Para bien o para mal, por distintas circunstancias, en esta vida me ha tocado algún que otro peregrinar. Ello ha conllevado el tener que despedir, recibir, conocer gente... algunas de estas personas me han concedido el privilegio de considerarse mis amigos... y muchos, aún hoy, siguen siéndolo.
Gracias por estar ahí.

domingo, 9 de mayo de 2010

¿Quién dijo paciencia?

Pues no, no soy paciente, nunca lo he sido, no poseo realmente esa virtud que otros me asignan o puede que aparente tener. Como todo buen Peter Pan lo que quiero... lo quiero ¡Ya! ¡Cojona!

Lo que pasa es que voy aplicando, sigo cada día descubriendo, algún truco del almendruco.

Intento aprovechar cada momento para disfrutar, lo que nigsifica conseguir entretenerme observando los detalles, detalles pequeñitos.

Casi todo entorno me puede parecer bien para estar el rato que corresponda, he dejado de desear estar en otro sitio que pueda considerarse más apetecible, intento que me agrade donde estoy, por pocas aportaciones que aparente haber en el lugar que me acoge (digamos la cola de la caja del supermercado, por ejemplo), siempre hallo algo o alguien positivo que pueda llenar las arcas de mi recreo. Es un ejercicio relativamente sencillo, aprender a valorar: que lo poco, puede llegar a ser mucho. Y sino, siempre es válido imaginar, volar. Nada lo impide.

Esto, a su vez, está totalmente relacionado con dejar de esperar vivir en un futuro que siempre se nos antoja será mejor, a veces incluso pensamos que porque es posible que consigamos disponer de bienes materiales de los que en el momento actual no disponemos (metidos en esta rueda es díficil llegar al destino, mejor apearse en la primera parada y seguir a pie). Vivir en el futuro es casi peor que vivir apegado al pasado, porque por lo menos este fue real y es recordable, pero el futuro anhelado de manera concreta, puede quedarse en esa utopía, en espejismos vistos mientras deambulamos por ese desierto que nosotros mismos creamos, al no saber apreciar la belleza de lo que pisamos.

Sería mejor aprender a disfrutar el viaje. Sacar la cabeza por la ventanilla y otear el camino, mientras intentamos retener en los pulmones el aire fresco que se escapa, rozando veloz nuestra cara.

Esto a su vez, está totalmente relacionado con evitar (yo solita) frustrarme. Dejo de proponerme metas que sé no voy a conseguir, no quisiera parecer derrotista (aunque muchas veces si lo soy) quiero decir mejor: intento no cargar los bolsillos con ciertas esperanzas (como empezar y acabar de escribiros algo del tirón :))))), aunque ilusiones siempre se llevan, a veces… como lastre pero casi siempre como banderas.

Junto a las peques, es más que probable que al concluir el día, cualquier parecido con lo pensaba iba a vivir sea mera coincidencia, cualquier plan, por sencillo que parezca, puede terminar siendo una sonada aventura. ¿Qué os voy a contar que no sepáis!

Esto, a su vez, está totalmente relacionado con intentar aparcar la prisa ¡Así me luce el pelo, llegando tarde a casi todas partes! No, eso no me gusta tampoco…Quiero referirme a que cuando ya he conseguido llegar (aunque, inevitablemente, con la lengua fuera) dejo de sufrir esa velocidad, por lo menos que cada insignificante cosa que hacemos sea tranquilamente disfrutable.

Así, con esta cadena voy forjando lo que, a mí misma, me resulta fácil confundir con pachorra, pero debe ser algo más parecido a la templanza, quizás lo estoy consiguiendo y no es sólo apariencia (de paciencia). Todo puede ser.

domingo, 2 de mayo de 2010

Julia Julieta.

Sabéis que tengo una hija de 5 años, mi hija mayor, se llama Julia. Ya no le queda tanto para que ella misma pueda leerme y amonestarme –“Jo Mamá, ¡Me han manido los manicormios! Sólo hablas de bebés y de tetas. Si lo que mola son los dragones y `Código Lyoko´. Es que no te enteras…”-

(Esto de manirse los manicormios dice que lo oyó en una de tantas películas que le gustan: `Bolt´. Pero la he vuelto a escudriñar con ella de cabo a rabo y no hemos escuchado en ningún momento tal frase. Explica Julia que a veces la gatita la dice y otras veces no. He debido de verla en el día del no, lástima).

Ella suele hablar bien (que no digo que sea lo mismo que pronunciar bien: la “R” se resiste, pero va progresando) le sigue fallando murciègalo y poco más. Aunque no hace tanto conjugaba perfectamente el verbo nigsificar. Por ejemplo:
-“Mamá, el semáforo está verde, nigsifica que podemos pasar ¡Vamos!”-

Es muy bonito vivir con Julia (aunque en ocasiones agote mi paciencia, esa paciencia que parece que sólo nuestros propios hijos son capaces de apurar… y si lo pensamos un momento veremos que mucho más la culpa siempre es nuestra).

Es una niña dulce, ni mucho menos cursi (aunque si que le gusta el rosa y por supuesto la purpurina), es prudente y, en lo que cabe, obediente.

Parece que no le gustan las camisetas lisas, ni las camisas de botones, ni llevar el pelo corto, ni ir de compras, ni jugar con las muñecas, ni `Dora la exploradora´, ni la cebolla, ni la pimienta, entre alguna cosa más.

No es de (lo que se suele entender como) talante cariñoso, ni besucona. Yo tampoco. Lo que no nos quita de ser románticas y de que terminemos buscando la compañía mimosa de a quienes amamos. Y tampoco nos libra de los daños a nuestros frágiles corazones con conexión directa a lágrimas automáticas.

Disfruta en el cine, en casa en pijama, con la arena, con sus amigas del alma, con Jose, con los viajes en compañía de sus primos Pol y Ernest, en la piscina de Santa Pola, perdiéndose en el laberinto de `Los Jardines´, comiendo a todas horas, con sus abuelos, con Chusta y Ratulí…

Escucha, con la justa atención, historias (porque prefiere ver la tele, snif) sobre todo cuando a los personajes les apodamos “mendruguines” o “merluzos” (evocación de los tebeos de `Mortadelo y Filemón´ que ya le lee su padre, los he tenido que prohibir para dormir… porque dentro de la hora relajación me parece que no es lo mejor atragantarse de risa) .
Pero su mayor diversión es hacer actividades caseras (porque las fichas del cole le cuestan un triunfo y otro triunfo a sus padres… menuda lata con los deberes) dibuja, colorea, recorta, pega, purpurinea, moldea… deja todo lleno de cachitos minúsculos de cualquier material, por cualquier sitio, de cualquier color… y nunca, jamás (para desesperación de su padre) recoge (a no ser bajo orden tajante). Eso si, luego guarda a buen recaudo sus creaciones en su rincón secreto (en la cabecera de su cama, tras el cojín de los dinosaurios) junto a los tesoros que trae de la calle o encuentra en casa: hojas secas, piedras, trozos deformes de hormigón, de ladrillos, bridas, conchas de mejillones, cera roja de la corteza del queso…hasta a mí me da pena tirar ciertos patrimonios al hacer limpieza.

Su chiste preferido (además del infaltable perro `mis tetas´) es el de un tartamudo y un ciego y lo cuenta bien:

Esto es un ciego que conducía y un amigo tartamudo que le guiaba -“Cu…cu….curva a la derecha”-
Y el ciego giraba.
-“Cu…cu…curva a la izquierda”-
Y así iban avanzando.
Pero en una curva… ¡Zas! Se pegan un leñazo.
Y el tartamudo comienza –“La…la…vi…. La…la... vi…”-
Y el ciego –“Pero si la viste ¿Por qué no me lo dijiste?”-
Y el tartamudo termina – “La…la… vi… ¡La Virgen , que porrazo nos hemos pegao´ “

Me gustaría poder contaros muchos más ratos con Julia, muchas cosas de Julia… pero muchas otras, al pasar pocas horas, se me olvidan, son recuerdos que archivo en no se que rincón de mi mente o de mi corazón y allí se deben de quedar dormidos.

Ha venido un día preocupada del cole porque ningún amigo se cree que en nuestra casa vivan con nosotros los Duendes. Pues ayer mismo Julia vio uno escabullirse tras el rodapie carcomido de la cocina. Ellos observan lo bien o mal que nos portamos y según, nos dejan escondidas sorpresas que ellos saben que nos agradan, ahora que Julia va sabiendo leer también le dejan alguna nota de vez en cuando, escriben un poco mal como si les temblase el pulso, deben ser los nervios por si les pillamos.

También llegó enfadada porque algunos compañeros han comenzado a burlarse de su segundo apellido… que me vas acontar a mí, yo siempre lo llevé de primero. ¡No te queda na´! Los niños son así. Pero tengo algunos primos a los que es probable que se lo hicieran pasar incluso peor... imprudentes combinaciones de estirpes familiares :D

Julia, te lo he dicho alguna vez - “No hay mejor desprecio que no hacer aprecio”- . Pero creo que, con 5 años, esto todavía es abstracto para ella. Supongo que le queda un tiempo todavía de entrar al trapo, que le vamos a hacer.

Y su lógica, como la de cualquier niño de su edad, siempre es aplastante. El viernes se probaba un disfraz de ángel precioso que ha heredado de Jose y Tomás.

-“¡Qué bonito es Julia! ¡Con plumas de verdad y todo!”-

Yo, ya viéndome chapucear con la aguja o socorriéndonos la Avie Luisa que cose bien del todo –“Lo único que te queda un poco grande… pero eso tiene fácil arreglo”-

Y ella contesta rápido –“¡Claro Mamá! ¡Sólo tengo que crecer un poco!”-

¡Pues si! Mucho más fácil que ponerse una a coser.

Es verdad que con el segundo hijo suele ser más sencillo, lo entendemos los padres todo con más calma (aunque ya nazcan más terremotos) y se disfruta de otra manera (se aprende a ignorar más a los opinólogos, entre otras cosas).
Pero con Julia fue mi transformación a madre, los años que pasó como hija única forjaron unos nexos que yo creí languidecerían con el nacimiento de su hermana y desde luego no puedo negar que la historia cambia: que para el primogénito no podemos evitar que sea un trago (aunque termine demostrando que adora al bichito) y encima , esta vez, no puedo usar el truco de ponerme en el recuerdo de mi propia infancia para comprenderla, fui terremoto segundo, tuve la fortuna de nacer y crecer disponiendo, desde el principio, de un hermano y no ser jamás destronada por un tercero, ni tener que luchar por ser la princesa más linda de la casa. Fui, no hija única, pero si la niña pequeña única.

Sin duda, iré contando más de esta Reina de mi Reino que a ratos sigue sufriendo la llegada (hace 16 meses) de la Princesa Luisa Petisa que todavía es un poco incordiona, la verdad.
No te preocupes Julia, que tendrá que crecer y madurar, para llegar a ser esa hermana y compañera que tú imaginabas y que, por ahora, poco se parece a esta enana mocosa, babosota, gritona e imitamonos que tantas veces te crispa. ¡Mira este rato que lleváis con la casa de los fantasmas que te regalaron Paula y Marta! Es todo un avance ¿no crees? Ten paciencia mi Amor, una poquita más de la ya estás teniendo. Luisa también se lo merece. Confío en tí.