva visita.


-"¿Y Chelo?"- He preguntado a los pocos minutos.
-"¡Vamos a verla!"-
Su hermana, con quien compartía yo habitación cuando les visitaba...Ella es una  morena alegre, de mirada intensa y boca marcada, guapa.
Positiva donde las haya. ¡Tela!

En su tienda, ya cerrada, he charlado también con Concepción y su consuegra. Risas.

Hemos hecho allí campamento base (En la antigua casa de Paco, como en los viejos tiempos) y he ido planeando y esbozando el resto de las visitas: 

A Juani la he pillado saliendo de mi casa vecina, de total casualidad. Había venido de Punta Umbría por ser el cumpleaños de su hijo Javi  y acababa de volver a por su teléfono olvidado. No ha dudado en acompañerme-con la prisa que llevaba-, para colarnos por la trastienda,  a conocer a la pequeña y saludar a Julia. Profesora vocacional, es de sonrisa amplia y ojos que brillan, incluso en lo reveses de la vida.

Nazaria no me ha reconocido hasta que no se qué gesto le ha recordado a mi madre.  
Tiene 83 años -Que no se los echaría ni ella que se los cuenta-
Cose que es un primor. 
Y su fijo (Que móviles ni había) fue nuestro teléfono, para recibir llamadas, el tiempo que viví allí.
Un sol de mujer, el sol de muchas mujeres.
Es el duendecillo que, si sabe que te gusta la sopa de tomate, se cuela por la ventana y te hace un perol para dejarlo en la encimera de tu cocina. Ella disfruta sólo pensando en tu cara al encontrarlo y en el gusto con que te la has tomado.

Y a Luci... y a Luci... ¡Qué cocotón le daba!!!
¡Qué si no se lo digo: -"¿Es que no nos parecemos ni un poco a  Paloma?"-!


Yo recuerdo intensas charlas con ella. Aún con nuestra gran diferencia de edad hemos charlado siempre abiertamente. Ella es especial, menuda, soltera, trabajadora,  alegre,  un cascabel al que no todos, en su propia tierra, han sabido apreciar. Sabes lo que te quiero. Porque la base del querer muchas veces es, simplemente, la admiración y el aprecio.Todo te lo tengo.

Y todavía nos ha quedado tiempo para dejarnos invitar a riquísimo adobo y demás.
A Ver a Emilio.
Contarnos muchas cosas. Reirnos.
Y conocer a toda la chiquillería: Paco, Nacho, Ana y Pablo-pequeño terremoto-. Cuando han salido de sus campamentos y su guardería. 
¡Qué lindos todos! Respetados, comprendidos y amados. ¡Qué bellos padres!
Sólo me ha faltado ver a Alicia...que doblaba turno por tener un compañero de vacaciones.
Te espero en casa, que os va a pillar casi de camino.

¡Qué ilusión tan grande!! 
Jordi, en el viaje de vuelta me decía, corroborando las palabras de Nazaria:
-"Desde luego... el poco tiempo que vivistéis allí sí que tuvo que ser especial."-

Lo fue...nueve meses que darían para escribir un libro...
De cada una de estas personas entrañables.












En Tomares, los peques. De Marga no pongo foto porque la barriga se saldría del papel.
Y todo Gines representado por Paco-peque. Por ser ...Todo un campeón.
Reparte besos.



sábado, 9 de julio de 2011

La boda.

Una boda similar me ha hecho recordar.
 Fue el 2 de julio de 2005 (¡Jordi!!!!!  ¡Se nos ha vuelto a pasar el Aniversario!!!! ¡Tú, cocinando paella para treinta...y yo desparramando el gazpacho por la cocina de quien tiene más paciencia...¿Cómo nos íbamos a acordar??!).

Cuando nos vinimos a vivir juntos -de alquiler- dijimos: "A ver si nos casamos... " "Sí...ya sacaremos el rato".

Cuando comenzamos a construir nuestra casa y nos hipotecamos: "A ver si nos casamos... " "Sí...ya sacaremos el rato".

Cuando nos embarazamos:  "A ver si nos casamos... " "Sí...ya sacaremos el rato".

Cuando nació Julia: "A ver si nos casamos... " "Sí...ya sacaremos el rato".

Finalmente fue un tema de legalizarnos ante situaciones que pueden resultar muy adversas. Y no querer casarte- era yo bastante cabezota- priva, en esos casos, de derechos fundamentales a tu pareja.

Así que, a nuestra manera, lastrando la pérdida de quien, con Sonia, seguro hubiese venido -aún sin ser invitados- porque era más que un amigo, otro hermano:
Sin religiones,
con la cara lavada,
en donde vivimos,
oficiado por un concejal del ayuntamiento -que ha terminado por ser vecino nuestro-,
con nuestra familia más próxima -padres y hermanos (que en aquel momento Óscar y David no tenían ni pareja que los acompañasen; yo ya hace años que no tengo abuelas ni abuelos y a los de Jordi no les íbamos  hacer venir desde tan lejos para tan fugaz enlace),
comiendo casi donde queremos -porque en donde queríamos no nos cogieron el teléfono el día anterior para reservar- y a la carta cada cual, claro.
Sin incordiar a los amigos...
Precisamente como ninguno estuvisteis ya era hora de poner alguna foto ¿No?

 El cava fue sorpresa y cortesía del Ayuntamiento. Muchas gracias.

 Julia tenía nueve meses, con el trajín, aquel día se mantuvo a pan y teta. Menú especial.

Los acompañantes, según se lee:
Óscar (Mi cuñado), Maite y Francisco (Papás de Jordi), Julia (Nuestra primera peque), yo misma y Jordi, Paloma (Mi mamá), David (My brother) y Ángel (Mi papá)... Chin Pon.
José Antonio de fotógrafo, no he encontrado esa foto que hiciste, tan arriesgadamente, subido al muro de la entrada. Quizás fue con la cámara de Francisco.