Para bien o para mal, por distintas circunstancias, en esta vida me ha tocado algún que otro peregrinar. Ello ha conllevado el tener que despedir, recibir, conocer gente... algunas de estas personas me han concedido el privilegio de considerarse mis amigos... y muchos, aún hoy, siguen siéndolo.
Gracias por estar ahí.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Kilómetros de impotencia para llegar a dulces banalidades.

He recorrido los kilómetros, estos días, con la tediosa impotencia por compañera, se ha sentado en el asiento vacío del copiloto y ha pasado la tonelada que pesa su brazo izquierdo sobre mis hombros.
Alguien a quien adoro y admiro está lejos, sé que en estos momentos su valentía lucha contra mil dudas y su cuerpo lucha por superar un brote de esa crónica enfermedad que, normalmente, ella mantiene controlada con irrebatible arrojo. No está sola, ella ahora no es sólo uno. Precisamente por eso, la incertidumbre la consume cada minuto.
Esther, no dejes de luchar. Aunque eso suponga atender mil banalidades que, ahora mismo, os importarán una mierda, aunque suponga que los demás escuchemos lo que nos tengáis que contar, aunque nos saquéis de nuestra dulce rutina y recibamos, una vez más, una solemne lección de vuestra fortaleza. Para eso estamos los amigos y para mucho más.

Os contaré lo de estos días:
Esta mañana he partido hacia Valladolid, igual que ayer. Este curso el congreso de la S.E.O.C. se ha celebrado cerca. Reúne veterinarios dedicados al ovino y caprino. Hacía años que no asistía. He reencontrado colegas a los que no veía desde entonces. Algunos preguntaron si me quedaría por allí a dormir, si me quedaría a la cena, a las copas. No sabían de mi nueva maternidad, ni conocían otra manera de criar.
La lactancia, más allá de los 6 meses, también entre los veterinarios más campestres, suena a chino. Y eso que está por escrito (http://www.aeped.es/comite-lactancia-materna/recomendaciones) que la O.M.S. recomienda mantener la lactancia materna hasta por lo menos los dos años. ¿Por qué a nadie le sorprende, en cambio, que un niño de más de tres años se tome un biberón antes de acostarse?
Pero, en determinados ámbitos, todavía merece la pena dar explicaciones, queda sembrada la perplejidad, la sorpresa y te das cuenta de que ha servido para dejar a padres, futuros padres o a los que nunca hubieran pensado en ser padres, cavilando un ratillo. Es probable que no todas disfrutéis de la suerte de poder ver la cara que se les queda a una mesa entera de colegas, del género masculino cuando les cuentas que prefieres volver a casa, recorriendo más de 100 km, para amantar a una de tus hijas, que ya cumplió los 20 meses, antes que quedarte a tan divertida juerga (que no niego sea un plan que me apetezca, entre otras cosas, porque me recuerda a aquella adolescencia en la que cualquier problema quedaba sutilmente difuminado… algún día podrá volver a ser). Por ahora mis divertimentos han sido otros, igual o más gratificantes.

Hablar con Victoria, que ahora también vive la maternidad, es casi como conocer una persona nueva y sobre todo da gusto cuando te das cuenta de que, por su propio camino, ha llegado a iguales conclusiones que tú. Siento que algo nos une, que el instinto siempre nos acompaña. Espero verte por aquí, y por allí.

Filosofar con Manolo, desde que le conozco, es algo que siempre añoro, que siempre me aporta. Aunque, en el caso más venturoso, pasa de año en año, bien pueden, en tiempo de crianza, zumbar tranquilamente 5 años del tirón. Leeré lo que nos has recomendado y tampoco cesaré en la campaña anti-SimpsonsAsín nos tachen de lo que quieran, con poco más lo mismo cambiamos algo el mundo. Espero no tener que esperar tanto tiempo para volver a verte.
Estar con Álvaro es como enfocar, por un momento, alguna escena de cualquier personaje interpretado por Hugh Grant, con ese descarado desparpajo que no deriva en inadecuado.Y que, a él mismo, al reir, siempre le sonroja. Ellos forman parte de un grupo de trabajo, reunidos bajo el nombre de una misma empresa, de la parecen profesarse orgullosos, y esto consigue un ambiente distendido y jocoso que resulta contagioso. Lo suficientemente cómodo como para no tener que aparentar absolutamente nada de lo que no soy.

Y alguno todavía se reirá, pero a mí pasar por Rágama, me sigue resultando la travesía urbana más agradable, del pequeño trozo, de la extensa Castilla que conozco. ¡Y se acabó! ¡Qué me gusta! Y además he visto un cartel de venta, en una bonita casa de las que da a la iglesia… que porque no tengo los duros que pedirán :D… que si no ... allí me tendríais que ir a buscar :DD

viernes, 17 de septiembre de 2010

Lo que nos toca... y lo que nos quedará.

Julia ha comenzado 1º de primaria.
Justo en este momento la tengo sentada a mi derecha, haciendo sus deberes del cole, le he dicho que tenía que escribir una memoria para mi trabajo, parece que es mejor que me vea cerca y ocupada, a que la agobie todo el rato mirándola. La verdad es que lo hace bien, cuando quiere.
El problema es más gordo: No quiere. Y yo… tampoco :(
Propongo a veces, medio de guasa, impulsar una Plataforma Anti-deberes. Pero, la transparencia de los chistes, deja entrever algo del fondo, real, de la mente de quien los suelta.
Estoy viviendo una dura dicotomía interior, por un lado aborrezco el sistema de educación instaurado. Tampoco conozco a fondo otros de los que, casi de refilón, he oído hablar, entre los motivos: me da miedo saber más, que “me toquen las palmas”, que lo mismo me pasa igual que con la lactancia y con el colecho, y me “arranco”… me pasaría la vida luchando y agotándome.
Ya me contarás un día tranquila, Txita (www.arantxayoga.wordpress.com), cuando por fin podamos vernos y achucharnos, que tal os va, te escucharé con atención.
Y leeré el blog de Yasmin (http://aprendiendodeadrian.blogspot.com).
Y es que no puedo evitar el sentirme a su vez culpable, por perezosa, por cerrar los ojos a esas otras maneras de enseñar y huir pa´lante. No quisiera privar a mis hijas de lo que pudiera ser mejor, por simple vaguería, pero no es mentira que caminar fuera de la senda siempre es más complicado, te clavas más piedras en los pies, al final es más rápido y fácil regresar al conocido redil, para continuar el camino al mismo son que el resto de nuestro rebaño.
Y las tareas escolares, para casa, me producen cierto sarpullido, no lo voy a negar. Me aburro más que quien las tiene que realizar.
Me da rabia rabiosa, porque considero que Julia tiene buen aprender, maneja un amplio vocabulario, con el que dejó pasmada a la logopeda del curso pasado, la misma que no consiguió que terminara de pronunciar la “r”, aunque noté gran mejoría …Claro, tan sólo en una sesión…no pediremos lo imposible. -Hay niños más preferentes- se disculpó la directora del centro.
Y maneja libros de Naturaleza, dragones, egipcios, aztecas…
El jueves me sorprendió al salir de clase, contándome que casi se queda dormida del aburrimiento, porque le explicaron los planetas…y le pareció un rollo ¡Pero… si la noche anterior, secándole el pelo, me preguntaba hasta por las lunas de Saturno (Mientras ojeaba un libro titulado “La tierra y el Cielo”), como la falsa tierra llamada “Titán”! ¡Lo que me hace aprender Julia!
Pero su profe insiste en que anda despistadilla, estoy segura de que tiene toda la razón.
No desisto en mi empeño de que ella se adapte al sistema, aunque me duela el corazón. Os lo aseguro.
Está decidido, nos pondremos en manos de su tutora, que además tiene buena fama, muchos me lo han corroborado. Entre otras cosas porque no soy profesional de la enseñanza, ni tengo tiempo para aprender a serlo. Bastante tengo con contar ovejas.
Así que estas letras las escribo como simple desahogo (mío), como máximo desahogo de Julia y sobre todo para mantener mis manos entretenidas, evitando que le den a Julia un buen cocotón… porque aquí, a mi vera, lleva más de una hora para completar dos miserables fichas y os aseguro que está a punto de consumir mi último ápice de paciencia.
Todo sea porque se distinga lo menos posible de los demás ¡No dicen que la virtud está en el término medio? Lo mismo otra virtud sea el poder pasar lo más desapercibido posible entre nuestros semejantes.
Creo que siempre me quedará alguna lastimosa duda. En fin…para lo que dan tantos minutos.

sábado, 11 de septiembre de 2010

El coche agradecido.

Paro algún día a repostar en la gasolinera de Chaherrero, no pertenece a ninguna red de esas importantes, ahora ni me acuerdo de como se llama. Está en venta.
Paro a la que vengo hacia casa, porque tienen un pan, horneado en Riocabado, buenísimo.
Y paro, desde hace ya nueve años, desde cuando regresaba casi a diario con Alfonso, porque algunos de los que allí atienden son la mar de simpáticos y amables. Siempre lo comentábamos. Ahora hay que desviarse de la autovía para visitarla.

Y ya sé que lo hago re-mal pero cargo el depósito cuando ya va consumiendo la reserva y siempre pido que lo llenen. De vacío a reventar. Luego, de esta manera, al volver a incorporame a la carretera siento como el coche, va mejor, más lisito, con la tripilla llena. Y recuerdo la miradas cruzadas con Alfonso cuando él me acompañaba, porque nuestro sentir coincidía en esta situación. Nos parececía que el vehículo nos lo agradecía, respondiendo con más salero a la pisada del aceleador. A veces conducía él y otras veces yo. Son tantos los huecos que acupan en mi cabeza los pequeños recuerdos vividos con Alfonso que, cuando agrupe aliento, me gustaría compartirlos todos con vosotros.

Hace unos 15 días fui a pagar (me despachaba quien, ahora sé, se llama Manolo), con tarjeta (claro) y resulta que le di el D.N.I (que ya, por inercia, lo presento siempre junto a la tarjeta de pago) y el carné de conducir(que le tengo con el formato nuevo).
-Pues muy bien...¿Y con cúal te cobro?- Sonrió
-¡Caray, ya me gustaría poder pagarte con cualquiera de los dos!- Me disculpé mientras sacaba la plateada de la cartera.
Como siempre, de otras cosas seguimos hablando.

A la semana siguente, otra vez a llenar...¡Qué ruina!
Estaba el menos risueño de los pependientes. Aceptó la comprobación con el carné de conducir porque me di cuenta de que me faltaba el D.N.I.
Pensé, en voz alta (cosa que suelo hacer cuando alguien me contempla, algunos dirán "Y ¿A mí que me cuentas?")
- ¡Vaya! Se habrá quedado en la mochila...-

Hacía pocos días había cambiado el uso de esa mochila por un bolso más apañao (que no más nuevo), ante la insistencia de mi entorno más cercano: "Qué esa mochilona que llevas es de muy poco glamour, eso es para meter un bocata e ir a zampártelo al campo". Pues me convencieron, usaré algo para llevar mis cosas más recogiditas.

Y ayer mismo he vuelto a tener que repostar, nuevamente he elegido comer buen pan y comprar unas pastas para llevar a casa de Ana, así que saliendo en Chaherrero... Sabía que Manolo estaba de vacaciones. Me encontré con un rostro que me resultó desconocido (aunque con el despiste que gasto... a saber)

Todo tan normal.
-Súmame esto también- Le dije cogiendo unos regalices rojos (y sin comer que iba yo, luego regaño a Julia...ains... cómo somos los mayores) y cuando voy a pagar, iba ya a sacar el carné de conducir directamente (porque en casa se me pasan las horas volando y ni siquiera me había propuesto buscar el D.N.I.) . Y el chico nuevo me medio pregunta, me medio confirma mi lugar de residencia. Después de escuchar afirmativa respuesta, tras mi cara de interrogativa sorpresa, él se explica:
-Al verte entrar he pensado que eras tú- Mientras sacaba de detrás del monitor el perdido D.N.I.
-Así que, ¡Estaba aquí!- me alegré.
-Sí, se lo han debido de encontrar, aquí, entre los chicles- Mientras señalaba la estantería que justo precede al mostrador.
-Claro, se me debió de caer el otro día... me atendía un compañero tuyo que me dijo que en invierno también vive allí- Argumenté.
-Ah, sí , Manolo. Está de vacaciones-
-Lo sé, aquel día me dijo que se marchaba el siguiente-.
Charlamos pocos minutos más, y según avanzaba hacia la puerta, levanté la voz:
- ¡Vaya, qué alivio haber encontrado el documento!-
- Pues si, un quebradero menos de cabeza-Se despidió.

Continué el camino, por la carretera que, desde la construcción de la autovía, ha quedado desierta.
Con el coche saciado, agradecido.
Comiéndome los tobosines que también hubiera disfrutado Alfonso, mientras me hubiera mirado de refilón, sin hablarnos, los dos maquinando en lo mismo: "Pero que finito va el clío ahora, parece que se desliza mejor".
Algunos seguimos intentando sencillas formas de contentarnos.

Y entre melancolía y recuerdos marché pensando -¡Qué cosas tiene la vida! ¡Qué sucios revolcones nos depara! O qué vueltecillas da, a veces, tan simples y cotidianas-.