Julia ha comenzado 1º de primaria.
Justo en este momento la tengo sentada a mi derecha, haciendo sus deberes del cole, le he dicho que tenía que escribir una memoria para mi trabajo, parece que es mejor que me vea cerca y ocupada, a que la agobie todo el rato mirándola. La verdad es que lo hace bien, cuando quiere.
El problema es más gordo: No quiere. Y yo… tampoco :(
Propongo a veces, medio de guasa, impulsar una Plataforma Anti-deberes. Pero, la transparencia de los chistes, deja entrever algo del fondo, real, de la mente de quien los suelta.
Estoy viviendo una dura dicotomía interior, por un lado aborrezco el sistema de educación instaurado. Tampoco conozco a fondo otros de los que, casi de refilón, he oído hablar, entre los motivos: me da miedo saber más, que “me toquen las palmas”, que lo mismo me pasa igual que con la lactancia y con el colecho, y me “arranco”… me pasaría la vida luchando y agotándome.
Ya me contarás un día tranquila, Txita (www.arantxayoga.wordpress.com), cuando por fin podamos vernos y achucharnos, que tal os va, te escucharé con atención.
Y leeré el blog de Yasmin (http://aprendiendodeadrian.blogspot.com).
Y es que no puedo evitar el sentirme a su vez culpable, por perezosa, por cerrar los ojos a esas otras maneras de enseñar y huir pa´lante. No quisiera privar a mis hijas de lo que pudiera ser mejor, por simple vaguería, pero no es mentira que caminar fuera de la senda siempre es más complicado, te clavas más piedras en los pies, al final es más rápido y fácil regresar al conocido redil, para continuar el camino al mismo son que el resto de nuestro rebaño.
Y las tareas escolares, para casa, me producen cierto sarpullido, no lo voy a negar. Me aburro más que quien las tiene que realizar.
Me da rabia rabiosa, porque considero que Julia tiene buen aprender, maneja un amplio vocabulario, con el que dejó pasmada a la logopeda del curso pasado, la misma que no consiguió que terminara de pronunciar la “r”, aunque noté gran mejoría …Claro, tan sólo en una sesión…no pediremos lo imposible. -Hay niños más preferentes- se disculpó la directora del centro.
Y maneja libros de Naturaleza, dragones, egipcios, aztecas…
El jueves me sorprendió al salir de clase, contándome que casi se queda dormida del aburrimiento, porque le explicaron los planetas…y le pareció un rollo ¡Pero… si la noche anterior, secándole el pelo, me preguntaba hasta por las lunas de Saturno (Mientras ojeaba un libro titulado “La tierra y el Cielo”), como la falsa tierra llamada “Titán”! ¡Lo que me hace aprender Julia!
Pero su profe insiste en que anda despistadilla, estoy segura de que tiene toda la razón.
No desisto en mi empeño de que ella se adapte al sistema, aunque me duela el corazón. Os lo aseguro.
Está decidido, nos pondremos en manos de su tutora, que además tiene buena fama, muchos me lo han corroborado. Entre otras cosas porque no soy profesional de la enseñanza, ni tengo tiempo para aprender a serlo. Bastante tengo con contar ovejas.
Así que estas letras las escribo como simple desahogo (mío), como máximo desahogo de Julia y sobre todo para mantener mis manos entretenidas, evitando que le den a Julia un buen cocotón… porque aquí, a mi vera, lleva más de una hora para completar dos miserables fichas y os aseguro que está a punto de consumir mi último ápice de paciencia.
Todo sea porque se distinga lo menos posible de los demás ¡No dicen que la virtud está en el término medio? Lo mismo otra virtud sea el poder pasar lo más desapercibido posible entre nuestros semejantes.
Creo que siempre me quedará alguna lastimosa duda. En fin…para lo que dan tantos minutos.
Por y para mis amigos. Para los que me quisieron, los que me quieren y los que algún día puede que me lleguen a querer.
Para bien o para mal, por distintas circunstancias, en esta vida me ha tocado algún que otro peregrinar. Ello ha conllevado el tener que despedir, recibir, conocer gente... algunas de estas personas me han concedido el privilegio de considerarse mis amigos... y muchos, aún hoy, siguen siéndolo.
Gracias por estar ahí.
Gracias por estar ahí.
viernes, 17 de septiembre de 2010
sábado, 11 de septiembre de 2010
El coche agradecido.
Paro siempre que puedo a repostar en la gasolinera de Chaherrero.
Paro a la que vuelvo a casa, entre otras cosas porque tienen un pan (horneado en Riocabado) buenísimo.
También paro, desde hace ya nueve años (desde cuando regresaba casi a diario con Alfonso) porque los que nos atienden allí son la mar de amables.
Siempre lo comentábamos.
Ahora, hay que desviarse de la nueva autovía para visitarla.
Ya sé que una cosa hago mal: Cargo el depósito cuando ya va consumiendo la reserva.
Siempre pido que lo llenen.
Desde seco... a reventar.
Entonces, al volver a la carretera, siento como el coche va mejor. Más lisito. Con la tripa llena.
Y recuerdo la miradas cruzadas con Alfonso. Porque nuestro sentir coincidía.
Ya veis, nos parecía que el coche nos lo agradecía, respondiendo con más salero al acelerador.
A veces conducía él.
Son tantos los huecos que ocupan en mi cabeza los recuerdos vividos con Alfonso que, cuando agrupe aliento, me gustaría compartirlos con vosotros.
Hace unos quince días fui a pagar. Me despachaba quien, ahora sé, se llama Manolo.
Y resulta que le di el D.N.I y el carné de conducir.
-Pues muy bien...¿Y con cuál te cobro?- Como siempre, sonrió.
-¡Ya me gustaría poder pagarte con cualquiera de los dos!- Me disculpé.
Como cada vez que le veo, seguimos hablando... de otras cosas.
A la semana siguiente, otra vez a llenar...¡Qué ruina!
Estaba esta vez Carlos.
Aceptó la comprobación con el carné de conducir porque me di cuenta de que me faltaba el D.N.I.
- ¡Vaya! Se habrá quedado en la mochila...- Pensé casi en voz alta.
Hacía pocos días había cambiado aquella mochila por un bolso más recogido.
Pasando otra semana, ayer mismo, he vuelto.
A repostar, a comprar pan y unas pastas para llevarle a Ana.
Así que salí en Chaherrero... Sabía que Manolo estaba de vacaciones.
Me encontré con un dependiente desconocido.
-Súmame esto también- Le dije cogiendo unos regalices rojos.
Y, cuando iba ya a sacar el carné de conducir porque ni siquiera me había propuesto buscar el D.N.I., me medio pregunta medio confirma donde vivo. Él se explica:
-Al verte entrar he pensado que eras tú- Mientras sacaba el documento perdido.
-Así que, ¡Estaba aquí!- me alegré.
-Sí, estaba aquí, entre los chicles- Señalaba la estantería que precede al mostrador.
-Claro, se me caería el otro día... me atendió un compañero tuyo que me dijo que en invierno también vive en Peñaranda- Expliqué.
-Ah, sí , Manolo. Está de vacaciones-
-Lo sé, el otro día me dijo que empezaba a librar el siguiente ¡Vaya, qué alivio haberlo encontrado!-
- Pues sí, un quebradero menos de cabeza-Se despidió.
Ya, si paro allí, continuo por la general que, desde la construcción de la autovía, ha quedado desierta. Tan a gusto.
Con el coche otra vez saciado, agradecido.
Comiéndome los regalices rojos, que también hubiera disfrutado con Alfonso mirándonos de refilón.
Sin hablarnos, los dos maquinando lo mismo:
"¡Pero que finito va el clío ahora, parece que se desliza mejor!"
Algunos seguimos disfrutando sencillas formas con las que nos contentamos.
Y entre melancolía y recuerdos marché pensando -¡Qué cosas tiene la vida!
¡Qué sucios revolcones nos depara!
O qué vueltas da, a veces, tan simples agradables y cotidianas-.
Paro a la que vuelvo a casa, entre otras cosas porque tienen un pan (horneado en Riocabado) buenísimo.
También paro, desde hace ya nueve años (desde cuando regresaba casi a diario con Alfonso) porque los que nos atienden allí son la mar de amables.
Siempre lo comentábamos.
Ahora, hay que desviarse de la nueva autovía para visitarla.
Ya sé que una cosa hago mal: Cargo el depósito cuando ya va consumiendo la reserva.
Siempre pido que lo llenen.
Desde seco... a reventar.
Entonces, al volver a la carretera, siento como el coche va mejor. Más lisito. Con la tripa llena.
Y recuerdo la miradas cruzadas con Alfonso. Porque nuestro sentir coincidía.
Ya veis, nos parecía que el coche nos lo agradecía, respondiendo con más salero al acelerador.
A veces conducía él.
Son tantos los huecos que ocupan en mi cabeza los recuerdos vividos con Alfonso que, cuando agrupe aliento, me gustaría compartirlos con vosotros.
Hace unos quince días fui a pagar. Me despachaba quien, ahora sé, se llama Manolo.
Y resulta que le di el D.N.I y el carné de conducir.
-Pues muy bien...¿Y con cuál te cobro?- Como siempre, sonrió.
-¡Ya me gustaría poder pagarte con cualquiera de los dos!- Me disculpé.
Como cada vez que le veo, seguimos hablando... de otras cosas.
A la semana siguiente, otra vez a llenar...¡Qué ruina!
Estaba esta vez Carlos.
Aceptó la comprobación con el carné de conducir porque me di cuenta de que me faltaba el D.N.I.
- ¡Vaya! Se habrá quedado en la mochila...- Pensé casi en voz alta.
Hacía pocos días había cambiado aquella mochila por un bolso más recogido.
Pasando otra semana, ayer mismo, he vuelto.
A repostar, a comprar pan y unas pastas para llevarle a Ana.
Así que salí en Chaherrero... Sabía que Manolo estaba de vacaciones.
Me encontré con un dependiente desconocido.
-Súmame esto también- Le dije cogiendo unos regalices rojos.
Y, cuando iba ya a sacar el carné de conducir porque ni siquiera me había propuesto buscar el D.N.I., me medio pregunta medio confirma donde vivo. Él se explica:
-Al verte entrar he pensado que eras tú- Mientras sacaba el documento perdido.
-Así que, ¡Estaba aquí!- me alegré.
-Sí, estaba aquí, entre los chicles- Señalaba la estantería que precede al mostrador.
-Claro, se me caería el otro día... me atendió un compañero tuyo que me dijo que en invierno también vive en Peñaranda- Expliqué.
-Ah, sí , Manolo. Está de vacaciones-
-Lo sé, el otro día me dijo que empezaba a librar el siguiente ¡Vaya, qué alivio haberlo encontrado!-
- Pues sí, un quebradero menos de cabeza-Se despidió.
Ya, si paro allí, continuo por la general que, desde la construcción de la autovía, ha quedado desierta. Tan a gusto.
Con el coche otra vez saciado, agradecido.
Comiéndome los regalices rojos, que también hubiera disfrutado con Alfonso mirándonos de refilón.
Sin hablarnos, los dos maquinando lo mismo:
"¡Pero que finito va el clío ahora, parece que se desliza mejor!"
Algunos seguimos disfrutando sencillas formas con las que nos contentamos.
Y entre melancolía y recuerdos marché pensando -¡Qué cosas tiene la vida!
¡Qué sucios revolcones nos depara!
O qué vueltas da, a veces, tan simples agradables y cotidianas-.
sábado, 28 de agosto de 2010
Un gran corazón cultivó un pequeño tomate corazón.
Soy de las que por haberse comido un kiwi y haberse bebido un par de vasos de agua, se creen en el pleno derecho de poder atiborrarse, después, con cualquier dosis de colesterol y chucherías, por el módico precio de cero arrepentimiento. Es como que, al compensarse en mi mente, se vayan a equilibrar también en mis michelos, modelándose divinamente. Y desde que no fumo (que ya van años- con mis pequeñas licencias-) casi que peor. Cambié el cigarrito de la sobremesa por suculentos postres, que antes ni sabía que existían.
Cuando conocí a Jordi, en primero de Veterinaria, todavía tenía yo 17 años (porque soy, como Luisa, de las chinorris de diciembre) y pesaba 47 kilos (muy acorde a mi estatura). No me dejaron subir a aquel autobus, aparcado junto al aulario, y donar sangre hasta 3º de carrera, pero desde entonces la progresión ha sido imparable... pero me consuelo... Una de las personas mejor conservadas que conozco es mi amiga Raquel, que vive en el pueblo en el que ahora trabajo (aunque ella tampoco es de allí). Me contó el secreto de su tersa piel: -"Un kilito al año y mucha Nivea, hija"- Pues he tomado alguna nota, lo de sumar casi el kilo, por lo menos.
A Raquel también le añadiremos su gran fortaleza, alegría, ganas de vivir y compartir y su gran capacidad de amar que siempre la colmará de juventud.
La conocí por ser la mujer de Pepe. Cuando me sentaba en su despacho a hacer las cuentas de los portes contratados. Pepe justo tiene los años de mi padre, ella es algo mayor que él. Son una pareja ejemplar. Se encontraron y se enamoraron ciegamente en plena madurez. Ella viuda, él iba para eterno soltero y eternas noches de juerga, que amigos nunca le faltaron.
Conducía camión propio, un Man pequeño, en él cabían unas cuantas vaquitas de desvieje (de distintos socios de la cooperativa) que llevabamos para el matadero. Nos presentó Jose Carlos, por aquellos tiempos en los que yo ejercía de tratante de ganado ( no lo digo tan de broma, ya os lo contaré) y allí, en Fuentesaúco, muchas mañanas, bien temprano nos hacían esperar. -"Pues... te invito a un café con un pincho de tortilla"- guiñaba sus dedos a la vez que me animaba, con su voz entre ronca y melosa, un poco temblorosa y siempre apacible. Y aquella voz me contaba historias increíbles y entrañables de toda una vida en La Moraña. Como el porqué de aquel apodo, por el que todos le conocen y tan poco parecía corresponderle, aunque para nada le incomode: "el Buitre". Nos hicimos amigos, digo que para siempre. No sabéis cuantas aventuras...
Gracias "Buitre" por tu patrimonio compartido ( y por aquellos cuponcitos que comprábamos y que nunca nos tocaban), gracias Raquel ( por aquellos abrazos que conseguían levantarme a un palmo del suelo), sin vosotros saberlo, fuisteis unas de las brisas que en aquellos años, tan duros para mí, en los que tenía que trabajar en faenas tan poco afines a mi persona, alejaban de un soplido los malos humos acumulados para pintar, siempre, en mi cara, una gran sonrisa.
Están buenísimos esos tomates que me disteis. Julia todavía no se ha comido el suyo, ese pequeño con forma de corazón, porque dice que primero quería hacerle una foto de pareja, con un pimiento de Padrón de los que trajeron el otro día Marga, David y Alejandro de su viaje por Galicia. Lo malo es que ya los tenemos fritos y comidos. Unos picaron y otros "non".
Sé que no me váis a leer, asi que ya pararé otro día a deciros, de nuevo, todo lo que os quiero.
Cuando conocí a Jordi, en primero de Veterinaria, todavía tenía yo 17 años (porque soy, como Luisa, de las chinorris de diciembre) y pesaba 47 kilos (muy acorde a mi estatura). No me dejaron subir a aquel autobus, aparcado junto al aulario, y donar sangre hasta 3º de carrera, pero desde entonces la progresión ha sido imparable... pero me consuelo... Una de las personas mejor conservadas que conozco es mi amiga Raquel, que vive en el pueblo en el que ahora trabajo (aunque ella tampoco es de allí). Me contó el secreto de su tersa piel: -"Un kilito al año y mucha Nivea, hija"- Pues he tomado alguna nota, lo de sumar casi el kilo, por lo menos.
A Raquel también le añadiremos su gran fortaleza, alegría, ganas de vivir y compartir y su gran capacidad de amar que siempre la colmará de juventud.
La conocí por ser la mujer de Pepe. Cuando me sentaba en su despacho a hacer las cuentas de los portes contratados. Pepe justo tiene los años de mi padre, ella es algo mayor que él. Son una pareja ejemplar. Se encontraron y se enamoraron ciegamente en plena madurez. Ella viuda, él iba para eterno soltero y eternas noches de juerga, que amigos nunca le faltaron.
Conducía camión propio, un Man pequeño, en él cabían unas cuantas vaquitas de desvieje (de distintos socios de la cooperativa) que llevabamos para el matadero. Nos presentó Jose Carlos, por aquellos tiempos en los que yo ejercía de tratante de ganado ( no lo digo tan de broma, ya os lo contaré) y allí, en Fuentesaúco, muchas mañanas, bien temprano nos hacían esperar. -"Pues... te invito a un café con un pincho de tortilla"- guiñaba sus dedos a la vez que me animaba, con su voz entre ronca y melosa, un poco temblorosa y siempre apacible. Y aquella voz me contaba historias increíbles y entrañables de toda una vida en La Moraña. Como el porqué de aquel apodo, por el que todos le conocen y tan poco parecía corresponderle, aunque para nada le incomode: "el Buitre". Nos hicimos amigos, digo que para siempre. No sabéis cuantas aventuras...
Gracias "Buitre" por tu patrimonio compartido ( y por aquellos cuponcitos que comprábamos y que nunca nos tocaban), gracias Raquel ( por aquellos abrazos que conseguían levantarme a un palmo del suelo), sin vosotros saberlo, fuisteis unas de las brisas que en aquellos años, tan duros para mí, en los que tenía que trabajar en faenas tan poco afines a mi persona, alejaban de un soplido los malos humos acumulados para pintar, siempre, en mi cara, una gran sonrisa.
Están buenísimos esos tomates que me disteis. Julia todavía no se ha comido el suyo, ese pequeño con forma de corazón, porque dice que primero quería hacerle una foto de pareja, con un pimiento de Padrón de los que trajeron el otro día Marga, David y Alejandro de su viaje por Galicia. Lo malo es que ya los tenemos fritos y comidos. Unos picaron y otros "non".
Sé que no me váis a leer, asi que ya pararé otro día a deciros, de nuevo, todo lo que os quiero.
miércoles, 25 de agosto de 2010
Una de los nuestros.
He recopilado algún indicio de que, tal vez, no lo esté haciendo yo tan mal, como madre digo.
Aunque reconozco que alguna vez me paso con el "adiestramiento" de mis hijas, a todos nos gusta tener a los hijos "bien" educados y sobre todo nos "engorda" que nos feliciten por ello los demás ¿Verdad Caro? En el fondo me acojona que pueda llegar a ser una "buena chica". Quizás triunfen las arpías con más comodidad.
Pues ésta debería ser una de nuestras últimas metas.
Me doy cuenta de que, en realidad, lo que verdaderamente me enorgullece, lo que me reconforta y me salpica de momentos de felicidad son otras cosas. Os voy a comentar tan sólo dos, de muestra sirve un botón.
Un día de la semana pasada, fui a recoger a la enana a la guardería con Julia y de vuelta a casa, les pongo la radio porque a Julia, ahora, le gusta Paulina Rubio, Shakira y tal... sobre todo la canción del Mundial, claro. El caso es que por allí graznaba el David Bisbal con su canción para la misma ocasión futbolística.
-"Eschucha Julia, esta canción también es del Mundial, a ver si te gusta"-
El tiempo imprescindible la oyó sin hablar (si que le gustó), pero en breve resolvió:-" Pues yo Mamá, de mayor quiero cantar una canción de Mundial"- (de vez en cuando le da por decir que quiere ser cantante, cuando no ingeniera -quiere inventar robots- o paleontóloga-porque también quiere coleccionar huesos-)
-"Pero Julia, los Mundiales sólo son cada cuatro años..."-
-"Pues mejor"- me replicó -"Así tengo muchas más vacaciones"-
¡Qué bueno! Pensé en mi "inocente" mente adulta que ella lo decidía por poder sacar un disco y forrarse fácilmente a la primera.
Espero que no cambie nunca esa mentalidad y que no dirija sus pasos, en su lejano futuro profesional, simple y llanamente para ganar dinero y más dinero.
Pero ahora os voy a contar la mejor. La semana pasaba han sido las ferias por aquí y en uno de los paseos que nos dimos cacharritos arriba , cacharritos abajo, nos cruzamos con una profe de Julia que tiene una bebé de la edad de Luisa. Ella también paseaba por allí con su hija y su marido. Nos contó que irían a casa a cenar y a dormir a la nena: -"Claro, como la peque sólo se duerme conmigo al pecho... pues eso que me toca y tan felices."-
Esbocé una amplia y cómplice sonrisa -"Te entiendo, nosotros también...hasta que los cuerpos aguanten... ya lo echaremos de menos."-
La dos tan naturales... como si hablaramos de cómo preparar un biberón ;) Como si el resto del mundo nos comprendiera, de repente, tanto como yo me identificaba con ella y ella conmigo, como si lo normal fuera lo nuestro. Lo más sorprendente fue que ninguno nos sorprendimos. Muchas me comprenderéis sin tener que explicaros más detalles.
Ya de camino a casa, conducía Jordi, yo atrás con Julia a un lado y Luisa al otro (que todavía tenemos truco para dar la teta en el coche... y sin salirnos ninguna de las medidas de seguridad ¡Toma ya!)
Le comenté a Jordi, así en plan paraentendernosrápido -"No sabía que esta chica era de los nuestros... ves, nunca sabes. Hace ilusión encontrarnos ¿no?"-
Julia se entrometió en la conversación (ya sabéis que, a veces, el entrenamiento falla)
-"Pues yo de mayor también quiero tener una familia como ésta"-
-"¿Cómo cúal, Cariño?"-
-"Como la nuestra."-
-"Pero si ya la tienes, aquí estamos."-
-"No Mamá, digo que quiero tener una hija mayor, como tú me tienes a mí y una bebé que tome teta como Luisa."-
La charla siguió hasta que aparcamos, pero... que más os puedo decir. Esto concentra mucho para mí, espero que ciertos valores queden encapsulados en los corazones de mis hijas para que afloren, en su momento, cuando más los necesiten.
Sé que el camino es largo y que, rondando los quince años, vivirán el lapsus por el que hemos pasado tod@s. ¡Y... qué cojones... que lo disfruten!
Aunque reconozco que alguna vez me paso con el "adiestramiento" de mis hijas, a todos nos gusta tener a los hijos "bien" educados y sobre todo nos "engorda" que nos feliciten por ello los demás ¿Verdad Caro? En el fondo me acojona que pueda llegar a ser una "buena chica". Quizás triunfen las arpías con más comodidad.
Pues ésta debería ser una de nuestras últimas metas.
Me doy cuenta de que, en realidad, lo que verdaderamente me enorgullece, lo que me reconforta y me salpica de momentos de felicidad son otras cosas. Os voy a comentar tan sólo dos, de muestra sirve un botón.
Un día de la semana pasada, fui a recoger a la enana a la guardería con Julia y de vuelta a casa, les pongo la radio porque a Julia, ahora, le gusta Paulina Rubio, Shakira y tal... sobre todo la canción del Mundial, claro. El caso es que por allí graznaba el David Bisbal con su canción para la misma ocasión futbolística.
-"Eschucha Julia, esta canción también es del Mundial, a ver si te gusta"-
El tiempo imprescindible la oyó sin hablar (si que le gustó), pero en breve resolvió:-" Pues yo Mamá, de mayor quiero cantar una canción de Mundial"- (de vez en cuando le da por decir que quiere ser cantante, cuando no ingeniera -quiere inventar robots- o paleontóloga-porque también quiere coleccionar huesos-)
-"Pero Julia, los Mundiales sólo son cada cuatro años..."-
-"Pues mejor"- me replicó -"Así tengo muchas más vacaciones"-
¡Qué bueno! Pensé en mi "inocente" mente adulta que ella lo decidía por poder sacar un disco y forrarse fácilmente a la primera.
Espero que no cambie nunca esa mentalidad y que no dirija sus pasos, en su lejano futuro profesional, simple y llanamente para ganar dinero y más dinero.
Pero ahora os voy a contar la mejor. La semana pasaba han sido las ferias por aquí y en uno de los paseos que nos dimos cacharritos arriba , cacharritos abajo, nos cruzamos con una profe de Julia que tiene una bebé de la edad de Luisa. Ella también paseaba por allí con su hija y su marido. Nos contó que irían a casa a cenar y a dormir a la nena: -"Claro, como la peque sólo se duerme conmigo al pecho... pues eso que me toca y tan felices."-
Esbocé una amplia y cómplice sonrisa -"Te entiendo, nosotros también...hasta que los cuerpos aguanten... ya lo echaremos de menos."-
La dos tan naturales... como si hablaramos de cómo preparar un biberón ;) Como si el resto del mundo nos comprendiera, de repente, tanto como yo me identificaba con ella y ella conmigo, como si lo normal fuera lo nuestro. Lo más sorprendente fue que ninguno nos sorprendimos. Muchas me comprenderéis sin tener que explicaros más detalles.
Ya de camino a casa, conducía Jordi, yo atrás con Julia a un lado y Luisa al otro (que todavía tenemos truco para dar la teta en el coche... y sin salirnos ninguna de las medidas de seguridad ¡Toma ya!)
Le comenté a Jordi, así en plan paraentendernosrápido -"No sabía que esta chica era de los nuestros... ves, nunca sabes. Hace ilusión encontrarnos ¿no?"-
Julia se entrometió en la conversación (ya sabéis que, a veces, el entrenamiento falla)
-"Pues yo de mayor también quiero tener una familia como ésta"-
-"¿Cómo cúal, Cariño?"-
-"Como la nuestra."-
-"Pero si ya la tienes, aquí estamos."-
-"No Mamá, digo que quiero tener una hija mayor, como tú me tienes a mí y una bebé que tome teta como Luisa."-
La charla siguió hasta que aparcamos, pero... que más os puedo decir. Esto concentra mucho para mí, espero que ciertos valores queden encapsulados en los corazones de mis hijas para que afloren, en su momento, cuando más los necesiten.
Sé que el camino es largo y que, rondando los quince años, vivirán el lapsus por el que hemos pasado tod@s. ¡Y... qué cojones... que lo disfruten!
martes, 10 de agosto de 2010
¿Qué inteligencia dices?
Sí, es verdad, de acuerdo, lo reconozco, me lo he inventado. La Inteligencia Emocional, si buscáis la definición en la red, es otra historia.
Ha pasado que en una de esas conversaciones de sábado noche en la cama, este fin de semana, le recordé a Jordi lo admirable que me había parecido la labor conciliadora de Julia, esa misma tarde. Después de oírnos discutir por lo más importante del día: Jordi quería que le ayudásemos a regar y yo me vi capaz de, en el rato que el cambiaba a las peques los zapatos, fregarme el segundo cajón del congelador (ya sólo me queda uno) para dejarlo secándose, cosa que a él no le pareció del todo bien porque no quería verse, sólo, regando cual vulgar tarde de entresemana. Pues por cosa tan tonta ya está lío.
Julia, de la misma manera que hubiera hecho la Mafalda de Quino, vino a uno y a otro eligiendo las mejores palabras para arrancarnos la mala bají y ponernos la sonrisa. Ella misma decidió que lo mejor sería que cada día uno de los dos fuese el Jefe. Y justo este sábado me tocó a mí. ¡Qué bien!
El caso es que, por ese detalle y alguno más, se me ocurrió decirle a Jordi que, para mí, Julia tiene una acusada Inteligencia Emocional. A lo que él me contestó:
“El caso es que por más que he oído hablar…no tengo muy claro que es eso de la Inteligencia Emocional”
Y entonces yo, descaradamente, me lo inventé y él como casi siempre, atentamente, me escuchó:
“Pues yo creo que es la capacidad de ponerte en el pellejo de los demás, de sentir empatía… Es la inteligencia que nos haría sobrevivir a todos como en una tribu ancestral, la inteligencia que no tiene valor individual, la que beneficiaría siempre al grupo.
Tiene algo que ver con el Concepto del Continuum ¿Quién es considerado más inteligente en una tribu así? Pues el que se mira su propio ombligo no.
Es, precisamente, la inteligencia que ahora menos se valora, sino todo lo contrario, se menosprecia. En una sociedad como la nuestra, el disponer de esa inteligencia sólo te conducirá a recibir todas las hostias del mismo lado. Ahora lo que se valora es otra inteligencia, la que te lance al éxito individual, con la que consigas llegar a tener mejor coche que el vecino…” y bla, bla, bla…Cuando no tengo la obligación de madrugar al día siguiente soy capaz de enrollarme hasta el infinito y más allá.
Pues tan convencida que lo solté.
Me contestó que no era entonces tan distinto a como se vivía aquí mismo, en España hace no tantos años.
Claro, esa es la clave, pero hemos evolucionado en poco tiempo a una forma de entender y compartir la vida muy extraña, sino retorcida. Nos hemos cargado nuestro sentir más rural y la hemos fastidiado.
Lo he dicho en alguna ocasión, me voy a repetir porque es el mejor resumen gráfico que encuentro: las vida, la vida de las embarazadas, recién paridas, lactantes, biberantes, la vida familiar... debería ser como en las reuniones de Leche Mágica. Podría titularlo con el mismo lema que el de los Tres Mosqueteros ;)
Muchos problemas de sociabilización, depresiones postparto, lactancia, alimentación, crianza y demás serían abolidos. Reducidos a la nada. No estamos programados para vivir solos. Y eso que soy bastante solitaria. Algo rarita, desde pequeña.
Y no me quejo de mi experiencia particular, que aquí donde vivo gozo de enorme fortuna, porque hay personas a mi alrededor que me cuidan, que han conseguido erradicar de mi mente la mayor parte de los sentimientos de forastería y me han incluido, dulcemente, en su tribu.
Al final me voy por las ramas… y es que sentarme aquí a charlar con vosotros, después de tanto tiempo, es lo que tiene… que me gustaría contaros tanto… y al final me enredo y me atropello.
Entonces… ¿Cómo se llamará esta Inteligencia que digo? Está claro que cada día, me cuesta más mantenerme bien informada. Pero bueno,al final, lo que más cuenta en un sitio como este es la interpretación personal de cada cual ¿O no?
Ha pasado que en una de esas conversaciones de sábado noche en la cama, este fin de semana, le recordé a Jordi lo admirable que me había parecido la labor conciliadora de Julia, esa misma tarde. Después de oírnos discutir por lo más importante del día: Jordi quería que le ayudásemos a regar y yo me vi capaz de, en el rato que el cambiaba a las peques los zapatos, fregarme el segundo cajón del congelador (ya sólo me queda uno) para dejarlo secándose, cosa que a él no le pareció del todo bien porque no quería verse, sólo, regando cual vulgar tarde de entresemana. Pues por cosa tan tonta ya está lío.
Julia, de la misma manera que hubiera hecho la Mafalda de Quino, vino a uno y a otro eligiendo las mejores palabras para arrancarnos la mala bají y ponernos la sonrisa. Ella misma decidió que lo mejor sería que cada día uno de los dos fuese el Jefe. Y justo este sábado me tocó a mí. ¡Qué bien!
El caso es que, por ese detalle y alguno más, se me ocurrió decirle a Jordi que, para mí, Julia tiene una acusada Inteligencia Emocional. A lo que él me contestó:
“El caso es que por más que he oído hablar…no tengo muy claro que es eso de la Inteligencia Emocional”
Y entonces yo, descaradamente, me lo inventé y él como casi siempre, atentamente, me escuchó:
“Pues yo creo que es la capacidad de ponerte en el pellejo de los demás, de sentir empatía… Es la inteligencia que nos haría sobrevivir a todos como en una tribu ancestral, la inteligencia que no tiene valor individual, la que beneficiaría siempre al grupo.
Tiene algo que ver con el Concepto del Continuum ¿Quién es considerado más inteligente en una tribu así? Pues el que se mira su propio ombligo no.
Es, precisamente, la inteligencia que ahora menos se valora, sino todo lo contrario, se menosprecia. En una sociedad como la nuestra, el disponer de esa inteligencia sólo te conducirá a recibir todas las hostias del mismo lado. Ahora lo que se valora es otra inteligencia, la que te lance al éxito individual, con la que consigas llegar a tener mejor coche que el vecino…” y bla, bla, bla…Cuando no tengo la obligación de madrugar al día siguiente soy capaz de enrollarme hasta el infinito y más allá.
Pues tan convencida que lo solté.
Me contestó que no era entonces tan distinto a como se vivía aquí mismo, en España hace no tantos años.
Claro, esa es la clave, pero hemos evolucionado en poco tiempo a una forma de entender y compartir la vida muy extraña, sino retorcida. Nos hemos cargado nuestro sentir más rural y la hemos fastidiado.
Lo he dicho en alguna ocasión, me voy a repetir porque es el mejor resumen gráfico que encuentro: las vida, la vida de las embarazadas, recién paridas, lactantes, biberantes, la vida familiar... debería ser como en las reuniones de Leche Mágica. Podría titularlo con el mismo lema que el de los Tres Mosqueteros ;)
Muchos problemas de sociabilización, depresiones postparto, lactancia, alimentación, crianza y demás serían abolidos. Reducidos a la nada. No estamos programados para vivir solos. Y eso que soy bastante solitaria. Algo rarita, desde pequeña.
Y no me quejo de mi experiencia particular, que aquí donde vivo gozo de enorme fortuna, porque hay personas a mi alrededor que me cuidan, que han conseguido erradicar de mi mente la mayor parte de los sentimientos de forastería y me han incluido, dulcemente, en su tribu.
Al final me voy por las ramas… y es que sentarme aquí a charlar con vosotros, después de tanto tiempo, es lo que tiene… que me gustaría contaros tanto… y al final me enredo y me atropello.
Entonces… ¿Cómo se llamará esta Inteligencia que digo? Está claro que cada día, me cuesta más mantenerme bien informada. Pero bueno,al final, lo que más cuenta en un sitio como este es la interpretación personal de cada cual ¿O no?
domingo, 25 de julio de 2010
Este paisaje.
miércoles, 30 de junio de 2010
Pajaroto
Hace tiempo me propuse, desde el comienzo de esta andanza por el blog-espacio, ser constante... no abandonar...
Y, aunque parezca lo contrario, en algo he ido cumpliendo: Mi cabeza no ha parado de volar y mi necesidad de comunicarme no ha menguado lo más mínimo, pero otras cuestiones, me han retenido un poco por aquí, por tierra.
También dije que la semana que no pudiera escribiros, por lo menos colgaría alguna foto o algún vídeo...pero en estos dos laaaaargos meses... ni eso.
De ahora mismito no pasa, me acordé de Pajaroto, vino cuando Julia no había cumplido ni los tres años, lo trajo mi vecina María Ángeles -"Encontré este polluelo"- me dijo -"Lo traigo para que lo vea la niña y luego ya lo soltarás"-
Eso mismo pensé yo: Sí, lo soltaré, porque estos pajaritos indomesticados nunca comen y siempre se mueren.
Pero para nuestra sorpresa y nuestro gozo Pajaroto devoraba voráz gusanitos de jamón dulce y pan mojado, creció y creció, me lo llevaba todos los días a la granja para que no pasara tanto tiempo sin comer (este jefe mío también tiene una paciencia...), aprendió a volar, a cazar lombrices y tijeretas, le pusimos una casa en el jardín (que le gustó cero, no calculamos bien el crecimiento de las plumas de su cola y no cabía bien, además de que descaradamente resultó ser un ave de suelo) y le concedimos de nuevo su merecida libertad...me esperó algunas madrugadas en el jardín para darme los buenos días... y ya no le ví más, o quizás sí.
Os intentaré poner un buen reportaje gráfico (esto va tan lento...), que seguro valdrá más que mil de mis palabras.
Lo primero una buena cama. Chusta y Ratulí nunca le miraron con buenos ojos, hay instintos que no son domables.
Y una buena merienda.
Os iba a poner otro par de vídeos, de cuando estaba crecidito, libre por el jardín... pero ya se ha colgado el cacharro este y me desespera. Para la próxima.
A ver si es más fácil alguna foto, ahí van:
El intento de casa, todavía está vacía en el jardín.
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