Por y para mis amigos, para los que me quisieron, para los que me quieren y para los que algún día puede que me lleguen a querer.
Para bien o para mal, por distintas circunstancias, en esta vida me ha tocado algún que otro peregrinar. Ello ha conllevado el tener que despedir, recibir, conocer gente... algunas de estas personas me han concedido el privilegio de considerarse mis amigos... y muchos, aún hoy, siguen siéndolo. Gracias por estar ahí.
"Top 10 2010 es un carnaval de blogs cuyo propósito es reunir los mejores artículos de la blogosfera maternal publicados durante 2010 en castellano. La temática del carnaval engloba el embarazo consciente, el parto natural, la lactancia materna, la crianza respetuosa, la psicología, el uso de portabebés ergo, la ecología y demás temas afines."
No sé si llegaré a la cantidad...justito...(¡Uff!), no sé si llegaré a la calidad (Snif...) pero...lo intento. Quizás no sean entradas específicas de los temas requeridos pero en cada una encontraréis pinceladas sobre lo que nos acontece. La primera, además, es del 26 de diciembre de 2009. Si no se acepta, la intento cambiar, pero es que esta es importante para mí, fue la semilla de este blog, allá en Leche Mágica.
No soy lectora tan voraz como mi hermano, pero me gusta leer. Ciertas literaturas, como la poesía en verso, por ahora no me conquistan tantas veces como me gustaría, me suele costar descifrarlas y me suponen un gran esfuerzo interpretativo. Diréis que soy mentecata pero con la música clásica me pasa igual, cuando no sigue por donde espero que vaya, me pone hasta nerviosa. Como con la ópera, me terminan dando mucha envidia las personas que han aprendido a disfrutar con estos regalos del arte. A veces pienso que será cuestión de entrenamiento pero la tenacidad, desdichadamente, nunca fue una de mis virtudes. No me enorgullezco para nada de ello. De todos modos, un poema, escrito por Manuel Benítez Carrasco, es mi preferido. No sé si se debe a que el protagonista es un perro vagabundo (de esos que me parten el alma cada vez que me encuentran y me hacen comprender, con una sola mirada, la inmensa crueldad egocéntrica de la civilización humana) o a que está en un libro que el mismo autor dedicó a mis padres, mientras mi hermano y yo dormíamos a pocos metros, allá en La Argentina. Vino a cenar por ser amigo de un amigo…no porque mi familia sea pródiga en verse a menudo con semejantes maestros :) Tengo un CD de Rafael Amor en el que él lo relata y, al escucharle, se me anuda la garganta. El caso es que la letra la he copiado de algún lugar en la red y no tengo ese pequeño libro verde para compararla, está en casa de los abuelos. A cientocuarenta kilómetros de mis manos. Lo siento, el audio va con publicidad (además el volumen es muy bajo)y la letra puede que tenga alguna frase que corregir...queda pendiente.
07/12/2010. Estoy en casa de mis padres... corregidas las frases... esto parecía el "teléfono estropeado".
EL PERRO COJO (Manuel Benítez Carrasco). Leído por Rafael Amor.
Con una pata colgando -despojo de una pedrada- pasó el perro por mi lado. Un perro de pobre casta. Uno de esos callejeros, pobres de sangre y de estampa. Nacen en cualquier rincón de perras tristes y flacas, destinados a comer basuras de plaza en plaza.
Si pequeños, por el qué finos y ágil de la infancia, -baloncitos de peluche, tibios borlones de lana-, los miman, los acurrucan, los sacan al sol, les cantan. De mayores, por el qué con que se les fue la gracia, los dejan a su ventura, mendigos de casa en casa, sus hambres por los rincones y su sed sobre las charcas.
Y qué tristes ojos tienen, qué recóndita mirada, como si en ella pusieran su dolor a media asta. Y se mueren de tristeza a la sombra de una tapia, si es que un lazo no les da una muerte anticipada.
Yo lo llamo: psi, psi, psi...
Todo orejas asustadas, todo hociquito curioso, todo sed, hambre y nostalgia, el perro escucha mi voz, olfatea mis palabras, como esperando o temiendo pan, caricias o... pedradas. No en vano lleva marcado un mal recuerdo en su pata.
Lo vuelvo a llamar: psi, psi... Dócil a medias avanza moviendo el rabo con miedo y las orejitas gachas. Chasco los dedos; le digo: ven aquí, no te hago nada; vamos, vamos..., ven aquí.
Y adiós la desconfianza. Que ya se tiende a mis pies, a tiernos aullidos habla, ladra para hablar más fuerte, salta, gira, gira, salta, lloran, ríen, ríen, lloran, lengua, orejas, ojos, patas, y el rabo es un incansable abanico de palabras. Es su alegría tan grande que, más que hablarme, me canta.
-¿Qué piedra te dejó cojo...? Sí, sí; malhaya, malhaya...
El perro me entiende; sabe que maldigo la pedrada, aquella pedrada dura que le destrozó la pata, y él, con el rabo, me está agradeciendo la lástima.
-Pero tú no te preocupes; ya no ha de faltarte nada.
Yo también soy callejero, aunque de distintas plazas, y a patita coja y triste voy de jornada en jornada. Las piedras que me tiraron me dejaron coja el alma. Entre basuras de tierra tengo mi pan y mi almohada. Vamos, pues, perrito mío, vamos, anda que te anda, con nuestra cojera a cuestas, con nuestra tristeza en andas, yo, por mis calles oscuras, tú, por tus calles calladas, tú, la pedrada en el cuerpo, yo, la pedrada en el alma.
Y cuando mueras, amigo, yo te enterraré en mi casa bajo un letrero: aquí yace un amigo de mi infancia.
Y en el cielo de los perros, -pan tierno y carne mechada- te regalará San Roque una muleta de plata.
Compañeros si los hay, amigos donde los haya, mi perro y yo por la vida: pan pobre, rica compaña.
Era joven y era viejo; por más que yo lo cuidaba, el tiempo malo pasado lo dejó medio sin alma. Fueron muchas las hambres,mucho peso en sus tres patas.
Y una mañana, en el huerto, debajo de mi ventana, lo encontré tendido, frío como una piedra mojada. Como un duro musgo el pelo con el rocío brillaba. Ya estaba mi pobre perro muerto de las cuatro patas.
Hacia el cielo de los perros se fue, anda que te anda, las orejas de relente y el hociquito de escarcha. Portero y dueño del cielo San Roque en la puerta estaba; ortopédico de mimos, cirujano de palabras, bien surtido de recambios con que curar viejas taras,
-Para ti... un rabo de oro; para ti... un ojo de ámbar; tú, tus orejas de nieve; tú, tus colmillos de escarcha. Tú... — y mi perro reía...— tú... tu muleta de plata.
Ahora ya sé por qué está la noche agujereada.
¿Estrellas... luceros...? No. Es mi perro, que cuando anda, con la muleta va haciendo agujeritos de plata.